Interpretación de Pasajes Difíciles - 4
Original en audio.
Samuel es el último de los jueces y es el que abre el camino para los Reyes. Dios le muestra a Samuel cuál es el primer elegido, un hombre vigoroso, alto, podríamos decir digno representante de ese ideal que la gente quería.
Al fin y al cabo lo que ellos querían era un general de ejército, un hombre respetable, que pudiera ir delante de ellos a la batalla. Alguien que les hiciera sentirse fuertes, eso era lo que ellos querían.
Y así es Saúl, un hombre, el más alto de todos, sobresalía, le llevaba por lo menos la cabeza al resto de sus congéneres, un hombre fuerte, un general respetable, pero tiene varios problemas.
El primer problema es que él se adueña del pueblo, como lo había predicho Samuel, o por lo menos pierde la capacidad de ser más siervo que rey. No es que esté prohibido ser rey, el problema es cómo ser rey sin dejar de ser siervo, es decir, un rey que sirve, un rey que sirve a Dios y por lo tanto un rey que sirve al pueblo de Dios.
Saúl no dio la talla, especialmente en el caso de la batalla contra los amalecitas, Saúl se queda corto, toma su propia decisión, empieza a interpretar los mandamientos de Dios como a él le parece.
Pone su criterio por encima del criterio del profeta, a lo cual Samuel le responde diciendo: “Mira, más vale obedecer que sacrificar” 1 Samuel 15,22.
Pero además de eso el problema que tiene todo gigante es que le puede salir otro más grande. Y sabemos la historia de Saúl cuando aparece ese otro grandulón de los filisteos que se llamaba Goliat.
Entonces, si uno es un israelita de estatura promedio, pues uno mira a Saúl y lo mira grande. Pero a todo grande le sale otro más grande y entonces a Saúl le salió Goliat, y ya Saúl no se atrevió a pelear con Goliat.
El que se atrevió a pelear con Goliat fue uno que era mucho más bajito que Saúl, y por supuesto mucho más bajo que Goliat, que se llamó David.
David muestra un estado interesante en la evolución, en el caminar de este pueblo de Dios, por varias razones. En primer lugar: esa lógica compacta, que es propia de la tribu, que es propia del clan, esa lógica compacta se resquebraja cuando el pueblo se va volviendo muy numeroso.
Lo propio de un clan es tener una estructura que es como la de una familia, todos nos protegemos, tenemos un mismo pensar, tenemos unos mismos intereses, cuidamos un mismo pedazo de tierra, tenemos una misma religión, en el clan ese lenguaje de la unidad es el lenguaje que se impone.
Pero ¿que sucede cuando ya no tienes una tribu sino que tienes varias tribus? Por ejemplo, si tienes doce tribus, entonces, pues, ya empiezan las divisiones porque unas quieren una cosa y otras quieren otra cosa, y por lo menos en el pueblo de Dios es evidente que se empezó a dar una profunda división entre el sur y el norte.
Las tribus del sur corresponden a Benjamín y Judá. Las tribus del norte corresponden a las otras diez.
Entre otras cosas no está del todo claro el nombre de esas tribus. Tradicionalmente se atribuyen a los nombres de los hijos de José, pero luego uno descubre que se habla de Efraín y Manasés, y entonces es un poco confuso.
Ahí se han apoyado los estudiosos de la historia de Israel para decir que seguramente los nombres de esas tribus fueron adjudicados a los nombres de los hijos de Jacob como un medio de preservar la unidad política, es decir, esa parte de esa historia familiar sería más bien un argumento político que otra cosa.
Pero sin entrar en esos detalles, lo que sí es evidente es que cuando tienes varias tribus ya la unidad ya no es tan fácil de conservar. Entonces, el pueblo de Dios ya presente divisiones internas, punto numero uno. Punto numero dos, también la estructura familiar tiene una estructura diferente.
Esto se nota muy bien en el caso de la elección de David. Recordamos muy bien cómo fue. Samuel va a la casa de Isaí, que era el papá de David, y le dice: "Bueno, Dios ha elegido a un rey de entre tus hijos" 1 Samuel 16,1.
Y la primera reacción de Isaí es presentarle su primogénito, presentarle su hijo mayor: “Este tiene que ser el elegido de Dios” 1 Samuel 16,6.
Pero Samuel dice una frase que tiene una importancia tremenda en el desarrollo del Antiguo Testamento: “La mirada de Dios no es como la mirada de los hombres, a éste no lo ha elegido el Señor" 1 Samuel 16,7.
Esto es muy interesante porque luego se van descartando los demás hijos, es decir, se descarta la mirada del hombre para acoger la mirada, la perspectiva de Dios. Y finalmente pregunta Samuel: "¿Ya no tienes más hijos?" 1 Samuel 16,11, y le responde Isaí: “Bueno sí, queda el menor, que está cuidando el rebaño 1 Samuel 16,11.
Esto es importante porque ni siquiera lo contaba como hijo. Si Samuel no hace esa pregunta David ni siquiera es contado como hijo, lo cual marca una diferencia. La estructura familiar que conocíamos en el tiempo de los patriarcas, tiempo de Abrahám, Isaac y Jacob, esa estructura tremendamente compacta, ya ha cambiado.
Se ve, que a medida que se han establecido en la tierra que les fue prometida, y a medida que van teniendo una estructura social más completa, la familia como tal, el clan como tal está perdiendo importancia.
Ya no es esa unidad al estilo de los tres mosqueteros, "todos para uno, uno para todos", no; ya esta es una familia que tiene una estructura diferente, hay una repartición de oficios. Y entonces dice Isaí: "Queda el menor que está cuidando el rebaño" 1 Samuel 16,11.
David va a marcar como un nuevo comienzo dentro de esta historia, repito, ya hay divisiones entre las tribus, y esto es lo primero que tiene que enfrentar David. David reinó en total cuarenta años. Siete años al principio sólo sobre el reino del sur, y luego treinta y tres años sobre el norte y el sur. Pero ¿qué indica eso? Que no había unidad en el gobierno.
David es un hombre que tiene una experiencia de la protección de Dios. Es un hombre que está convencido del poder salvador de Dios, a la manera de Moisés.
Es decir, David es uno que está convencido de que la salvación la da el Señor, la salvación, como dice alguno de los salmos, y me encanta la traducción aquí propia para España: “Dios no se fía de los jarretes”, no se fía de los jarretes del hombre, no aprecia los jarretes".
Yo todavía no sé bien qué son los jarretes, pero me imagino que eso equivale como acá ¿no? Como lo que uno llama también la pantorrilla, si ¿es así? ¿O el muslo? ¿Qué es el jarrete? Yo entiendo que los jarretes es eso, es como las pantorrillas.
Entonces, claro, Dios no se fía, no se fía de jarretes, no es el músculo, el músculo tenso. No, Dios no se fía de los caballos. El caballo es el gran instrumento de la guerra.
Los salmos, en gran parte atribuidos a David, y una buena porción vendrá de él mismo, los salmos muestran un corazón que ha descubierto que sólo se fía de Dios. La salvación no viene del hombre.
Entonces fíjate la evolución que se va dando aquí, la mirada del hombre engaña, la fuerza del hombre engaña, y las instituciones humanas engañan. Entonces David marca un nuevo comienzo dentro de esta historia. Es el comienzo en el cual se va determinando que existe algo que se llama la gracia.
Realmente con David hace su entrada solemne, podríamos decir, el tema de la gracia. El tema de la gracia es el tema de la preferencia de Dios, es el tema del don de Dios, del regalo de Dios.
Que David le gane a Goliat no es lo que se espera con ojos humanos, que David, que era último y relegado, pase a ser el rey, no es lo que se espera. Entonces hay un elemento que se llama el regalo, un elemento que se llama la gracia.
¿Por qué es esto tan importante? Porque resulta que había un círculo el cual ustedes se aprendieron muy bien. Ese círculo constaba de cinco, de cinco rayos o radios. El círculo era el siguiente, a ver si nos acordamos, eso era en el tiempo de los jueces.
"Estamos en necesidad", -yo me acuerdo que por ahí empezaba la cosa-, estamos en necesidad, gritamos al Señor, el Señor nos ayuda, nos sentimos bien, nos apartamos de Dios, y vuelve y juega. "Estamos en necesidad, gritamos al Señor, el Señor nos ayuda, se mejora la situación, nos olvidamos del Señor, por eso estamos en necesidad".
Ese es el circulo que se repite en el libro de los Jueces. Ese círculo enseña algo muy importante. Enseña que el ser humano, cuando se siente fuerte, se aparta de Dios. Esa es la principal enseñanza que se saca de ahí.
Pero de ese círculo que se repitió, esa rueda que se repitió tantas veces en el libro de los Jueces, también se podría sacar esta conclusión: que si yo me porto bien, me tiene que ir bien, esto también podría pensarse. Y resulta que según esa idea, Dios lo que hace es un negocio con el ser humano: “Tú te portas bien conmigo y yo te protejo a ti”.
La idea de negocio, o de trueque, o de comercio, es una primera aproximación a lo que significa ser fiel a Dios. "Yo me porto bien con Dios y Dios me da cosas buenas, porque si yo me porto mal con Dios, Dios me da cosas malas".
Eso se parece a la rueda que dijimos del libro de los Jueces, pero tiene un problema, y es que la imagen de Dios que aparece ahí es la de un Dios que se pone a negociar con el ser humano: "Haz esto y esto y esto y esto, y yo te hago y esto y esto y esto”. Es un Dios que parece necesitar del ser humano para dar sus dones.
En cambio lo que aparece con David, es un término diferente. David, protegiendo rebaños, que ni eran suyos sino de su familia, tiene que luchar contra las fieras, y es evidente que un león, o que un oso, o que una pantera o el animal que haya por allá, es mucho más fuerte que el ser humano.
Pero David ha mejorado la astucia. Recordemos cuando apareció el tema de la astucia con Dalila y Sansón, David ha mejorado su astucia.
Pero sobre todo se ha dado cuenta, cuando ha podido vencer a esos enemigos, a esas fieras, se ha dado cuenta que si Dios está con uno, uno puede lograr cosas que parecían imposibles, y se da cuenta de que el favor de Dios, la protección de Dios excede todo lo que uno se merece.
Es decir, con el Rey David, con su experiencia de salvación, aparece la idea de “el regalo”. Dios excede, sobreabunda, va mucho más allá de lo que uno merece.
En el libro de los jueces todavía la religión tiene, o lo que en ese estado, llamémoslo así, más que en el libro en ese estado del caminar del pueblo de Dios, la idea de religión es muy: “Yo te doy, Señor, y tú me das. Si yo me porto mal, tú me das cosas malas; y si yo me porto bien, tú me das cosas buenas”.
Todavía es trueque, Todavía no aparece la abundancia, la sobreabundancia de Dios, todavía no aparece.
En el caso de David, en cambio, que David pueda vencer a Goliat eso excede todas expectativa. Tiene que haber algo que se llama el favor de Dios, que se llama la elección, se llama la protección de Dios. Esta idea es bien importante porque también nos ayuda a descubrir otra cosa.
Así como Dios le gana al ser humano en generosidad, así también, el ser humano al ser infiel a Dios rebela el absurdo del pecado. Es decir, el pecado no es sólo maldad, sino que el pecado es ilógico, el pecado es absurdo. ¿Cómo puedo yo apartarme de un Dios que no sólo es fiel sino que es misericordioso?
La fidelidad de Dios aparece desde el principio, por supuesto, pero la misericordia, ese amor sobreabundante y compasivo de Dios se va revelando cada vez más, y David es un paso muy importante en esa revelación; por la manera cómo fue elegido, por los enemigos a los que venció, David aparece indudablemente como una muestra de esa misericordia.
Por eso, las dos características que van a brillar al describir al Dios de Israel son ésas, la fidelidad y la misericordia. De hecho son las dos características que vamos a encontrar en el Nuevo Testamento.
Por ejemplo en la predicación de San Pablo. Cuando San Pablo predica a los judíos siempre les dirá: “Mirad cómo es fiel el Dios que nos está cumpliendo las promesas” [[ ]], y cuando Pablo va a predicar a los paganos siempre es: “Mirad cómo Dios es misericordioso, el Dios que nos ha dado algo que ni siquiera estabais esperando”.
Esa es la gran lección que va a nacer del Antiguo Testamento: la fidelidad y la misericordia.
Pero precisamente cuanto mayor se va revelando la bondad de Dios, más claramente se va mostrando el horror que es el pecado, el horror que es ser infiel a Dios. Cuanto más buena es una persona, pues más se nota lo horrendo, lo repugnante que es ofender o lastimar a esa persona.
Y esto lo ve uno de muchas maneras. Por ejemplo, un crimen que se comete con una persona, herir una persona siempre es un crimen, pero si es que no es además una persona, sino que es un niño, ¡caramba! Cuánto más inocente es la víctima, más aparece la maldad, aparece el horror, aparece lo despreciable que es el pecado.
Entonces con David se va a revelar de un modo especialísimo esta bondad de Dios. Esa bondad sobreabundante del Señor que hace que cada vez aparezca sobre un fondo más claro cada vez aparece más el mugre, la suciedad, la incoherencia, lo ilógico que es el pecado humano.
Yo creo que esto se nota de muchas maneras. Se parece también a la comparación que se hace con la luz. Una habitación que esté a medio limpiar, si ponemos una luz mortecina o apenas alguna, alguna candela, pues no se ve el sucio.
Pero a medida que va entrando más y más luz y ponemos una luz fuerte, inmediatamente se ve: "Mira, aquí se ve que no han limpiado el polvo hace rato, aquí se ve que esto aquí como que no lo cuidan". Cuanto más fuerte la luz, más claras aparecen las consecuencias de la suciedad, del mugre, del polvo.
Entonces, con el Rey David hay un despliegue, una revelación especialísima del Dios que es gracia, del Dios que salva, del Dios que levanta, del Dios que se acuerda del pequeño, del pobre. Y ese Dios, a medida que va mostrando su bondad, le ayuda a cada uno a reconocer su propia maldad.
Cuando David compone su salmo de arrepentimiento dice esta frase: "En el juicio resultarás inocente" Salmo 50,6. "Si me confronto contigo, si me pongo frente a ti, lo que aparece, Señor, es que tú eres la pura luz y que yo soy suciedad, que yo soy mugre".
"Eso es lo único que aparece si me pongo frente a ti. La sordidez de mi actuar, destaca, se perfila, contrasta profundamente con la bondad de tu amor".
Y esto se nota incluso después en la vida espiritual. Fíjate que las personas que poco se confiesan no encuentran de qué confesarse. Precisamente porque poco se confiesan y porque es poca la luz que han recibido, poco es el mugre también que ven.
En cambio, se cuenta de Santo Domingo que difícilmente pasaba uno o dos días sin que pidiera el sacramento de la reconciliación a alguno de sus hermanos.
Y dice uno: seguro que era más graves los pecados de Santo Domingo que los de esas personas que pasan seis meses ¿no? A veces oye uno gente así, “-Bueno, Padre, me voy a confesar”. "-Realmente, ¿cuándo se confesó la última vez?" “-Será cosa de un año o dos años tal vez, pero yo no es que necesite, Padre”.
La persona no encuentra de qué, ¿por qué no encuentra? Porque es poca la luz. Esta ley de la revelación de la gracia y el pecado la recordó también el Papa Juan Pablo II cuando dijo: “Si se pierde la noción del pecado, se pierde la noción de la gracia". Estas dos van en paralelo.
Uno, en la medida que es capaz de reconocer mejor el propio pecado, es capaz de reconocer mejor la acción de la gracia. Y en la medida que es capaz de reconocer mejor el amor de Dios, es capaz de reconocer más claramente la propia ingratitud.
Por eso la contrición en cuanto dolor de amor por el pecado abunda normalmente en los corazones que han tenido una experiencia amplia del amor de Dios.
Así por ejemplo nuestra Hermana Santa Catalina de Siena se consideraba la causa de todas las desgracias. Ella sentía: “Yo soy la causa de todas las desgracias en la Iglesia” Cualquiera diría: “esta muchachita es un caso patológico, a correr, al psiquiatra con ella”.
No, es la lógica sobrenatural de la persona que descubre la abundancia de gracia y de amor que ha recibido. Y ella, una vez le preguntó una vez a alguno de los confesores, sería Raymundo o Tomás de la Fuente, alguno de ellos.
Le pregunta: “Bueno, ¿y tú por qué dices eso: que tú eres causa de desgracia?” Y ella decía: "Porque si otro hubiera recibido lo que yo he recibido cuánto hubiera hecho con eso, pero mi negligencia y los demás pecados que he tenido, han impedido que se esparza el bien que era para todos".
Fíjate cómo piensa un santo. Ese es el pensamiento de un santo. ¿Por qué? Porque a medida que se va revelando el amor y se va revelando la gracia, va apareciendo claramente el pecado.
Pero hay otro elemento, otros dos elementos que hay que destacar en el caso de David. Los enemigos hasta ese momento eran los filisteos, y eran enemigos a muerte, y el esquema que hasta el Rey David, incluyéndolo a él mismo, o una gran parte de su vida, ¿el esquema era cuál? “Nosotros los elegidos, los descendientes de Jacob, somos los buenos, y los filisteos son los malos”.
Si es un filisteo, es perverso, si es un israelita, es bueno. Pero las dos afirmaciones se van a resquebrajar precisamente en vida de David, porque ¿cómo así que si es un israelita es bueno y ya hubo que descartar a Saúl?
¿Cómo así que si es un israelita es bueno si ya precisamente todo el tiempo de los Jueces lo que ha enseñado es que el pueblo una y otra y otra y otra y otra vez es infiel a Dios?
¿Cómo así que si es israelita es bueno y ni siquiera la familia de David lo acoge y lo reconoce? ¿Cómo vamos a decir que es bueno por ser israelita? Entonces, esa afirmación de que "nosotros somos los buenos", eso ya se va agrietando, eso va cayendo.
El problema de la maldad no es tan sencillo como "allá los malos y aquí los buenos". Ya no es tan sencillo.
Pero en segundo lugar, y esto es más interesante, ustedes recuerdan que Saúl empieza a atacar a David y persigue a David por muchos años. Persigue a David y lo persigue a muerte, quiere acabar con él, se llena de envidia contra David y quiere acabarlo.
Se da cuenta de que David es el elegido del Señor, se da cuenta de que David va a ser rey por encima de lo que sea, y se da cuenta de que ni siquiera su propio hijo de nombre Jonatán, ni siquiera Jonatán apoya que Saúl siga siendo el rey.
Saúl entonces ataca a David, pero eso sirve de ocasión para dos cosas interesantes. Primera: David encuentra sus aliados ¿en quiénes? ¿Quién es la gente que rodea a David? Pues la gente indeseable: indigentes, pobres, excluidos, lo que llamaríamos pordioseros, mendigos, extranjeros.
David forma como una especie de guerrilla y anda por los montes, sobretodo protegiéndose él mismo porque está siendo perseguido. Durante ese periodo ¿quiénes son los aliados del elegido de Dios? ¿Quiénes son los aliados? ¿Los grandes jefes?
No. ¿Quiénes son los aliados? Los mendigos, los excluidos, los pobres, y escándalo de escándalos, en algún momento de toda esa persecución David hace alianza con algunos de los filisteos. David podría decir uno se decide a hacer política y entonces, en vez de estar matando filisteos, en cierto momento hace alianza por lo menos con algunos de ellos.
¿Qué es lo importante de esto? Lo importante es que ni los buenos eran tan buenos, ni los malos eran tan malos. El problema de la bondad y la maldad no es un problema de una frontera geográfica, no es un problema de una raza, no es un problema..., no, no se define por esas cosas.
La frontera entre el bien y el mal finalmente es una frontera que cruza el corazón humano, es una frontera que cruza todos los corazones. Esa es una revelación interesante.
Pero otra más interesante todavía es que los verdaderos elegidos de Dios, los verdaderos escogidos suyos van cambiando y están siempre en eso que algunos de los teólogos de la liberación llamaban la periferia.
Es ahí, en esa periferia, ese mundo de los excluidos, en el mundo de los que no cuentan, en el mundo de los que son despreciados, ahí, ahí hay una revelación de Dios.
Lo que pasa es que a algunos teólogos de la liberación se les olvidó un pequeño detalle porque entonces ahora algunos de ellos salieron con estas opiniones. Esto, estoy hablando de historia patria, cuando yo estaba estudiando para antes de la ordenación.
En aquélla época, que eso fue el siglo pasado, eso ya es historia, historia vieja, en aquélla época entonces salía algunos de estos teólogos de la liberación diciendo cosas como ésta: “Puesto que nuestro Dios ha optado por los pobres, nosotros tenemos que ponernos del lado de los pobres”. Bueno, hasta ahí podría ser.
“Porque en la medida en que el pueblo toma conciencia de su destino y toma su historia en sus manos”. Hummm, herejía!, herejía. Eso se llama Marxismo, eso ya no es la Biblia, ya no es el Cristianismo. Eso de que vamos a crear conciencia en los pobres para que el pueblo sea creador de su destino y sea autónomo y el pueblo no sé cuantas cosas...
¿Cuál es la autonomía de la que estás hablando? ¿Dónde está la autonomía aquí? ¿En esta palabra dónde está la autonomía? Aquí no existe. Cuando Dios le manda razón al faraón es: “Deja salir al pueblo para que haga alianza conmigo!” Exodo 5,1.
Eso, de un pueblo que no depende de nadie, ¿autonomía qué es? Autonomía es que yo no dependo de nadie. Autonomía es que yo me doy ley a mí mismo, autos nomos en griego. Ley para mí mismo.
Entonces, en lo que fallaron prácticamente todos, por lo menos lo que yo leí de los teólogos de la liberación, fue en eso. Sí, muy buena la opción preferencial por los pobres, amén, aleluya, de acuerdo, así está bien, bueno y santo. Que nuestro Dios opta por los pobres, que nuestro Dios cuida a los pobres, amén, aleluya.
Que los pobres son los que primero entienden el mensaje de Dios, amén. Que hay que darle herramientas al pueblo para que se concientice y tome su destino en sus manos... Huummm. ¡Un momentico, señor, ¿qué es lo que está diciendo usted? Todas las anteriores están claras en la Palabra de Dios.
Pero las herramientas que usted le quiere dar al pueblo, ya sean analíticas, políticas o ametralladoras, y hubo gente que habló de esas cosas, esas herramientas que usted le quiere dar al pueblo, eso ya es invento suyo, eso ya no está aquí.
Entonces, en las Conferencias Episcopales Latinoamericanas en Medellín y en Puebla sobre todo, se habló de opción preferencial por los pobres. Lo que a mí me deja decepcionado, esto es casi como en comerciales, como decía un profesor mío.
Lo que a mí me deja decepcionado fue que luego nuestros obispos, entonces en vez de afrontar el problema desde la Teología y la Biblia, que es como es tan bonito verlo, entonces empezaron a jugar con esta expresión: “Opción preferencial, pero no exclusiva, por los pobres”.
Eso es jugar a la política, la verdadera respuesta a la politización de los teólogos de la liberación que iban en esa línea de que "vamos a concientizar al pueblo" y no sé que más, la verdadera respuesta es: “Oye, oye, oye espera, espera, ¿de dónde sacas tú eso?
De la Biblia no lo sacas, de la Palabra de Dios no lo sacas; tus ideas de un pueblo autónomo que toma las riendas de su destino y que se construye, eso lo sacas tú de Marx, lo sacas de donde quieras, pero eso no te lo da la Palabra de Dios”.
Lo que sí da la Palabra de Dios, y ahí estamos de acuerdo, lo que sí da y eso se ve con esta claridad, digo yo en David, es que más allá de las fronteras de cultura y de raza, y de clan, y de familia, y de política, más allá de todas esas fronteras, es el ser humano en su necesidad.
Es ahí donde primero se comprende la Palabra del Señor, eso es totalmente cierto, esa parte es totalmente cierta. Y que los primeros aliados, los primeros que acogen y que abrazan con alegría este mensaje, el mensaje de la Palabra del Señor, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, son los pobres, eso está clarísimo, eso es así.
Pero cuidado con la consecuencia que tú quieres sacar de ahí, porque entonces muchos de estos teólogos que querían sacar la consecuencia de: “Como son los pobres los que sí reciben el mensaje y nosotros tenemos que hacer fila con los pobres, tenemos que hacernos uno con ellos; entonces tenemos que darles las herramientas".
¡Ahhh, ahí viene lo nuevo, porque en la medida que tú les quieres dar las herramientas, entonces ya tú quieres que sean fuertes para que tu proyecto, tu proyecto, el tuyo, teólogo, el tuyo, prospere; pero es tu proyecto ese no es el de Dios, ese es el tuyo.
Entonces tenemos que una cantidad de teólogos o con ese título que empezaron con esas ideas, y lo más gracioso es que muchos de esos teólogos o habían estudiado en Europa o eran europeos. Entonces a mí me parecía muy gracioso que yo era un latinoamericano imberbe, o bueno, ya no tan imberbe, pero yo era... Yo era un latinoamericano ahí sentadito, sentadito en mi pupitre.
Llegaron unos europeos, sobre todo españoles, y me perdonan aquí las presentes, llegaron unos españoles a decirme: “Mira, que no te das cuenta que estás oprimido y que no te das cuenta que yo te voy a hacer autónomo, y que yo te voy a liberar de la opresión”.
O sea, tú quieres que yo siga “tu” proyecto. Yo estoy de acuerdo contigo en que hay opresión, en que hay oprimidos, y en que Dios se pone de parte de los oprimidos, pero la Biblia es lo suficientemente larga para mostrar que cuando el que estaba oprimido sube, se convierte en opresor.
Y ninguna historia mejor para demostrarlo que la historia del mismo David. Cuando David estaba siendo perseguido y cuando David no tenía de quien defenderse: “Ay, Señor, sálvame de los leones, Señor sálvame, Señor protégeme, Señor guárdame, las aguas me llegan al cuello" Salmo 68,1.
Y todas esos textos que aparecen ahí en nuestros Salmos: “Sálvame, Señor que se acaban los buenos, desaparece la lealtad entre los hombres” Salmo 12,1, eso aparece por ahí en algún salmo ¿no? “¡sálvame Señor!” Salmo 12,1.
Pero resulta, que pasa el tiempo, ¿no? Y David entonces ya es un Rey, constituido, que tiene una casa muy bonita, una casa con terraza y se pone a pasearse por la terraza, porque ya no tiene que ir a la batalla, porque ya manda a otros, ya él ya no es de los pobrecitos, ya él no es de los marginados, ya él no es la periferia, ahora él es el centro.
Y entonces ahora él se pone a pasearse por la terraza y sorpresa, sorpresa encuentra algo muy agradable para sus ojos, y comete pecado de adulterio. Pero lo más grave, que ya es grave el adulterio es que se encarga de matar a Urías, planea fríamente, primero, que el hijo adulterino parezca de Urías.
Por eso llamó a Urías de por allá de la campaña, llamó a Urías de por allá de la campaña y le dijo “Bueno, eh, a ver tú, descansa un poco, vé donde tu mujer" 2 Samuel 11,7; y Urías era lo más fiel que había a la causa de Dios.
Y Urías dijo: “No, qué me voy a ir allá yo a contentarme con mi mujer y a pasarla bueno mientras que mi pueblo está en peligro" 2 Samuel 11,11.
Ese tenía la sensibilidad que ya no tenía el Rey, porque el mismo David que había visto como Dios salva, el tiempo pasa, y el mismo David ya no estaba en peligro, ya no estaba en el borde, ya no estaba en la periferia, ya no era de los pobrecitos, ya no era de los marginados, ese mismo David, ahora tenía el poder, ahora podía disponer, ahora podía asesinar si le convenía.
Y entonces David le dice a Urías, “No, pero ve, ve allá y pásala bueno, y Urías dice: “No, yo no voy para allá, yo no quiero estar con mi mujer ahora, este no es tiempo de estar con mi mujer”, y se quedó en los cuarteles y no se qué, y todo el mundo se dio cuenta que el hombre nunca fue donde la mujer.
Entonces dijo: “Ya ese hijo no se le puede atribuir a Urías, no hay manera de atribuírselo”, porque todo el mundo se había dado cuenta que Urías no había estado con la mujer, entonces le tocó cambiar de estrategia.
Entonces llamó a su general y le dijo: “Mira, ponlo en lo más crudo de la batalla y cuando estén en la batalla lo dejan solo para que lo maten”2 Samuel 11,15.
Y así se hizo, y mataron a Urías. Y cuando ya mataron a Urías, entonces David dijo: “Bueno, ya hay que consolar a la viuda. Vamos a ver, manden por la viuda, manden por la viuda a ver qué podemos hacer por esa pobre mujer”. Ese hijo murió finalmente, como sabemos. Ese hijo murió.
Entre otras cosas yo pienso que en los monasterios de clausura es muy importante leer la Biblia, muy importante, porque cuanto más lee uno estas historias, menos interés tiene las historias de entorno, o ventana, o locutorio, o como se llame.
Estas son las historias que uno tiene que tener, éstas, que en estas historias, en estas historias, se reconoce el corazón humano. Una de las maneras de describir bellamente a la Sagrada Escritura es que es un mapa del corazón humano. Esa es la Biblia, una mapa del corazón humano.
¿Qué aprendemos de eso que le sucedió a David? Fíjate, ya él no tenía que batallar, ya él era parte de una gran institución: la monarquía, ya él podía mandar a otro: “Allá tú, encárgate de eso”; que hay revuelta no sé donde, “bueno, vaya, a arreglar eso”, y que no se qué; ya él no, él es el que tiene el poder.
Entonces, no es que yo supiera ni que sepa mucho, pero yo ojos tengo para darme cuenta de eso. Entonces cuando llegan los téologos de la liberación y dicen: “Hay que hacer causa común con los pobres, para que los pueblos se levanten y se levanten como David y opriman a otros pueblos”; no señor, así no es, así no es, esa no es la liberación que quiere Dios, así no es.
Pero claro, a ellos, a esos teólogos, a la mayoría de ellos había que responderles desde la Biblia, no había que responderles desde la política.
Y la mayor parte de nuestros obispos en Latinoamérica dieron, fue una respuesta aguada, desde la política: “Bueno, sí, tenéis razón, realmente sí hay que hacer opción por los pobres, preferencial por los pobres, pero no exclusiva por los pobres".
Como quien dice: "Vamos a optar por los pobres, pero también un poquito por los ricos”, eso es ponerse a jugar a la política; la respuesta que había que dar es: “Vamos a apostar por los necesitados, pero vamos a que ellos descubran el Evangelio como es, no el proyecto político que por ahí anda”, eso es lo que había que hacer.
En todo caso, ¿qué lecciones nos deja esto? Esto nos deja muchas lecciones. Ya David ha cometido su terrible infidelidad, adulterio y entonces, el profeta, el profeta Natán va donde David. Ese pasaje, eso es inmortal, ustedes lo recuerdan muy bien. Llega ya Natán y le echa esa historia, ¿no? Eso es lo mejor de lo mejor que tiene el Antiguo Testamento.
“-Mira que te tengo este caso: que había un hombre que tenía sólo una corderita, y otro tenía rebaños y rebaños, y el que tenía tantos rebaños le llegó un amigo y por no matar a ninguno de su rebaño, entonces fue y le quitó la corderita al otro" 2 Samuel 12,6.
Y David, que era bueno para juzgar, porque eso sí, tenía buena inteligencia: “-Ése merece la muerte” 2 Samuel 12,5. “-Pues ése eres tú, le dice Natán, ese eres tú, ¿cuántas mujeres has tenido? ¿Cuántas mujeres te ha dado Dios? Y ahora tenías que matar a Urías para quitarle su mujer” 2 Samuel 12,8,9.
Lo más importante de ese pasaje ¿qué es? Yo espero que si hemos seguido con atención estas reflexiones, que por eso las hacemos a una hora así distante de la siesta, si hemos seguido con atención estas reflexiones, nos hemos dado cuenta que en realidad el Antiguo Testamento, todo el Antiguo Testamento, se resume en un movimiento que voy a hacer en este instante.
Mira, observa la mano derecha. Ese es el Antiguo Testamento. Primero el dedo apunta hacia afuera, el problema está afuera, los malos están allá, el que tiene la culpa es ése, y yo soy el bueno, y yo soy el sano y yo merezco todo.
Pero a medida que va pasando el tiempo, con lo que pasa con los jueces, con las traiciones en el desierto, cuando el pueblo le dice a Josué, ¿te acuerdas ese pasaje, que es precioso? "Sí, si, sí obedeceremos, sí, sí, sí" Josué 24,24. Sí, claro que obedecieron, bastante obedecieron.
Cuando el pueblo se da cuenta de su propia capacidad de traición, y luego la rueda de los jueces; hay que aprenderse esa rueda, es muy fácil: "Yo tengo problemas, llamo a Dios, Dios responde, ya me siento bien, me aparto de Dios, y tengo problemas".
Esa rueda es maravillosa, tiene que sabérsela uno muy bien, con esa rueda. Y luego con Samuel, y la solución burocrática: “Claro hombre, claro, claro, ya sé por qué no funciona, ya sé por qué no funciona. Es que necesitamos otra oficina, eso es, necesitamos otra oficina, necesitamos otro nombramiento, necesitamos, y tenemos cargos y cargos y nombramientos y oficinas y burocracia.
El Papa Ratzinger alguna vez, esto fue antes de ser elegido Papa, alguna vez escribió una reflexión muy interesante sobre qué es lo esencial de la Iglesia. Él, que ha sido un hombre de curia de tantos años, pero un hombre que a pesar de eso, que él me perdone lo que estoy diciendo, pero que a pesar de eso ha conservado una tremenda lucidez en temas como este que estoy mencionando.
Y él decía, refiriéndose a la estructura de la curia, el decía: "Lo realmente esencial de la Iglesia es muy poco, muy poco; como diciendo: “No os fiéis demasiado de demasiada burocracia, con demasiados comités, comisiones, reuniones”.
Porque es que tenemos reuniones sobre reuniones, reuniones donde se va a estudiar si es bueno reunirse. Y se producen, –es que son unos extremos tan chistosos, tan graciosos-, yo espero que la situación esté mejor en las monjas Dominicas, espero. Pero les cuento lo que pasa en los frailes.
Los frailes son los personajes más graciosos del mundo. Hay un problema muy grave, muy grave. Vamos a situarlo en una provincia, un problema muy grave, pero nadie quiere tocar ese problema, porque tocar ese problema es ganarse enemigos.
Hay un problema gravísimo, gravísimo, una cosa muy seria, la gente mira al Provincial, el Provincial hace cara de circunspecto, es una situación grave.
Esto, a ver, esto es muy serio, por eso Provincial que se respete tiene arruga permanente en el entrecejo. Por eso quien me ve a mí, que no me he arrugado, dice: “Este no ha sido Provincial”.
Por ejemplo, yo aquí puedo decir quiénes han sido prioras, y quienes no. Eso no es sino un breve examen y ahí no hay voto, pues, que sirva, eso se va notando. Y bueno, “un problema muy grave”. El Provincial, la primera reacción, ¿cierto? Hay que arrugar el entrecejo y hacer una declaración de que el problema es muy grave, muy grave.
Entonces hay que delegar. Esto es algo que es de competencia, lo primero que hace todo burócrata es buscar que sea de competencia de otro: “Esto es de competencia del Capítulo, ya me salvé. De aquí a que llegue el Capítulo ya se me ocurrirá alguna otra cosa. Esto es de competencia del Capítulo”.
El Capítulo piensa: “Bueno nosotros, nosotros no podemos resolver, mira vamos, el tiempo es muy breve, esto no lo podemos resolver, hay que nombrar a un encargado, un encargado que pueda asumir el problema, que pueda estudiarlo y que presente resultados a una comisión”.
Ya cuando uno ve que hay un encargado y hay una Comisión, uno ya sabe que esto no se va a arreglar, esto no se va a arreglar. La única manera que una comisión resuelva algo es que la disuelvan.
En el momento en el que dicen: “Mira, os vamos a disolver en el próximo verano, ahí la Comisión siente instinto de supervivencia y entonces produce algo, ahí producen algo, cuando los van a disolver, ¿sí te has dado cuenta de eso?
Como ya hay tantas instituciones en nuestra Iglesia, que la Conferencia, que la Confederación, la Interconfederación, la réquete... Oye, y hay un momento en el que uno no sabe quién es, ya uno no sabe quien es, ¿cierto?
Porque cuando uno entró a la vida religiosa: "¿Tú que quieres ser? ¿Que quieres ser? Santo … quieres ser; la respuesta era fácil: "-¿Tú qué quieres ser? “-Santo”, pero después de veinte años o treinta años le preguntan: "-¿Tú que quieres ser? “-Yo quiero ser miembro de la Comisión, de la Comisión interconfederada....."; que ya uno no sabe si esa es la misma religión o se volvió otra cosa.
La burocracia ya empezó ahí, en el Libro de Samuel, primer libro de Samuel. Lo que necesitamos es una oficina, necesitamos una oficina, que haya un buen despacho, eso es lo que necesitamos.
Periódicamente la Iglesia trata de simplificarse, las comunidades en el fondo son eso, la vida religiosa es eso, es como una bocanada de aire fresco que quiere simplificar, que quiere simplificar.
A ver, ¿qué pasa si yo no tengo que decirte el título de doña muy respetable, venerable bien amada ponderada y bienhechora, y simplemente te puedo decir: “Hola, hermana”. Para eso surgió la vida religiosa.
Detrás de poder decirnos: “Hermano, hermana”, hay esa sensación de que la vida puede ser mucho más simple, debe ser mucho más simple, para eso nacimos, pero luego entonces surgen nuevos títulos, ¿no? Nuevos títulos, porque esto es como la maleza toca irla arrancando periódicamente.
Viene la solución falsa con el libro de Samuel, viene Saúl con su desobediencia, viene David con todo lo que nos enseña pero también con su incoherencia, y yo creo que aquí podemos ir dejando un poco el tema del Antiguo Testamento, quizás tocamos algún otro punto después, pero ya lo podemos ir dejando.
¿Con qué nos quedamos? Resumen de lo que se ha dicho sobre el Antiguo Testamento: los textos que nos parecen chocantes hay que ubicarlos en su contexto histórico. Hay que comprender cuál era el drama, el tipo de sociedad en el que se estaba, y qué significa amor en esas circunstancias.
jamás olvidéis el ejemplo del español con la africana. A mí ese ejemplo me enseña muchas cosas, porque es amor expresado en circunstancias extremas, y las circunstancias en que nació el pueblo de Dios fueron extremas, entonces hay que quedarse con eso bien claro.
Segundo, hay que quedarse con algo muy claro en nuestra cabecita que es esto: en toda esa barbarie no solamente hay una distancia cultural, sino hay una invitación a reconocer las barbaries de nuestro tiempo.
Por eso he ido haciendo comparaciones con temas como la familia, el aborto, la discriminación, la pobreza, la depresión; temas nuestros que empatan profundamente con la realidad que se cuenta en la Sagrada Escritura.
Entonces, hay que leer esta Palabra de Dios, no solamente porque es Palabra de Dios sino porque ahí el Señor sigue manifestando su mensaje, hasta que uno pueda encontrar en el propio corazón y en la propia cultura el impacto que tiene este mensaje.
Les repito, muchas veces, muchas veces yo siento que me reconozco ahí. Pero me ha pasado algo al predicar en auditorio femenino, como la agresividad, por lo menos exterior, es más propiamente masculina.
Entonces muchas mujeres sienten que: “Bueno, pues sí, realmente esos hombres, razón que son salvajes todos, pero nosotras no, ¿yo qué voy a hacer eso, ¿yo? Imagínese yo, ni sé, ni sé cómo usar un cuchillo de esos, ni sé ¿qué podría hacer yo?.
Mira la violencia existe en ambos. La principal violencia en la mujer yo la he visto... Cuando una niña de site años le dice a otra niña de siete años: “No te hablo” ,ahí hay una violencia que ustedes no se imaginan de qué tamaño.
"No te hablo" quiere decir: "Te cancelo de mi vida". Yo conozco monasterios así, yo deseo que eso jamás llegue aquí, y si ha llegado, el Señor lo sane y lo reconstruya pronto, pero eso existe, y hay monasterios así, hay monjas así.
"Y no te hablo", "y no te hablo", qué es? “Te mato”, "no te hablo" es: “Te pongo una equis roja así, y cada vez que te vea, tú no existes para mí; yo te cancelo". Y ¿eso qué es? Estamos igual que en estas tribus: el mal está allá y yo estoy aquí del lado bueno".
Todo el Antiguo Testamento, y es la conclusión a la que hemos llegado, por lo menos hasta el rey David, es el ejercicio de torcer el dedo que apuntaba hacia fuera para que apunte al propio corazón.
En cierto sentido ese salmo, que en la numeración usual de las Biblias es el 51 y que en la Liturgia de las horas es el Salmo 50, en cierto sentido ese Salmo es el resumen del Antiguo Testamento.
"Misericordia Dios mío por tu bondad, por tu gran compasión, perdona mi culpa. Lava del todo mi culpa, mi pecado" Salmo 50,1, eso. En el fondo todo el Antiguo Testamento es el reconociiento de dos cosas: que sí existe un bien real, y que uno no es capaz de alcanzarlo. Ese es el Antiguo Testamento.
Todo el Antiguo Testamento existe para que uno no se diga ninguna de estas dos mentiras. La primera mentira es: en el fondo da lo mismo el bien o el mal, esa es una mentira, por eso dice Isaías, “¡Ay de aquéllos que llaman al mal bien, y al bien mal!" Isaías 5,20.
El Antiguo Testamento existe para que uno no se diga esa mentira, y uno no las puede decir porque a través de eso, que se llama la ley, pero no sólo la ley sino a través de todos estos relatos, uno termina por reconocer existe el bien real y existe el mal real. Punto número uno.
Y el punto número dos resume el Antiguo Testamento, es: ese bien real que lo puedo alcanzar a descubrir con mi razón y que lo puedo alcanzar a anhelar con mi voluntad, está sin embargo más allá de mis fuerzas.
Por eso dice San Agustín “Se nos dio la ley para que deseáramos la gracia”. Esa frase es bella como tntísimas del Santo de Hipona, “se nos dio la ley para que anheláramos la gracia”.
El resumen del Antiguo Testamento finalmente es ése, ¿y qué hago yo con todos los pasajes difíciles, pues lo ya dicho: comprender la escena cultural, aplicarlos de la mejor manera a la cultura también nuestra, que también hay barbarie en nosotros, y aplicarlas al propio corazón, eso es o que hay que hacer con estos pasajes difíciles.