I346003a
Fecha: 20111126
Título: Debemos saber que cuando llegue el final de los tiempos Dios no nos va a faltar
Original en audio: [4 min. 41 seg.]
Mis Amigos:
Hoy es el último día de este Año Litúrgico 2011, último día; mañana, domingo, empieza un nuevo Año Litúrgico. Mañana es el primer domingo de Adviento en el Ciclo B.
Durante este año nos ha acompañado, especialmente en lo domingos, el Evangelista San Mateo; a partir de mañana, en el Ciclo B, el Evangelista para los domingos será san Marcos. Pero eso es mañana.
Hablemos un poco de las lecturas de este sábado de la semana número treinta y cuatro del tiempo ordinario. Todas las lecturas de estos últimos días han sido tomadas del capítulo veintiuno de San Lucas; la razón es que en los días entre semana la Iglesia tiene un orden especial de lecturas, ese orden especial se repite cada año, y ese orden empieza siempre por textos tomados secuencialmente del evangelio de Marcos, luego textos del evangelio según San Mateo y, finalmente, textos de San Lucas.
Las Misas de entre semana tienen su orden propio, tiene su Ciclo propio de lecturas, y los Evangelios funcionan de esa manera. Ya la primera lectura sí va cambiando de acuerdo a si el año es par o es impar. Pero el Evangelio sigue ese orden: las primeras semanas del tiempo ordinario, un buen número de ellas, toman textos de San Marcos; luego, otras semanas, toman textos de San Mateo; y luego tras, textos de San Lucas.
Y terminamos, efectivamente, como se ve hoy, terminamos con los textos de Lucas, textos dramáticos que nos invitan a conversión y que nos invitan, sobre todo, a no escandalizarnos, por las cosas dura, por las cosas espantosas o vergonzosas, por las cosas anticristianas o anticatólicas que encontremos en nuestro camino.
Podemos decir que uno de los mensajes más importantes de esta semana es que la persecución es parte del paquete. Cuando uno asume la fe cristiana, y por supuesto que ser cristiano a fondo significa ser católico, porque el que se dice cristiano y no cree en la Eucaristía, o el que se dice cristiano y no cree en la intercesión de los santos junto a Dios, el que se dice cristiano y niega la primacía de Pedro y del sucesor de Pedro, pues ése está negando su condición de cristiano.
Para mí, cuando hablamos de cristiano, hablamos de una persona que asume todo el paquete, y asumir todo el paquete de ser cristiano, es asumir lo que enseña nuestra santa fe católica.
Pues bien, dentro de ese paquete está también el rechazo, está la indiferencia, está la persecución, está el oprobio, está el ridículo, está la burla; y qué bueno que nos recuerden esto estas lecturas, y qué bueno que sepamos, que especialmente al final de los tiempos, esos elementos contrarios a nuestra fe van a ser muy, muy vigorosos, pero Dios no nos va a faltar. Ese es el mensaje central: Dios no nos va a faltar.
Y Cristo nos deja, al despedir este Año Litúrgico, nos deja dos consejos con los que también yo quiero terminar. Primero, estar despiertos. El mismo Cristo nos advierte que en medio de las comodidades, en medio de los lujos, en medio de las seguridades de este mundo y en medio, sobre todo de los vicios, a uno se le puede olvidar que la realidad de este mundo pasa. O sea, hay que vivir con sobriedad, no hay que dejarse atrapar de nada de eso, lo nuesrro es estar despiertos, estar atentos a la voz y al poder de Dios.
En segundo lugar, Cristo nos invita a pedir fuerzas, es decir, que sepamos que va a haber victoria, pero que esa victoria hay que pedirla y hay que recibirla; es decir, no te fíes únicamente de tu talento, ni de tu inteligencia, ni de tu manera de ser. Habrá victoria para ti, habrá victoria para mí, pero esa victoria la recibimos del único que es vencedor, y en el fondo ese único es Nuestro Señor Jesús, al que sea la gloria y la alabanza por los siglos de los siglos.
Amén.