I344001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20031127

Título: ¿Nos damos cuenta de quien tiene poder sobre nosotros?

Original en audio: [6 min. 28 seg.]


Queridos Hermanos:

Yo pienso que en medio de su dramatismo, la primera lectura del día de hoy tiene también un toque de humor. Y creo que hay que destacar este aspecto.

Observemos cómo el rey Darío es al mismo tiempo un hombre lleno de poder, y un hombre dominado por la ley de medos y persas, y dominado por la presión de aquellos que hacen el papel de aduladores y a la vez de entrometidos.

Y estas son las trampas del poder. Darío es un hombre muy poderoso, y sin embargo, en contra de su voluntad, tiene que condenar a Daniel: entonces no es tan poderoso.

Darío es un hombre con mucho poder, pero tiene que someterse a la presión de estos, que al mismo tiempo lo ensalzan, y lo obligan, lo encadenan.

Aquí hay muchas enseñanzas para nosotros. Si nosotros miramos la gente poderosa de nuestro tiempo, uno pensaría, por ejemplo, en el presidente de la república, digamos el presidente de los Estados Unidos de América. Él es una persona con un poder inmenso. Y efectivamente, una decisión del presidente de los Estados Unidos de América puede significar vidas, muchas vidas; puede significar trabajo o desempleo, alimento o hambre, paz o guerra.

Nadie niega que hay poder, así como nadie niega que Darío tuvo un gran poder. Eso no se niega. Pero no es el último poder, y detrás de este poder, ya se trate del presidente de Estados Unidos, o ya se trate de la gente que nosotros vemos como más influyente, incluso los más ricos, existen estos otros.

Hay mil historias al respecto. Por ejemplo, conocí no hace mucho, que en la antigua China, los eunucos tenían un poder inmenso, quién creyera. Y mira la pequeña historia: resulta que el Emperador de China era dueño de un poder muy grande, y tenía también muchas esposas, tenía un harem.

Como él necesitaba que en su palacio le cuidaran sus esposas, pues recurrió a lo que se ha hecho en tantas otras culturas. Para evitar herederos falsos, entonces sólo hombres castrados, sólo eunucos podían estar en la cercanía del rey.

Entonces vino a resultar, que los hombres que estaban más al tanto de los pensamientos, de los malos ratos, o de los tiempos de esparcimiento del rey, eran los eunucos, ya que eran los que estaban cerca cuidándole las esposas.

Y estos eunucos, que se enteraban de todo lo que el emperador de China hacía, y que le conocían el genio mejor que cualquier otra persona, pues utilizaban sus influencias, y el saludito de la mañana, y la venia de la tarde, y el momento del té, para pedir un pequeño favor, o para hacer una pequeña sugerencia.

Y entre venia y venia, resultaba que detrás del hombre poderoso, detrás del emperador, en realidad era un puñado de castrados los que estaban decidiendo muchísimas cosas en China, en la China antigua.

Y así muchas otras historias. Si nosotros buscamos detrás de los emperadores romanos, y si nosotros buscamos a veces en la misma Iglesia, es muy interesante en el ejemplo de Santa Catalina de Siena, cómo ella detecta, como persona inteligente, la cantidad de influencias que hay detrás del Papa.

Y entonces una y otra vez le recomienda a los Papas: "¡Mire de quién se rodea!" Sobre todo este consejo de Catalina: "No se rodee solamente de consejeros; no se rodee solamente de curiales, gente de la Curia". "Rodeése de gente de oración, gente de ayuno, gente de sacramentos, gente que tenga en su corazón adoración, espíritu de adoración a Dios". "¡Rodeése de esos!" Ese es el consejo de Catalina de Siena.

Y por eso pienso que esta lectura del libro de Daniel tiene una tremenda enseñanza para nosotros, porque nosotros, tal vez ninguno de los aquí presentes es emperador en China, ni es presidente de los Estados Unidos de América, pero los que estamos aquí, queridos amigos, tenemos también nuestra propia influencia.

Quizás estas palabras llegarán a muchas personas, y pueden llegar a jefes, a gerentes, a padres de familia. Y es posible que no te des cuenta, un poquito embriagado por la cuota de poder que manejas, quién tiene poder sobre ti.

Por lo menos Darío no se dio cuenta. Pero nosotros, que leemos esta primera lectura, y que la disfrutamos, hoy hemos aprendido algo que vale la pena.