I343003a

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Fecha: 20111123

Título: Los tiempos de persecucion y de prueba son tiempos de Esperanza y de oportunidades de evangelizacion

Original en audio: [4 min. 32 seg.]


Seguimos, mis hermanos, con este capítulo número veintiuno del evangelio según San Lucas, un capítulo bastante dramático que nos está presentado, podríamos decir, los dolores de parto. Porque el final de la historia humana es como ese parto que finalmente da a luz los cielos nuevos y la tierra nueva.

Y lo mismo hay que decir de la muerte de cada uno de nosotros. Observemos que los antiguos cristianos llamaban "dies natalis", o sea, "día del nacimiento, a ese día en que un mártir había muerto; la muerte la miraban como el verdadero nacimiento, ahí es cuando se nace para la vida eterna.

Pero lo mismo que en el orden natural, cuando llega el momento del parto, hay esfuerzo, hay convulsión, hay dolor, pero finalmente hay vida nueva, así también hay que pasar por esa estrechez, por la estrechez de la persecución, por la estrechez de la incertidumbre, por la estrechez de la escasez, pero superada esa prueba, superado ese momento, hay una realidad nueva, hay algo nuevo que Dios está creando.

Esta es la Esperanza con "E" mayúscula, esta es la Esperanza grande nuestra. Porque hay que saber que el don de la esperanza se aplica en esta tierra cuando uno tiene alguna dificultad y sin embargo conserva viva la certeza de que Dios está obrando, y conserva viva la certeza también de que Dios habrá de encontrar la mejor solución. Esa es la esperanza aplicada a esta tierra.

Perola Esperanza con "E" mayúscula es la esperanza que reconoce el señorío de Dios; aunque todo colapse, aunque se agrieten los cimientos de la tierra, aunque se desplomen en el mar los montes más arrogantes, Dios permanece. Ese es el gran mensaje.

Es importante que nosotros, mis hermanos, al leer textos como estos, del capítulo veintiuno de San Lucas, no nos dejemos llenar de pánico. No están escritas estas palabras para que nosotros nos inyectemos pánico en las venas, sino al contrario, para que reconozcamos que aún en las peores circunstancias, Dios es Dios; aún en las peores circunstancias, Él es el Señor.

Y hay unos indicadores muy interesantes, por ejemplo en el texto de hoy, indicadores que nos hablan de ese señorío de Dios en medio de las circunstancias más contradictorias y en medio de los dolores más grandes. Por ejemplo, ahí aparece cómo nos asegura Jesucristo: "Ni un pelo de su cabeza se va a perder" San Lucas 21,18, con lo cual está indicando que aún aquello que parece que perdemos, como el mártir pierde la vida, en realidad lo estamos invirtiendo.

Cuando tú pones tu dinero en el banco, tú no sientes que lo estás perdiendo, tú sientes que lo estás invirtiendo, y esperas no solamente recuperar ese dinero sino recuperar algunos intereses. Pues algo así es lo que nos dice Cristo aquí. Nosotros en estos momentos de persecución, nosotros en esos momentos de odio generalizado, nosotros en esos momentos de incomprensión total no debemos pensar que Dios nos ha abandonado, sino debemos pensar que estamos haciendo una inversión y que vamos a recuperar todo eso en ese mundo nuevo.

Así como Cristo en la Cruz, Cristo en la Cruz aparentemente lo pierde todo, ahí lo perdió todo; pero fíjate la hermosura, fíjate el esplendor, fíjate la grandeza del Resucitado, eso es lo que también nos espera a nosotros.

Y por otro lado, también nos dice Jesús que en medio de esa persecución se dan las mejores oportunidades de apostolado y de evangelización; es decir, que no solamente no hay que retroceder sino hay que seguir avanzando, hay quedar testimonio, hay que abrir la boca, hay que proclamar el señorío de Cristo.

Que Él haga realidad su reinado en nosotros, y nosotros le demos permiso para que brille su gloria en nuestras historias.