I343001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19991124

Título: Dios nos pide perseverar hasta el final predicando el Evangelio

Original en audio: [30 min. 19 seg.]


Como siempre, quiero expresar la gratitud a ustedes por sus oraciones. He recibido también noticia de muchos amigos en mi país de origen, en Colombia, y me han dicho que cada día han orado por nosotros en la Santa Misa. Verdaderamente estamos descubriendo, o estamos redescubriendo, el poder de la oración.

Hay que orar por los predicadores y hay que orar por los oyentes, para que suceda siempre lo que sucedió el día de Pentecostés. En aquella ocasión, el Espíritu Santo abrió la boca de los Apóstoles a lenguas nuevas, ese fue un milagro en la boca de los Apóstoles.

Pero en cada uno de los que estaban ahí, que eran decenas o centenares, porque habían venido de muchas regiones del Imperio Romano de aquel entonces, dice la Escritura: “Cada uno los oía hablar en su propia lengua” Hechos de los Apóstoles 2,8.

De manera que el milagro tiene que ser doble, que el predicador tenga las palabras de Dios, pero que cada oyente tenga oídos para Dios, y sólo así podrá Dios glorificarse, tanto en el corazón que quiere servir a la Palabra, como en el corazón que quiere alimentarse de la Palabra.

Ustedes, mis amados amigos, ustedes con su oración pueden transformar la Iglesia, ustedes con su oración pueden transformar las vidas de sus pastores, de sus sacerdotes. Algunas veces, se oyen comentarios como este: "Qué bueno que el padre de mi parroquia fuera como el Padre Walter, o el Padre Daniel, o el Padre Rogelio", "qué bueno que el padre de mi parroquia, de mi país, fuera como el padre x, y o z".

Pues yo te digo que San Pablo nos enseña: “Nada tenemos que no hayamos recibido” 1 Corintios 4,7, y Aquel que nos ha enriquecido por su pura misericordia, Aquel que ha hecho que exista un carisma de predicación, de lenguas, de profecía o de sanación, Ése que nos ha dado esos dones, Ése que ha sido generoso con nosotros, no ha cerrado las puertas de su misericordia después de nosotros.

Moisés, que conocía bien en cuál Dios había creído, le dijo una vez a uno de sus compañeros: “Ojalá todo el pueblo de Dios fuera profeta, ojalá todos tuvieran el conocimiento de Dios” Números 11,2, señalando con esto que Dios es generoso y lo que prometió por boca de Joel y lo que se cumplió en Pentecostés fue eso: “Derramaré mi Espíritu sobre toda carne” Ezequiel 36,27.

El Señor quiere volcar los dones de su Espíritu sobre toda carne, nosotros podemos atraer el don del Espíritu, podemos atraerlo con la oración perseverante como los discípulos en el cenáculo junto a la Santa Virgen María, nosotros podemos atraer el don del Espíritu y así podemos transformar las parroquias, las diócesis, la Iglesia Católica entera.

Porque la Iglesia, así como tiene que atraer a todos los pueblos hacia su seno, así también ella misma necesita renovarse, purificarse en santidad, renovarse con toda la fuerza y la belleza de sus carismas. No son pocos los ejemplos que he conocido de cómo se han transformado las vidas de sacerdotes y las vidas de diócesis enteras a través del poder de la oración.

El Fundador de nuestra Comunidad, Santo Domingo de Guzmán, fue un hombre intensamente carismático, vivió, podríamos decir, en el poder del Espíritu Santo y con ese poder realizó, según Dios le concedía, maravillas en la conversión de las almas.

Y sin embargo, el tiempo en el que vivió Santo Domingo, como el tiempo en el que han vivido muchos otros santos, no era un tiempo fácil, es que los santos, que son las obras preciosas del Espíritu Santo, no han vivido en tiempos buenos, sino que más bien han cambiado los tiempos, han transformado los tiempos.

Los santos no han vivido en lugares fáciles, sino que han transformado los lugares, han cambiado los lugares; los santos, no encontraron las cosas hechas, sino que por el poder del Espíritu y por su docilidad a esa acción del Espíritu, que es el mismo Espíritu de amor que llevó a Cristo hasta la Cruz, hasta el sepulcro y hasta la gloria, con el poder de ese Espíritu transformaron las vidas, cambiaron, podemos así decir, el curso de la historia.

Yo te digo, en el nombre de Jesucristo, no esperes a que las circunstancias sean buenas, ningún santo esperó a que las circunstancias fueran buenas, ellos cambiaron las circunstancias, ellos transformaron la historia.

No esperes, cuando termine este maravilloso encuentro del nuevo Pentecostés, no esperes que a la vuelta a tu casa, a la vuelta a tu patria, las cosas estén distintas, esta sería una ilusión infantil.

El que ha estado en este retiro espiritual, porque todo este es todo un retiro espiritual, el que ha estado, la que ha estado en este retiro espiritual eres tú, el mundo no ha estado en retiro, obvio, el mundo no ha estado en retiro, eres tú, luego cuando tú vuelvas a tu casa, a tu municipio, a tu pueblo, a tu patria, vas a encontrar el mundo como lo dejaste o peor, ese es el mundo que vas a encontrar.

Yo he dicho que hay como dos tipos de carismáticos, aunque son tan fastidiosas las clasificaciones, hay un carismático, un tipo de cristiano carismático que yo lo llamo el iluso, es decir, aquel que participa de las celebraciones como si estuviera en una especie de lo que en Colombia llamamos una "traba".

Una "traba" es cuando una persona se droga, la persona vive su experiencia: "Huy, hermano...", queda como flotando en las nubes y sale flotando en las nubes, y de pronto se encuentra con que el mundo sigue siendo antipático, anónimo, idólatra, perseguidor de todo lo bueno, cínico, cruel, despiadado y todas las demás palabras que quieras ponerle.

Gracias a Dios las lecturas de este congreso, este bendito encuentro, del nuevo Pentecostés, gracias a Dios las lecturas que hemos escuchado son como campanazos o campanadas fuertes para que nadie salga dopado de aquí: –“Huy, ese encuentro, ese encuentro fue un encuentro increíble, fue un encuentro fantástico”.

Entonces llega usted con su encuentro, llega volando allá a su tierra, y allá se da cuenta que todo el trabajo que no hizo en estos días lo está esperando, y todas las deudas lo están esperando, todos los acreedores lo están esperando, todas las tentaciones lo están esperando.

y estará, acuérdese de mí, estará toda su familia, seguramente, ojalá no le pase, pero estará toda su familia: "Llegó la santa, llegó el santico, ¿mucho milagro? ¿Mucha transformación? Y te puedo asegurar que la semana entrante y la semana siguiente y el mes entrante y todo el año que viene te van a tener con esa misma cantaleta, con ese mismo coro y estribillo.

Apenas cometas el más mínimo error, inmediatamente te van a decir: “¿De qué le sirven todos sus congresos, encuentros, cantos, rezos, de qué le sirve todo eso si sigue siendo un pecador, una pecadora, una mal geniada, una amargada? ¡Para qué todos esos rezos! ¡Deje de estar allá, aduladora de curas, póngase a hacer su oficio!"

Esa es la historia, por esto bendigo a Dios, que las lecturas que estamos escuchando en estos días, son lecturas que nos mantienen, como se dice, aterrizados. Jesús no dijo: “Crean en mí, todo va a salir bien, nadie les pondrá problema, todo lo que comiencen prosperará, todo serán sonrisas y cánticos y aplausos".

Mira, los aplausos, los cánticos y las sonrisas están aquí en el Pauichi, aquí es donde están, aquí es donde viven esas sonrisas. Pero el mundo no ha hecho el congreso, el mundo no ha venido aquí, el mundo no ha escuchado, y muchas veces no quiere escuchar estas predicaciones, no le interesa, es un mensaje que le fastidia, es un mensaje que rompe sus esquemas, es un mensaje que le hace palidecer de miedo.

Eso es lo que nos contó la primera lectura. Baltasar, sucesor de Nabucodonosor, no era exactamente su hijo, pero sí era sucesor de él, sintió que su poder era ilimitado, organizó un espléndido banquete y como un número más, dentro de esa vacanal: “Traigan los vasos del templo, traigan lo sagrado para prostituirlo también, para mostrar que ningún Dios me da miedo".

Y le traen las copas de los sacerdotes del templo de Jerusalén: "Vino para esas copas, y repártanle a todas las concubinas, las esposas, repártanle a todas, vamos a brindar aquí por los dioses que nos han dado la victoria” Daniel 5,1-4.

¡Acto sacrílego! ¡Acto blasfemo! ¡Infame! Dios interviene, así como escuchábamos en el día de ayer, que una roca se había desprendido sin intervención humana, aquí es una mano que escribe en la pared sin intervención humana. Yo recuerdo las palabras en hebreo: "Mené", "teqel", "ufarsin","contado", "pesado", dividido" Daniel 5,25. .

La sentencia de Dios como un rayo cae sobre el imperio de Baltasar: "Tus días están contados y Dios les ha puesto término, se ha buscado qué peso había en tu vida y no tiene peso; por eso tu reino es dividido y será entregado a los medos y a los persas" Daniel 5,26-28.

La lectura que escuchábamos terminó ahí; pero tú la puedes seguir, -es el capitulo quinto de Daniel-, tú la puedes seguir en la Sagrada Escritura, y lo que sigue es para que tiemble no sólo Baltasar sino también el que lea.

Lo que sigue es, que aunque Baltasar en ese momento, preso de locura dijo: "Haré lo que sea, lo que sea", era demasiado tarde, esa misma noche los medos y los persas arrasaron con ese banquete sacrílego, acabaron con esa asamblea de disolutos y libertinos, esa misma noche el imperio de los caldeos se vino al suelo y un nuevo rey, instrumento de Dios, aunque no lo sabía, Ciro, rey de Persia, tomó posesión de la capital de los caldeos.

"Mené", "teqel", "ufarsin", "contado", "pesado", "dividido", Dios ha contado tus días, Dios ha buscado qué peso había en ti y Dios ha dividido tu reino y ha visto, ha señalado el final de tu imperio. Ahí donde avanza el reino de Cristo, allí se derrumban otros reinos, por eso es por lo que el mundo no quiere oír esta predicación, por eso, por eso es por lo que el mundo no hace este retiro espiritual.

Yo siento alegría en mi corazón de ver miles de personas reunidas, pero yo digo, estamos mal; si no se pueden hacer retiros de centenares de miles de personas, quiere decir que estamos mal, claro, es muy alentador para uno, yo felicito a los organizadores, alabo al Espíritu Santo; pero lo que quiero indicar es que falta que crezca demasiado esto, demasiado.

¿Cuántas personas hay aquí? Supongamos, exageremos, inflemos los números, diez mil personas, además, todos aquellos que están siguiendo esta transmisión por la radio, a quienes enviamos nuestro saludo cariñoso, y por qué no, les mandamos un aplauso.

Pero sigue siendo demasiado poco, nosotros queremos llegar a toda creatura, el mandato de Jesucristo es terminante: “Predicad el Evangelio a toda creatura hasta el ultimo confin” San Marcos 13,10.

El mundo no quiere oír ese mensaje, muchas veces no quiere oír ese mensaje, porque ese mensaje destruye sus propios imperios. Aquella persona que está haciendo su dinero ilícitamente, ¡qué le va a importar una predicación de estas! Aquella persona que está viviendo en adulterio, ¡qué va a sentir frente a una predicación de Jesucristo sino incomodidad!

Mira, para describirte la manera como obra el mundo frente a estas predicaciones, basta con que recuerdes el caso de Herodes, aquel que se había casado en adulterio con Herodías, mujer de su hermano Filipo, él estaba en adulterio y Juan Bautista le decía: “Tú no tienes el derecho de estar con la mujer de tu hermano” San Mateo 14,4.

Y Herodes no sabía qué hacer y se sentía incómodo, y Herodías destilaba odio contra Juan Bautista, esta es la razón de las persecuciones del mundo, si predicamos a Jesucristo, seamos realistas, predicar a Jesús es dañarle los negocios a mucha gente.

Hay una historia que a mí me gusta recordar, una historia que no tiene final feliz, pero que por eso mismo puede ilustrarnos mucho.

Mi hermano menor estudió psicología en una universidad atea de Colombia, la Universidad Konrad Lorenz, universidad reconocida por su ateísmo. Uno de sus profesores era un ateo, mi hermano, que se llama Saulo, una vez me dijo: “-Mira, a mí me gusta tu manera de argumentar las cosas, tengo un profesor que es ateo, ¿por qué no hablas con él a ver qué pasa?”

Bien, a mí la cosa me pareció interesante, además, creo que por oficio, nosotros, sacerdotes, y particularmente dominicos, tenemos una responsabilidad particular en estos casos. Fui allá y estuve hablando con este profesor.

La primera conversación duró como dos horas y media, la segunda conversación duró como tres horas, la tercera conversación otras dos horas cuarenta y cinco, en total hablamos cerca de diez horas, el hombre no se convenció, el hombre siguió ateo, por eso les digo que es una historia sin final feliz.

Pero yo quiero decirle en qué condiciones el hombre siguió ateo, para que usted vea por qué el mundo persigue el mensaje de Jesucristo, y para que usted sepa a qué atenerse, y para que usted no salga de este congreso volando entre las nubes y creyendo que todo el mundo lo va a recibir de maravilla.

Este señor, ateo, tenía entre sus oficios, además de su sueldo jugoso de profesor universitario, él dictaba unos talleres de sexología y ustedes saben que la sexología que se enseña hoy por hoy en todas partes, más o menos se resume en la frase: "Todo vale, si están de acuerdo los dos o los que sean, todo vale", él era un predicador de ese mensaje libertino: "Todo vale, todo vale".

Por cada uno de esos talleres que él ofrecía, por cada sesión de esos talleres, ganaba cerca de cuatro mil dólares, por sesión, obviamente, un señor de estos no puede creer en Dios, se le daña todo su sistema económico, se le dañan todos sus talleres, se le dañan todos sus ingresos.

Pero que él estaba convencido de que Dios sí existía, lo demuestra este hecho: él fue siempre muy respetuoso conmigo, mucho, y la última vez que hablamos me invitó a cenar. Extrañamente para mí, minutos antes de la cena me dice estas palabras: “Yo acabo de tener mi segunda hija, acabamos de tener nuestra segunda hija con mi señora, es una niña muy pequeña y muy bella, yo quisiera creer en un Dios para poder darle geacias por una persona tan linda como es mi hija”, decía él.

Y me dice además: “Quiero pedirle un favor, padre, quiero pedirle el favor de que usted bendiga a mi hija", el ateo este, ¡imagínate!

A mí me pareció que era la incoherencia más grande del mundo, que un ateo le pidiera a un sacerdote católico que bendijera a la hija, pero pensando en el bien de la niña, y en el bien que él pudiera recibir, fui obviamente allá.

La habitación estaba en penumbra, fue una escena de amor, una escena muy linda. Mi hermano se quedó en la puerta, no porque desconfiara de la fe, gracias a Dios él ha permanecido en su fe católica, sino porque no se sintió llamado a esa oración.

A los pies de la cuna, una cuna muy linda, el papá, “ateo”, entre comillas, digo yo, y a un lado de la cuna este servidor, empezamos a orar, la habitación estaba casi totalmente a oscuras, este hombre no decía ninguna oración, pero cerraba sus ojos.

Empecé a orar, -creo que mi hermano también estaba orando-, a darle gracias a Dios por la vida, le decíamos mucho: “Tú eres el único dueño de todas las vidas, tú eres el Señor, te damos gracias por lo que has hecho, por haber creado esta chiquilla”, decía palabras muy bonitas, palabras de amor y de bendición.

Cuando salimos de la habitación, este profesor universitario, ateo, me toma de la mano y me dice: "Quiero contarle una cosa que no puedo explicarme. Cuando usted estaba haciendo la oración, yo vi en la habitación, en ese cuarto que estaba a oscuras, yo vi que aparecía un anillo hermoso de luz y que ese anillo iba descendiendo, descendiendo y que envolvía con su luz tenue, pero real, envolvía el cuerpo de mi niñita, quiero contarle que pasó eso y quiero contarle que no puedo creer en Dios".

Miren, yo salí con el corazón rasgado de arriba abajo, ese día entendí, me parece, cómo es verdad lo que nos dice Nuestro señor Jesucristo: "Los van a perseguir".

Si una persona de esas ama tanto sus cuatro mil dólares, si para él sus cuatro mil dólares valen más que su suerte eterna, si teniendo una señal, que yo no la vi, yo no vi ese anillo de luz, mi hermano tampoco lo vio, el único que lo vio fue el ateo.

Si una persona puede rechazar una señal de esas por seguir ganando su dinero y seguir predicando su mensaje de libertinaje, ¿qué quiere decir eso, mis hermanos? Quiere decir que hay corazones que se van a resistir, quiere decir que el mensaje del Evangelio no entrará fácil a ninguna parte.

En ese gran encuentro internacional del nuevo Pentecostés, he aprendido muchísimas cosas y he recibido muchísimas cosas, una de las que más me ha llamado muchísimo la atención, porque ha sido una gran novedad para mi, son estos hermosos cánticos de victoria que solemos hacer antes de las oraciones breves de liberación.

Y yo quiero decirles que lo que se dice en esos cánticos, la proclamación de que la victoria es de Jesucristo, o como decía otro canto: ”Él es nuestro Capitán, Él va delante de nosotros y tras sus huellas vamos nosotros”.

Ese mensaje, créanme por favor, va a ser cada vez más necesario, porque si existe en el mundo una persona tan endurecida que Dios le regala una señal ante sus ojos y niega al Dios que le dio eso, quiere decir que sí va a haber persecución, sí, sí la va a haber, la Palabra de Dios sí se va a cumplir, y nosotros, como testigos de Jesucristo, tenemos que saber unir la alegría del amor que hemos recibido, con la fuerza del amor que nos envía al combate.

Tenemos que saber que estos son tiempos en los que es preciso mantener la perseverancia, Jesús nos ha dicho en el evangelio de hoy: "El que persevere hasta el fin, ése se salvará" San Mateo 24,13; no dijo: "El que aplauda una vez", ni dijo: "El que dance cincuenta veces, ni dijo: "El que se sienta feliz una vez o cincuenta veces".

Él dijo: “El que persevere hasta el final” San Mateo 24,13, y esa es la fuerza de amor que nosotros necesitamos, fuerza de amor hasta el final.

Quiero terminar estas palabras recordando un modo muy bonito que aprendí en un retiro espiritual, para meditar en esto de lo que significa "hasta el final", "hasta el ultimo día".

Aprendí esto: tú hazte esta pregunta: ¿estás dispuesto a morir pronunciando el nombre de Jesucristo, invocando su Santísimo Nombre, confiando en su bendita gracia? ¿Estás dispuesto a poner en Él tu esperanza en la última hora de tu vida, cuando tal vez no estén todos estos cánticos, ni todos estos aplausos?