I336003a
Fecha: 19991120
Título: “Estad siempre despiertos”
Original en audio: [14 min. 27 seg.]
CONTINUARÁ LA REVISIÓN...
Aunque la primera lectura termina con un parte de victoria, porque lo que querían los Macabeos se logró; es decir, expulsar al enemigo y cancelar la profanación del templo, levantar de nuevo el altar, restablecer el culto.
Aunque, todos esos objetivos se lograron e incluso más, porque, el enemigo de ellos, Antíoco Espifanes murió en medio de la depresión de su alma, según dice el primer Libro de los Macabeos.
Y, en medio de la podredumbre de su cuerpo, según cuenta el segundo Libro de los Macabeos; aunque todo eso se logró, y aunque el sabor de la primera lectura es de victoria, de todas maneras, el evangelio nos advierte la vigilancia.
Aquí, hay una enseñanza para la Iglesia “Toda victoria es provisional, toda victoria es relativa”. Muchas veces, los tiempos de victoria, los tiempos de prosperidad en la Iglesia son tiempos oscuros.
Cuando luego se miran con la lente de los siglos, porque fueron los tiempos en que se perdió el fervor, en que se perdió el entusiasmo, en que se le quitó la gloria a Dios, en el que faltó la oración continua.
Es más difícil, me parece a mí, permanecer unidos a Dios y dándole a Él toda gloria, cuando llegan los tiempos de prosperidad que cuando estamos en tiempos de persecución, o de adversidad.
De hecho, como cuenta la historia después de todos esos triunfos que canta el Libro de los Macabeos, no fue mucho lo que quedó; unos poquitos años, casi ni siglos, después, encontramos a los Judios divididos.
Fariseos, saduceos, herodianos, zelotas, y encontramos de nuevo un imperio extranjero, ya no el imperio helenístico, sino el imperio romano. Si, muy bonito escuchar ese parte de victoria: "¡Vencimos! ¡Reconsagramos el templo! ¡Restablecimos el culto!"
Pero ¿qué quedó de todo eso? No quedó mucho; porque esos triunfos no estaban unidos al hambre inagotable por la gloria de Dios, al celo inexaudible por su amor, por la extensión de su reino.
Éste, en cambio, es el sello de la verdadera santidad; en palabras del Nuevo Testamento está en las advertencias pertinentes, por ejemplo, dice San Pablo “El que está en pie, mire, no caiga” (véase )
O, lo que dice Nuestro Señor Jesucristo en el texto del evangelio de hoy, “Estad siempre despiertos, siempre” San Lucas 21,36. Cuando las cosas van mal, y nos amenazan por todas partes, el peligro nos mantiene despiertos.
Pero, cuando las cosas van bien; el cálido abrazo del éxito, y la prosperidad produce somnolencia, produce descuido, como aquel ricachón, del que nos habló el mismo Señor Jesucristo.
Que cuando todo le salió bien dijo “Y, ¿Ahora qué voy hacer? ampliaré mis graneros, almacenaré la gran cosecha, y después le diré a mi alma “Túmbate, come, bebe; tienes una fortuna para muchos años” Y, se echó.
Por eso, porque sentía que todo iba bien; Jesús da la advertencia para los tiempos en que las cosas van mal, y para los tiempos en que van bien; casi diría yo “Que este evangelio de hoy, es más para cuando las cosas van bien, y no parece que haya peligro a la vista”
“No se os embote la mente con el vicio, la bebida, la preocupación del dinero; no se os embote la mente” San Lucas 21,34. Es casi más para el tiempo en el que los éxitos relativos atraen la codicia humana hacia éxitos mayores, hacia una prosperidad más amplia.
El libro de los Macabeos es bonito para ver fortaleza; es bonito para ver ¿Cómo esta gente se sacrificó por Dios? Y, esa generosidad de alma, es bonito; pero no es el Nuevo Testamento.
Es bonito para ver ¿Cuánto hicieron ellos? Pero es pobre para reconocer ¿Cuánto quiere Dios? El que quiera saber ¿Cuánto quiere Dios? Tiene que irse al Nuevo Testamento, y tiene que reconocer esa obra de la gracia, que es la que nos mantiene siempre despiertos.
Quiero terminar estas palabras recordando la impresión que me causó este versículo 36 del capítulo 21 de San Lucas: “Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del Hombre”
Cuando los ermitaños camaldulences estaban todavía en Envigado, cerca de Medellín, tuve ocasión de visitarlos por unas dos veces, y en la puerta había un inmenso letrero que tenía estas palabras: “Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y mantenéos en pie ante el Hijo del hombre”.
Especialmente, la vida consagrada es una respuesta a ese llamado de Jesús; por eso la vida consagrada es como una manera de no dejarse llevar por la prosperidad. A ver si puedo desarrollar un poco esta idea con la ayuda que me dé Dios.
Dijimos que la adversidad lo despierta a uno, y la prosperidad lo adormece; por lo tanto, ¿Si en la vida consagrada se cumple de modo particular lo que dice este versículo? “Estad siempre despiertos” San Lucas 21,36.
Es que, es una vida que contiene la suficiente dosis de adversidad continua, de incomodidad permanente, de desadaptación diaria, cotidiana; la suficiente dosis de desadaptación, o lo que hoy llaman los teólogos de la vida religiosa; “Desinstalación” la suficiente dosis como para que la persona esté siempre despierta.
El seguimiento de los consejos evangélicos, en el fondo, es eso; es como tener tres aguijones que continuamente lastiman mis intereses, que continuamente me colocan en situación de adversidad, que continuamente me despiertan.
Cada vez que uno va haciendo su pequeño imperio, aparece un superior; ahí aparece, y asoma a ver ¿Qué? Ah, entonces, no estoy en un imperio, no me puedo dormir; no se puede dormir usted. Cada vez que la comodidad de amar y de sentirnos amados, y del amor al consentimiento y del consentimiento, algunas veces, a la sensualidad.
Cada vez que uno va sintiendo las cobijas del cariño, y ya está arropado en las cobijas del cariño, entonces viene el problema. Acuérdese que usted está llamado a amar con libertad, usted no puede casarse, no sólo con ninguna persona, sino con ningún partido, con ningún grupito, con ninguna rosca, porque hay gente que celebra matrimonio hasta la muerte con una rosca.
No, usted tiene que permanecer célibe, también, de roscas, de partidos, de tendencias; usted tiene que permanecer libre; entonces, el aguijón de la castidad hace que la persona se despierte, y diga: “Entonces, ¿no dicen que éste es el paraíso?” No señor, no es el paraíso.
Esto es para que se mantenga despierto, y así, está uno despierto; y lo mismo sucede con la pobreza, con el compartir de los bienes; uno quiere disponer de las cosas hasta el día en que uno está moviendo un libro de aquí para acá.
Y, le dicen “No, espere que yo quiero moverlo para otro lado", y ahí se da cuenta que no es dueño de las cosas, y en ese momento uno se despierta. La vida consagrada tiene incorporada la incomodidad, la adversidad, la contradicción, la contrariedad.
Tiene incorporado, eso; los predicadores actuales y los teólogos de la vida religiosa aturdidos por todos los ataques de la psicología contemporánea; han tratado de inventar una vida religiosa que sea completa, plena, como quien dice: “Aquí no falta nada, aquí tendremos la completa realización humana, la plenitud de desarrollo humano”
Para esas teorías, tengo yo una interjección ¡Pamplinas! Eso no es así; sobre todo en la vida religiosa femenina, más me he visto yo en la vida religiosa apostólica que en la vida religiosa contemplativa.
En la vida religiosa femenina, si que oye uno eso; se les enseña a las postulantitas, a las jovencitas, y a las señoritas; se les enseña, que tienen que ser plenas, mujeres completas, como personas; pues, si; se necesita que la persona sea equilibrada para que no se vaya a caer por una calle.
Se necesita que sea equilibrada, pero equilibrado no significa lo mismo que completo; precisamente, en algunas predicaciones, con estas amigas del grupo de vírgenes hemos llegado a esas conclusiones.
Una cosa es ser uno equilibrado, y otra cosa es ser uno completo; si, uno tiene que ser equilibrado, que es mantener la sensatez, la ecuanimidad, la prudencia, el espíritu de justicia, y sobre todo, el no buscar la solución de las cruces de uno, en las demás personas.
En eso tiene que ser uno equilibrado; en eso, pero una cosa es ser uno equilibrado, y otra cosa es que a uno no le hagan falta las cosas, a mí si me haría falta muchas veces, no sé ustedes, que de pronto estén en un grado muy alto de perfección, del cual se pueden caer y romper la crisma.
Pero, en el caso mío; yo siento que hay una cantidad de cosas que me hacen falta, una cantidad de cosas en que quedo incompleto; cada rato me estrello con mi debilidad, con mi limitación; cada momento, y eso ¿De qué me sirve?
Me sirve para acordarme de los benditos camandulences, y este versículo: “Estad siempre despiertos”. Imagínense ¿cómo me voy a dormir yo en la vida espiritual? No se puede uno dormir.
Es que el Espíritu Santo se inventó esta forma de vida para que uno no se pudiera dormir; porque cada que se está durmiendo, se golpea contra algo, tiene un problema, y ahí, entonces despierta.
A menos que toda la comunidad traicione su carisma; en ese caso, el Espíritu Santo tendrá que inventar otros recursos; como, por ejemplo, mostrar las miserias comunitarias para que la comunidad despierte, para que la comunidad también responda su propio llamado.
Con estas reflexiones estamos culminando ya, nuestro Año Litúrgico; estamos a las puertas de celebrar a Jesucristo como Rey del Universo, a recordar que ese Hijo del hombre, ese Hijo de Dios viene a nosotros, viene con poder, viene con majestad.
Nosotros no estamos despiertos solamente como un esfuerzo de perfección individual, tal vez narcicista, estamos despiertos por amor, porque estamos aguardando a que venga Él, que es nuestro Rey, nuestro amigo, nuestro juez, nuestro esposo.
Queremos que venga Él, esperamos su retorno, queremos ver el triunfo definitivo de su pascua.
______________________ Observación: Faltó la cita de San Pablo