I335002a
Fecha: 20111118
Título: Ser discipulo de Cristo es asumir como propios los intereses de Dios
Original en audio: [4 min. 46 seg.]
El capítulo diecinueve de San Lucas contiene el pasaje del evangelio que hemos escuchado hoy, se trata de la escena de la purificación del templo.
Hay que observar dos cosas. Primera, que San Lucas nos ha hablado del templo al comienzo de la vida de Cristo. La primera gran salida de casa, la primera gran salida de Nazaret que hace el Niño Jesús es precisamente hacia Jerusalén, hacia el templo, y en Jerusalén dice Cristo estas palabras a María: "¿No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?" San Lucas 2,49.
Esa frase de Cristo niño describe muy bien el centro de su vida, la luz que orientó su camino y también el motivo de su misión. Jesucristo es Aquel que se ocupa de las cosas de Dios, su Padre; no tiene otro amor, no tiene otro interés, no tiene otra misión. No se afana ni se ocupa de nada diferente.
Y por eso es comprensible que el templo tuviera una importancia realmente mayúscula en el corazón de Cristo. Porque ese templo es al miso tiempo señal de la presencia de Dios, señal de su fidelidad, señal de su escucha, señal de su Alianza.
No es que Cristo idolatrara paredes, piedras o maderos; por supuesto que no. Pero hay un simbolismo profundamente denso en esa construcción que está llamada a ser casa de oración, según dijo el profeta Isaías.
Así que con ese mismo corazón de Jesús niño, ahora nos encontramos a Jesús adulto, que está resuelto a ocuparse de las cosas de su Padre, que toma entonces como suyos los intereses de Dios. Y este es un testimonio muy importante para nosotros, porque ser cristiano es obrar así, ser discípulo de Cristo es obrar así, ¿así cómo? Obrar así significa asumir en nuestro corazón los intereses de Dios, que nos importe lo que se le hace al Nombre de Dios, que nos importe cómo se tata el Nombre, la gloria la fama de Dios, pues así obra Cristo.
Pero aquí viene la segunda anotación: mientras que el Evangelista San Juan presenta la escena de la purificación del templo al principio del ministerio público de Cristo, Lucas y los otros Evangelistas presentan este momento de la vida del Señor hacia el final de su ministerio. Las dos cosas tienen sentido.
Lo que nos presenta San Juan es como diciendo que Cristo, durante todo su ministerio, durante toda su labor de predicación, de servicio, testimonio está purificando, purificando el cosmos entero, está purificando el universo, está purificando su pueblo. Ese es un modo de entenderlo. Pero también, como nos lo presenta por ejemplo Lucas, tiene mucho sentido.
La purificación del templo aparece al final del ministerio de Cristo, porque realmente llegar a ese templo es como llegar al corazón de Israel. Así quiere también Cristo llegar al corazón de cada uno de nosotros, para también ahí crear un espacio digno y limpio para Dios.