I333002a
Fecha: 20111116
Título: ¿Que frutos le presentaremos a Jesucristo cuando El vuelva?
Original en audio: 4 min. 48 seg.
Los días entre semana tomamos el evangelio en una secuencia: primero, de Marcos, pasajes sucesivos nos van llevando por todo el evangelio de Marcos. Terminamos Marcos y entonces empezamos con San Mateo, y después de muchas semanas con San Mateo, empezamos con Lucas. Esa es la manera como se distribuyen los pasajes el Evangelio para la Misa en las Misas de entre semana: primero Marcos, al principio del año, luego Mateo, y luego Lucas.
Y resulta que ya nos encontramos en el capítulo número diecinueve de San Lucas, es evidente que estamos llegando a la culminación del Año Litúrgico.
Y está bien que utilice yo la palabra "culminación" porque de eso es de lo que se trata, de llegar al culmen. El Año Litúrgico no es simplemente una repetición, sino que es una invitación reiterada; el Año Litúrgico es la insistente llamada del amor de Dios, a través de la celebración de la Iglesia, para que nosotros asumamos más y más la Palabra de Cristo, el Espíritu de Cristo, el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Para eso tenemos la Liturgia, para unirnos a nuestro Salvador y para ser uno con Él en la ofrenda de alabanza al Padre Celestial.
Bueno, este Año Litúrgico va llegando a su culminación, de hecho el próximo domingo ya es el domingo de la solemnidad de Cristo Rey, es decir, el domingo culmen, el domingo que nos recuerda que finalmente todo este camino, toda esta celebración, es un modo de reconocer lo que un día verán nuestros ojos por misericordia de Dios.
Y por supuesto, como esa mirada, esa contemplación final de Cristo Rey es también el final de la historia humana, es tiempo para que cada uno se pregunte qué está haciendo y qué ha hecho con lo que Dios le ha dado. Los textos tomados por la Iglesia para estos días ciertamente nos ayudan en ese propósito.
Hoy, por ejemplo del capítulo diecinueve, tenemos la parábola de las minas. Este es un rey que da una suma de dinero,-una mina era una suma de dinero, no se refiere a ese socavón para sacar metales u otros materiales preciosos o útiles-. No, una mina aquí es una medida de peso, es una medida de algo que es útil y valioso.
Y entonces este rey ha dejado un pequeño tesoro a diez personas distintas, ¿y qué ha sucedido? Pues ha sucedido que algunos han aprovechado bien ese tesoro, lo han multiplicado, mientras que hay otros que han escondido ese tesoro, hay otros que han preferido ocultar los dones que Dios les ha dado y no han dado fruto, no son fecundos.
Y ya vemos el desenlace de la parábola: el que no fue fecundo perdió hasta lo que creía tener. Fíjate eso, ¿qué nos está enseñando? Que cada uno de nosotros tiene que aprovechar lo que Dios le ha dado, y que cada uno de nosotros tiene que aprender a ser fecundo. Ser fecundo es lo mismo que nos dice el Evangelista Juan en palabras de Cristo: "Yo os he escogido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, un fruto abundante, un fruto que dure" San Juan 15,16.
Y eso tenemos que preguntárnoslo, porque la historia humana va avanzando, Cristo ha de venir, nosotros tenemos que presentar nuestra existencia ante el Hijo de Dios, y la pregunta es si estamos dando fruto, qué es lo que brota de nosotros, qué es lo que queda de nuestros esfuerzos.
Esas preguntas debemos hacerlas delante del Señor, Juez de vivos y muertos.