I326002a
Fecha: 20111112
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Original en audio: [4 min. 11 seg.]
Entramos ya al capítulo número dieciocho del evangelio según San Lucas. Como los corredores, al llegar a ese tramo final aceleran, así también Cristo, llegando al final de su recorrido, llegando al final de su misión parece que se apresura queriendo dejar impresas en nuestras almas las enseñanzas más necesarias, especialmente las que en realidad necesitaremos en los momentos de dificultad.
Hoy, por ejemplo, nos invita el Señor Jesús a apegarnos con perseverancia a la oración, y utiliza Jesús en este capítulo dieciocho uno de los recursos, yo diría mas inteligentes y al mismo tiempo más caritativos de su arsenal pedagógico. Lo que utiliza Jesucristo es ponerse en el lugar de la persona que tien dificultad, de la persona que no logra entender, de la persona que no sabe que hacer.
Y cuando alguien, por ejemplo, no se siente escuchado por Dios, ¿qué opinión se forma de Dios? Pues que Dios es un juez, pero un juez injusto, que Dios tiene poder, pero que lo utiliza de un modo caprichoso, eso es lo que siente la persona cuando está verdaderamente en crisis. Y Dios envía a su Hijo Jesucristo, y este Cristo nos va a contar cómo es el verdadero Dios.
Pero fíjate hasta dónde llega su pedagogía y hasta dónde llega su ternura, que para contarnos cómo es el Dios verdadero, primero se pone en el lugar de aquel que tiene deformada la imagen de Dios, y por eso la palabra de Cristo es: "Mira, aunque Dios fuera ese juez caprichoso, ese juez prevaricador, ese juez que no hace justicia, aunque ése fuera el verdadero Dios, pues te va mejor perseverando en la oración.
¡Qué gran pedagogía la de Cristo! A la persona que se siente no escuchada, pues no le convence que se digan cosas muy bonitas de Dios; pues Cristo se pone en el lugar de esa persona y realmente lo que le está diciendo es: "Mira, aunque Dios fuera así, aunque ese fuera el Dios real, te va mejor perseverando en la oración".
Y por eso Cristo viene a quitarnos ese pretexto o esa disculpa que a veces puede disminuir, que a veces puede destruir tanto en nuestra oración. Y el que persevera ¿qué encuentra? Encuentra que no solo hay una respuesta para él, sino encuentra que ese Dios en el que él estaba pensando, ese Dios que era juez injusto, pues así no es Dios, pero lo tendrá que descubrir él a su momento.
¡Qué gran pedagogo Cristo! No discutamos de ideas sobre Dios, experimentemos su poder; no tratemos de defender a Dios o de maquillarlo, experimentemos su presencia; no entremos en una gran discusión o en un gran argumento, descubramos su acción, su poder, su obra, y todo lo demás irá encontrando su sitio.
Que es sea entonces nuestra actitud. A través de la oración perseverante, a través de la experiencia viva y directa con Dios, podremos contar quién es Él realmente, y admiraremos todavía más a esta gran Maestro: Jesucristo.