I316002a
Fecha: 20111105
Título: Reconozcamos el valor intrinseco que tiene cada cosa que hacemos y jamas despreciemos aquellas que parecen pequenas
Original en audio: [4 min. 25 seg.]
En este capítulo número dieciséis de San Lucas encontramos a Cristo en posición de Maestro, es lo suyo, Él es el que nos muestra el camino; pero un Maestro que habla con, podríamos decir, con franqueza, casi con rudeza.
Hoy, por ejemplo, está Cristo haciéndonos ver la diferencia entre aquello que vale poco y aquello que vale mucho; y hay una frase que es clave: "El que es de fiar en lo poco, es de fiar en lo mucho" San Lucas 16,10. Es decir, Cristo quiere que nosotros valoremos lo que hacemos, no tanto por lo que se pone en nuestras manos, sino por la limpieza de esas manos y de ese corazón.
Aquel que cree que lo que tiene entre manos es poco, y por eso lo puede desperdiciar, no se da cuenta que antes que desperdiciar lo que se le ha encomendado, está desperdiciando su tiempo, su vida, su corazón, su oportunidad de crecer en la virtud. Podemos decir, con algo de filosofía, que aquí Cristo quiere que distingamos muy bien entre el obrero y su obra. El Papa juan Pablo lo describió muy bien en su encíclica "Laborem Exercens". Dice: "Al trabajar, el trabajador transforma el mundo, pero también se transforma a sí mismo". Él se vuelve distinto.
Cuando hacemos algo, el mundo se vuelve diferente, pero nosotros también cambiamos, porque dependiendo de la calidad, la formación, el corazón con el que hagamos las cosas, nosotros también somos personas distintas. Y ese valor que podemos llamar intrínseco, ese valor interno, intrínseco del trabajo, no depende entonces de aquello en lo que nos estemos ocupando. Una labor muy humilde se puede hacer con un valor inmenso para el cielo.
No hace mucho estábamos recordando a San Martín de Porres, y su camino de santificación, pues, estuvo marcado por la escoba, por eso se le llamaba "Fray Escoba"; lo que hacía era humilde, pero la manera como lo hacía era tan preciosa, era tan entregada a Dios, que eso tan pequeño se volvió grande.
¿De qué sirve recibir grandes encargos si nuestras manos están sucias? ¿De qué sirve recibir grandes encargos si nuestro corazón es torpe y miope para reconocer esa grandeza y esa belleza? No son las cosas que recibimos las que nos van a hacer valiosos, somos nosotros los que le damos el valor a esa escoba, los que le damos el valor a ese trabajo.
El principio de valor no está en las cosas, el principio del valor está en nosotros. Y por eso, a medida que descubrimos el valor interno, el valor intrínseco de las cosas en la manera como trabajamos con ellas, entonces nosotros mismos somos transformados; y por eso, el que aprende a ser fiel en lo poco, se vuelve diferente, es él quien cambia, y entonces es de fiar en lo mucho.
Que Dios nos permita reconocer el valor de cada cosa que hacemos. Jamás menospreciemos lo que parece pequeño, porque ahí también se forma nuestro corazón, y ese es el verdadero valor.