I306003a

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La primer lectura de hoy está tomada del capítulo 11 de la Carta a los Romanos. Como hemos comentado antes, tres capítulos de esta carta, particularmente esos 3: 9,10 y 11 nos describen un poco, nos dejan asomarnos, al drama del apóstol San Pablo, Judío de raza y nacimiento, convertido a la fe en Jesucristo, pero para Pablo convertirse a Cristo, no es renegar de sus raíces judías, porque resulta que Cristo es quien había sido anunciado por los profetas empezando por el mismo Moisés. Moisés dice en el libro del Deuteronomio: “ El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo” (Dt 18,15). El anuncio de un nuevo Moisés, es algo que no inventaron los cristianos, es algo que está ya en el Deuteronomio y luego a lo largo de los siglos hay anuncios constantes que van mirando hacia el futuro, y que luego uno reconoce como verdaderas señales que apuntan hacia Cristo, así por ejemplo cuando Ezequiel nos dice: “Que Dios quiere sacarnos de nuestros sepulcros y quiere darnos un corazón nuevo” (cf Ez 37,12-14) o cuando Jeremías dice: “Que se necesita una nueva alianza” (cf. Jr 31,31-34).

Lo anterior ya nos hace mirar hacia Cristo, sobre todo cuando recordamos momentos como aquel de la última cena en que Cristo dice: “Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo: «Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados” (Mt 26,27-28). Así pues Pablo no reniega de su condición de judío para hacerse cristiano, más bien la relación que ve Pablo entre su judaísmo el cristianismo es como la relación que hay entre una semilla y una planta o como la relación que hay entre el niño que fui y el adulto que ahora soy o como la relación que hay entre el hambre que me hace desear alimento y luego el banquete en que se me ofrece ese alimento, son varias las comparaciones que pueden servirnos para estudiar esta relación. Pero la pregunta que desgarra el corazón de San Pablo, es: ¿Por qué otros tantos judíos no dan ese mismo paso? ¿Esta no es una pregunta teórica en la cabeza de Pablo? Es algo que él experimentó con dolor en su propia carne, porque predicando en la sinagoga de lo que hoy es Turquía y en ese entonces se llamaba Asia Menor, Pablo muchas veces experimentó las durezas de corazones que le daban la espalda a su predicación. El experimentó en su carne castigo, fue azotado como si fuera un blasfemo, fue expulsado de muchas sinagogas, y por lo menos en dos ocasiones tuvo que decir aquello que está en el profeta Isaías: De verdad que ahora toca dirigirse a los gentiles, “yo te destino a ser la luz de las naciones” (Is 49,6); es decir de los no judíos, porque se da cuenta que las puertas del judaísmo están cerradas, selladas y no pretenden otra cosa, sino mantener su estado, sus privilegios, entonces ese es el dolor que aparece en estos capítulos, pero en medio de ese dolor surge una esperanza y esa esperanza que es de Pablo tiene que ser esperanza nuestra, porque nosotros no hemos de regocijarnos, ni hemos de excluir jamás al pueblo de la primera Alianza, lo mismo que Pablo no tuvo que renegar de su judaísmo para ser cristiano, sino que vio en Cristo la plenitud de lo que le había sido prometido al pueblo de la primera Alianza, así nosotros no debemos renegar del pueblo de la primera Alianza, si no que con gratitud de de injertados en el antiguo libro como dice San Pablo, hemos de pedir para que los corazones de nuestros hermanos mayores en la fe, es decir para que los corazones de los judíos, puedan reconocer en el Mesías en Jesucristo Santísimo hijo de la Virgen María, pueden reconocer el cumplimiento de todo lo que Dios les había ofrecido, el cumplimiento de todas las promesas. Dice San Pablo: “Si cuando ellos fueron excluidos se abrieron puertas de predicación para los paganos, es decir si su exclusión trajo salvación, cuanta más alegría traerá su conversión” (cf. Rm 11,11-15).

Así que hemos de pedir por una conversión, una conversión que no significara renegar de lo que Dios les ha dado a ellos, sino más bien descubrir en eso que Dios les ha dado un camino que finalmente apunta hacia la gloria de Cristo, bendito se Él por los siglos de los siglos. Amen.