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La primera lectura del día de hoy ha sido tomada de la carta a los Romanos del capítulo 9, conviene recordar algo sobre la estructura de Este documento que llevamos leyendo ya hace algunas semanas. Básicamente el mensaje de la cCarta a los Romanos es que Dios ofrece en su hijo Jesucristo la salvación, y esa salvación la entiende y la recibe con gozo aquel que conoce su propia condición de necesidad, aquel que conoce su propia condición de pecado, ya se trate de un judío o un no judío, el gran descubrimiento es que en verdad somos pecadores.
El siguiente descubrimiento maravilloso que Dios nos ofrece a través de su hijo Jesucristo, es la salvación. ¿Qué hay que hacer?. No es algo que nosotros podamos comprar, negociar o merecer, lo que hay que hacer es aceptar, acoger con gozo y gratitud en nuestro corazón lo que el Señor nos ofrece, esa es la propuesta sencilla pero infinitamente profunda del apóstol San Pablo, este es el tema general de la Carta a los Romanos, pero dentro de esta carta hay tres capítulos 9,10 y 11; que parecen desarrollar un tema diferente y ese tema tiene que ver con la persona misma de Pablo, hasta el capítulo octavo Pablo viene desarrollando su tema, es decir que toda la humanidad está necesitada de salvación porque todos hemos pecado, judíos y no judíos, que Dios ofrece salvación para todos en la persona de Cristo, que la salvación se recibe por fe y se concreta en el don del bautismo y luego se vive como una especie de camino, camino de gracia y de gloria a través de la vida en el Espíritu, como la ha descrito en el apóstol Pablo en la capítulo octavo de esta misma carta a los Romanos.
Siendo así las cosas, se diría que ahí está completo el tema, pero es que Pablo no es simplemente un profesor y es aquí donde viene el elemento diríamos bello, dramático de la Carta a los Romanos. Pablo no está dando simplemente una cátedra de cómo Dios ha hecho las cosas y cómo todo encaja perfectamente, la antigua alianza, la nueva alianza, la salvación por la fe, el don de la sangre, el bautismo, la vida en el espíritu, no es solamente reunir esos elementos en un buen discurso. Pablo no es solamente un catedrático, es un testigo es un hombre que tiene familia, pueblo, raza, raíz y que ama, de hecho es un hombre que ha empeñado buena parte de su vida solamente a conocer la palabra de Dios, de un modo apasionado, casi diríamos obsesivo.
Durante la época de fariseo, Pablo se obsesionó por la palabra de Dios, estudio con los mejores maestros, dejó de lado cualquier otro negocio, no se casó, según todas las indicaciones, el empeño de él, estuvo por completo en esa palabra avivando cada vez más la conciencia, conciencia agradecida de pertenecer al pueblo de la elección y ahora viene la pregunta: ¿El pueblo que ha recibido las promesas, el pueblo que ha recibido la ley, el que escuchó la voz de Moisés, al que Dios envió en primer lugar a su Hijo, dónde está? Esta rechazando el Mesías en buena parte, unos cuantos como el mismo Pablo, unos cuantos no, pero muchos han rechazado y siguen rechazando al Mesías.
Pablo no es simplemente un profesor, podemos decir que en el capítulo nueve de la Carta a los Romanos, Pablo deja de ser un profesor para empezar a mostrarse sobre todo como hermano en la fe, como testigo, como hombre que siente profundamente en su alma el dolor de la ingratitud de su pueblo, ese es Pablo de Tarso, eso es lo que él encuentra, ese es el dolor de su alma, y ese dolor tenemos que compartirlo nosotros, no para atacar al pueblo elegido, no para hablar mal del pueblo judío, sino para amar y orar por ellos, suyas son las promesas, suyo es según la carne el Mesías, dice Pablo y en su dolor se desgarra y dice: “Yo mismo desearía ser maldito, separado de Cristo, en favor de mis hermanos, los de mi propia raza” (Rm 9,3). Cuanto amor hay en esas palabras, que ese amor lo tengamos nosotros como gratitud por el pueblo elegido, por el pueblo de la primera alianza, y que entendamos a partir de ahí, cuanto tenemos que valorar nosotros, el poder creer en Cristo, a Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amen.