I305002a
Fecha: 19991029
Titulo: La Palabra de Dios es siempre actual
Original en audio: [30 min. 18 seg.]
No cabe duda que las lecturas que acabamos de escuchar suenan un poco lejanas a nosotros. En la primera lectura, San Pablo sufre por los romanos, mejor dicho, escribiéndole a los romanos sufre por su pueblo, el pueblo al que pertenece Pablo, el pueblo judío, sufre por ellos.
Y en la lectura del evangelio nos encontramos a Cristo enfrentado, podríamos decir, con la dureza de ese sistema judaico, ese sistema judío que llegó a hacer de la misma Ley de Dios una especie de ídolo, y por lo tanto, un obstáculo para encontrarse con Dios.
O sea que la palabra que une, el concepto que une las dos lecturas de hoy es, el ser judío o el judaísmo, ese es el concepto que une las dos cosas; pero para nosotros los judíos son personas lejanas, así tengamos incluso una sinagoga cerca de la casa, los judíos son gente que está lejos.
¿Dónde conseguimos judíos? ¿Dónde viven judíos? ¿Qué tienen que ver con nosotros los judíos? Pues muy poco, la historia cuenta algunas historias sobre ellos, de pronto alguno de nosotros ha tenido algún negocio con personas de esta religión, o algún trabajo que tenga que ver con ellos.
¿Pero qué tiene que ver eso con nosotros? Parece lejano, no debería parecernos tan lejano. Aquello que aconteció al pueblo judío es de máxima importancia para nosotros, porque dice San Pablo: “A ellos les pertenece la presencia de Dios, les pertenecen los patriarcas, la Ley, la alianza, las promesas, Cristo mismo según la carne viene de ellos" Carta a los Romanos 9,4.
y sin embargo perdieron a Cristo, en su gran mayoría; no reconocieron, o parece que no reconocieron a Cristo, en su gran mayoría.
Desde luego esto no debe fomentar en nosotros actitudes antisemitas, de ningún modo y Dios me libre, estoy haciendo propaganda a cualquier actitud que vaya en contra al pueblo judío como tal, no es eso además lo que me interesa para esta predicación, sino me interesa que nos hagamos una pregunta: ¿cómo podemos estar tan cerca, tan cerca del Salvador y perder la salvación? Esa es la pregunta que sí es actual, bueno, seguramente habrá otras.
Esta es la que yo quiero compartir con ustedes. Estos judíos, a quienes pertenecen los patriarcas, la Ley, la presencia de Dios, las promesas, la carne misma del Salvador viene de ellos, y sin embargo han perdido la salvación.
Este sí es un enigma para nosotros, es una pregunta que nos hacemos, es una inquietud siempre válida, ¿cómo se puede estar tan cerca del Salvador y sin embargo perder la salvación?
Y aquí sí me parece que el tema con los judíos no está tan lejos de nosotros, ahí sí no estamos lejos, porque cuando uno se pone a pensar en lo que es la situación del pueblo católico, uno tiene la sensación de que muchas veces pasa lo mismo, es decir, que se tiene muy cerca al Salvador y que sin embargo se pierde la salvación, y los ejemplos, para esto último, no son difíciles de encontrar, no es nada difícil de encontrar.
Pensemos, por ejemplo, en la manera de cómo vivimos los sacramentos, y no sólo nosotros, la mayor parte, o incluso más en la mayor parte del pueblo católico, ¿de qué manera se vive la confesión, cuando se vive? ¿Cuánto tiempo pasa entre una confesión y otra? ¿Cómo nos preparamos para la confesión?
¿Con qué gozo, con qué alegría, con qué agradecimiento recibimos la confesión? ¿Qué hacemos con ese regalo maravilloso de amor y perdón que es la confesión? ¿No es eso como algo así como estar muy cerca delSalvador, y sin embargo muy lejos de la salvación?
Pensemos en la Santa Misa: cuántas disculpas, cuántas explicaciones, cuántas objeciones fácilmente tenemos que nos separan o que por lo menos nos han separado muchos años de la Santa Misa: "Es que el sonido de la Iglesia, es que la voz gangosa del padre, es que la gente que se distrae y uno que se distrae viendo a los distraídos, es que, es que… "
Bien, "-¿y eso anula la riqueza y de tesoro que es la Eucaristía?" "-Pues no", "-¿y sin embargo tú lo has perdido?" "-Pues sí", "-¿no es eso estar muy cerca del Salvador y muy lejos de la salvación?
Cómo es posible que tenga más peso el tono de voz del sacerdote, el sistema de sonido de la iglesia, que eso tenga más peso que la verdad del sacrificio de Cristo, el sacrificio redentor de Cristo? "-Ah, pero es que si a uno no le explican y si al padre no se le entiende y el sonido es fastidioso entonces uno se aburre y uno no vuelve a Misa".
"-Qué pesa para ti, la verdad de la presencia eucarística? ¿Cuánto pesa para ti? "-¿La qué de qué?" No sabemos. Desde luego, esta no es una disculpa para la negligencia de los párrocos, ni es una disculpa para la mala preparación de los sacerdotes en la predicación, ¿pero siempre le podremos echar la culpa a otros? ¿Nunca tendremos responsabilidad nosotros? ¿Nunca?
Realmente, podremos llegar al punto de decir que sí, que si Dios entonces no me manda sacerdotes elocuentes, con un tono de voz agradable, y con un buen sistema de sonido, entonces jamás le vuelvo a comulgar, oiga, pero ¿qué lógica tiene esto?
¿Cuánto pesa para ti entonces el amor con que Jesús dejó la Eucaristía? O sea, pesa más para ti el empaque que el regalo, ¿eso no es estar muy cerca del Salvador y muy lejos de la salvación? Y pensemos en la manera como nosotros nos relacionamos con las personas de Dios, con las cosas de Dios, y llegaremos a un análisis semejante.
A cuántos sacerdotes conoce usted, creo que cada uno de nosotros podría hacer una lista pequeña o grande, -en muchos casos no sería tan pequeña-, ¿qué ha recibido usted de ellos? ¿Cómo los ha tratado usted? ¿Qué ha aprovechado usted de ellos? ¿No sucede con alguna frecuencia que de los sacerdotes nos interesa más, por decirlo así, su parte humana?
Me decía un sacerdote, o nos decía a un grupo de religiosos predicando sobre una situación que se nos presenta, la situación de las personas que se enamoran de los sacerdotes, porque claro, hay veces que el sacerdote es infiel a su vocación y él se enamora, pero otras veces que sucede que las personas se enamoran de los sacerdotes, y decía este anciano predicador, bueno era anciano, pero sí era de una edad media, tendiendo como ya a tercera, ¿no?
Decía este padre, que había recorrido mucha vida, decía: "Mire, un sacerdote es una persona que tiene una cultura muy amplia, usualmente, es una persona que ha tenido que desarrolladar cierta inteligencia, es una persona que tiene una psicología práctica muy profunda, es una persona, en fin, que sabe agradar, entre otras cosas, porque el esfuerzo ministerial, el esfuerzo pastoral, lleva a tratar de agradar de alguna manera.
Y decía este padrecito: "Ténganlo ustedes claro, que en esta escasez que a veces se presenta, no solo de cultura, sino en esta escasez que a veces se presenta de un afecto que tenga cierta pureza, que tenga cierto candor, que tenga cierta limpieza, eso fastidia, eso cansa a la mujer.
Sentir que todo el que la quiere no la quiere sino para utilizarla y para placer, eso cansa a la mujer, eso la fastidia, encontrarse con una amistad que no tiene como ese horizonte, que no tiene como esa expectativa, pues eso en muchas mujeres, o en número considerable, causa una impresión muy grande y de esa impresión se puede pasar a una gran admiración y de una admiración a un cierto deslumbramiento, y ya deslumbramiento y enamoramiento ya se parecen mucho".
Bueno, el padre trataba este tema con mucha naturalidad, y yo creo que hay que tratarlo así con mucha naturalidad, sin agrandar y sin achicar las cosas.
Lo que yo quiero destacar es que me parece el peor negocio de la vida querer de esa manera a un sacerdote, es terrible, porque es precisamente preferir el modo humano y carnal de conocimiento al bien de la Palabra, como decía Santa Catalina de Siena: “Si quieres amar a los sacerdotes, ámalos como ministros de la Sangre de Cristo”.
Si tú no puedes mirar al sacerdote y sentir que te entusiasma, que te alegra que es un ministro de la Sangre de Cristo, quiere decir que tú, seas hombre o mujer, lo estás queriendo como persona humana que es, y estás haciendo un pésimo negocio.
Porque lo más entrañable del amor de ese hombre, lo que le llevó a decidirse por lo que es, no fue precisamente ni su inteligencia, ni su simpatía, si la tiene, ni su atractivo, si lo tiene, estoy seguro de que no fue por inteligencia ni por atractivo, ni por ninguna otra razón, sino porque se sintió cautivado en su alma por un amor más fuerte que él mismo.
Si tú no empatas, si tú no engranas, si tú no te enchufas a ese amor, que fue el que movió la vida de ese señor, te estás quedando con lo más pobre de ese hombre, así sea un hombre queridísimo, simpatiquísimo, un hombre como no ha nacido en esta tierra, "y si nace no se cría" dicen los paisas; te estás quedando con lo peor y con lo más pobre de ese hombre.
Pero bueno, aparte del caso del enamoramiento, que tampoco es tan frecuente, porque usualmente las personas tienen los pies en el piso y saben qué terreno están pisando, está el caso de la cantidad de personas que yo por lo menos he conocido, que a toda costa quieren ser amigos de uno.
Pero yo no sé expresarme bien, además, yo no pensaba hablar exactamente de esto en este momento; pero bueno, vamos a dejarnos guiar por el Espíritu Santo, está la cantidad de personas que simplemente quieren ser amigas de uno, sólo amigas. A mí me gusta tener amigos; pero no me gusta tener sólo amigos, el que sepa entender esa diferencia, entenderá también en dónde está mi corazón.
A mí me gusta tener amigos, pero no me gusta tener gente que sea sólo amiga mía; yo recibo muchas invitaciones, la inmensa mayoría de las invitaciones las descarto, procuro mejorar mi urbanidad, hacer cursos intensivos de diplomacia, que a veces se me notan y a veces no se me notan.
Yo por lo menos, y esto, repito, vale no sólo para mujeres, sino para hombres, parejas, familias, por lo menos yo he llegado a la conclusión de que las personas que quieren ser sólo amigas, son personas a las que yo no voy a servir con lo entrañable de mi alma, son caminos perdidos y son muchas veces personas que están muy cerca del Salvador y muy lejos de la salvación.
Les voy a contar cómo llegué yo a esta conclusión, entre otras cosas para que las personas no se extrañen de que yo, la mayor parte de las invitaciones, las rechace.
Llegué a esta conclusión porque hace años, en un grupo, conocí a una cierta señorita, muy amable ella, muy querida, muy formal, llegamos a tener una cierta amistad, y vino a pasar que la familia de ella hacía mucho tiempo era amiga de un cierto sacerdote; pero eran amigos íntimos, se volvieron amigos íntimos del padrecito, es decir, el padre no dejaba pasar dos días ni tres días sin ir a la casa de ellos.
Y estaba allá el padre, todo muy sano, -yo no estoy hablando aquí de la vida oculta o tenebrosa de los sacerdotes-, no, la cosa más sana de este mundo, el padre iba tomaba el té con galletas, compartía los apuntes sanos, además, el padre con un sentido del humor, válgame Dios, un padrecito aquellos: Padrecito cachaco, típico el hombre, ala, inteligente, muy sano todo.
Yo no estoy hablando aquí, repito, de tormentas afectivas y problemas, de faltas, no, simplemente el padre iba allá, departía, contaba, todo muy bien, todo muy sano, todo el mundo lo quería, era uno más de la familia, ¡cómo querían a ese padre!
Y obviamente, si iban a la finquita, la finquita clásica de la familia bogotana, una finquita allá en las afueras, en las goteras de la sabana, una finquita lo más querida, hombre, una finquita amable, ¿sí? "Padre, para que usted vaya allá y se dé sus descansos".
Y entonces ya todo el mundo sabía que podía ir con el padre, llevaban al padrecito, el padrecito ya tenía allá su mecedora, todo el mundo sabía: era la mecedora del padrecito,y el padrecito se sentaba en la mecedora suya, tenía una lámpara, y todo el mundo sabía: era la lámpara del padrecito, y tenía una pequeña bibliotequita, que era la bibliotequita del padrecito, donde estaban los libros del padrecito.
Todo muy cercano, todo muy íntimo, todo muy cariñoso. Pero resulta que yo llegué a esa familia por otra puerta, yo no tengo, para bien o para mal, estoy pensando cada vez que es para bien, yo no tengo todas esas capacidades de relación social, no tengo eso sino que muchas veces me sale lo chibcha, me sale lo huitoto o lo caribe, yo tengo revuelto.
Porque como mi familia es de todo el país, yo tengo revuelto, entonces me sale un poco lo africano, lo huitoto, lo caribe,lo chibcha, me sale, teniendo en cuenta que en muchas de estas familias indígenas eran muy cultas en muchos aspectos, aunque en otros también eran salvajes, en el sentido pobre y serio de la palabra.
Pues bien, resulta que yo como no tengo esas características, yo no llegué a ese hogar así, a mí nunca me asignaron mecedora, ni me asignaron bibliotequita, ni lamparita, siempre me miraron como una persona extraña: “-Muy buenas, padre, ¿como está? Mucho gusto, siéntese, procure no demorarse mucho, salir temprano, usted sabe, padre, a estas horas no le queda bien a usted salir“. Ese era más o menos, un trato seco, claro, yo era más seco todavía, que no me cuesta ningún trabajo.
Bueno, yo con ese estilo mío tosco seco, reseco cuarteado, llegué a saber que toda esa amistad era una fantástica hipocresía, porque resulta, que lo que yo hacía con la gente de esa casa no era ni visita ni cariño, sino que yo lo que hacía con esa casa era predicar cuando había algún evento en el que había que predicar, y sobre todo, siéntese y vea, oiga y confiese.
A partir de ahí dije yo: “Bueno, a ver, Nelson Medina, ¿a qué te llamó Jesucristo? ¿Cuál es tu vida? ¿Qué es lo que tú tienes que hacer en esta tierra? ¿Para qué fue que tú te entraste al convento?”
Y llegué a la conclusión de que detrás de esos inmensos cariños fácilmente se escurre la mediocridad, y es muy posible, que la gente pueda tener el sacerdote de cabecera, ya no estoy hablando de enamoramientos, no, el sacerdote que ha ido a todo, mire, es que ese sacerdote yo lo quiero tanto, y es un hombre bueno, ese padre va a morir engañado, eso lo que a mí me da pesar.
Mire, el padre bautizó a la señora, bautizó al señor, luego les dio la Primera Comunión, luego los preparó para la confirmación, luego los casó, les bautizó a los hijos, bueno, fue la historia de toda la vida, y no los conocía.
¿Quiere eso decir que los sacerdotes tienen que ser toscos, burdos, mal educados y mantenerse ajenos? No, quiere decir que el sacerdote y las personas que estén cerca del sacerdote, tienen que tener los ojos bien abiertos para ver cuál es el camino que se está haciendo en la fe.
Y si no se está haciendo camino en la fe, señor cura, lárguese de ahí, usted no tiene nada que hacer ahí; si usted no está evangelizando, si esa gente no está orientándose hacia la santidad, lárguese de ahí.
Y yo he tratado de tomar eso como especie de norma de mi vida, hay una cantidad de gentea la que esto no le gusta, entonces dicen: "Claro, por eso uno se va de la Iglesia, porque ustedes son gente extraña, agena, tosca, antipatica, burda."Yo digo: Tienen toda la razón, porque así somos, pero no olvide asistir a nuestras vigilias, a nuestros grupos.
No, es que el trabajo mío con usted es ese, yo me entré a la comunidad no para ser amigo suyo, me entré a esta comunidad, que se llama de la Orden de Predicadores, para predicar; si estoy haciendo bien lo que tengo que hacer, eso es lo que usted me tiene que exigir a mi, que yo sea lo que yo tengo que ser, ese es mi trabajo, lo cual no significa, desde luego, que uno viva siempre y perfectamente toda esa claridad y todos esos principios.
Se necesita mucho discernimiento, pero hasta donde yo alcanzo a ver, es muy difícil para un sacerdote que quiera orientarse seriamente a Jesucristo y que quiera orientar a las personas seriamente a Jesucristo, es muy difícil tener una amistad de cierta cercanía y de cierta longitud, es muy difícil que eso suceda.
¿Por que? Porque las personas fácilmente creen que porque tienen la amistad con el sacerdote, tienen la amistad con Jesucristo; y el sacerdote, que como ser humano necesita tanto cariño, necesita tanta comprensión, y hay conmigo una cantidad de gente que está en esa situación, es muy fácil para uno bajar la guardia y empezar a dejar y empezar a querer y a dejarse querer, y al poco tiempo ya le tienen a uno la mecedora, y después la lamparita, y después la bibliotequita.
Esta no es solamente una historia de sacerdotes, es una historia que yo veo también con las monjas, yo no estoy dudando aquí, yo espero que ustedes me estén ustedes entendiendo, yo no estoy o aquí dela castidad, de la pureza, no, no estoy metiéndome con ese problema, me estoy refiriendo es a que se vuelven amistades estériles.
Las monjas que yo conozco, de clausura y de no clausura, viven repletas de amistades que ni les sirven a ellas ni ellas les sirven.
De los problemas de los que tendrán que reformarse las religiosas, con la ayuda de Dios ante todo, con el fuego del Espíritu ante todo, es eso. Uno esperaría, por ejemplo, que las religiosas de clausura fueran como más, por decirlo así, como más exigentes en este punto, muchas veces no es así, y no vamos a decir mentiras.
Tienene allá la clausura del cuerpo, pero su atención divaga y divaga y divaga, tanto, que hay chistes irreverentes en ese sentido, como decir por ejemplo, "Si no se sabe en ese monasterio, no se saben en ninguna parte", señal inequívoca de que están llenas de amistades, y yo no estoy hablando aquí de nada tenebroso, no, simplemente que se van llenando de amigas y amigas, y la señora amiga, y Pepita Mendieta, y hable con la otra, y se le va la vida a eso.
Y hay gente que se vuelve amiga de frailes, amiga de religiosas, amiga de monjas ¡para nada! Si yo fuera, que no soy, gracias a Dios, -o no se si decir gracias a Dios-, si yo fuera tan radical como fue un antecesor mío en la Orden Dominicana, llamado Jerónimo Savonarola, que ése sí era radical, si yo fuera como Gérónimo Savonarola yo diría las cosas todavía más fuertes, como decía Savonarola.
Lo que hubiera dicho Savonarola es: "Mire, todas esas amistades que acumulan y acumulan y acumulan las monjas y que sólo sirven para estar conversando bobadas y para estarse informando lo que no sirve, todo eso sirve para que después vayan todos de gancho a podrirse en el ultimo infierno".
Eso no lo digo yo, esa es una expresión que a mí me parece demasiado fuerte. El hecho es que cuando uno piensa en toda esa carnalidad, -ese es el sentido de carne en San Pablo-, toda esa carnalidad de la amistad con frailes, de la amistad con monjas, de la amistad con religiosas y hable y hable, y no está el provecho espiritual, y no crece el amor a Dios, y no crece el deseo de orar, yo no estoy diciendo que sea malo tener amigos ni que sea malo tener amigas, no, pienso que todos necesitamos tener amigos y amigas.
Además, yo conocí un padre de mi comunidad que también tenía mecedora, la tenía en la pieza, no en la finca de amigos, probablemente el día de mañana ustedes me verán meciéndome por allá en un mueble.
Yo no estoy diciendo que las mecedoras sean la antesala del infierno, lo que estoy diciendo es, y yo espero que eso quede claro: si una amistad se queda solamente en el gusto de tratarnos, y en el gusto de ver cómo me quieres, y cómo te quiero, y "padre nosotros lo queremos mucho", "-estás muy bien correspondido, entiéndeme, Roberto, que estás muy bien correspondido, y me place y me encanta, realmente me encanta estar con ustedes..."
Y mire, cuando la cosa queda solamente en eso, se está muy cerca del Salvador y se está muy lejos de la salvación.
Y un último ejemplo que tiene que ver con esto en la Iglesia Católica, es el problema de los sacristanes, un padre que hay en mi comunidad, un padre santandereano, decía: "Bueno, ¿y el sacristán a que Misa va?" Ese era el planteamiento santandereano del problema, ¿no?
Toda esa gente que está metida en una cantidad de trabajos en la Iglesia, yo conozco secretarias de altísimos ejecutivos en la Iglesia Católica, por allá son las super secretarias, de los super obispos, los super nuncios, los super provinciales.
Y conocen todas las intimidades y todos los problemas de todos los padrecitos, ¡para nada! ¡Para terminar creyendo en nada! ¡Más ateas, no creen en el rejo de las campanas, esas mujeres! Precisamente por eso, porque se han enterado de la vida de la Iglesia y no se han enterado de la vida de cristo; han sabido las intimidades de la Iglesia, y no han sabido de las entrañas de Cristo, ¿para qué una vida así?
Aunque debo decir, en testimonio de la verdad, que también he tenido el gusto de conocer laicos y laicas que han tenido puestos de una tremenda confianza con obispos, con sacerdotes, Conferencias Episcopales enteras y son personas capaces de ver un problema en la Iglesia, guardar silencio, hacer oración y ayuno.
La Iglesia tiene gente santa entre los laicos; hay unas personas de una discreción y de una pureza de corazón y de un amor a Dios que es admirable.
De manera que hay también, en el ejemplo contrario, no de esto que acabo de decir, sino en el ejemplo contrario, es decir, en esas personas que trabajan y trabajan con la Iglesia, pero no creen en nada, ahí también se cumple la palabra de hoy en la Palabra de Dios, esos también están muy cerca del Salvador y están muy lejos de la salvación.
Yo he tenido la oportunidad, -yo no sé por qué a mí Dios me pasea por todas partes-, pero yo he tenido la oportunidad, por ejemplo de dar retiros a empleados, y secretarias, y asistentes de Conferencias Episcopales, ¿de cuál Conferencia será? Dar retiros, predicarle a estas personas, y oírlos, y hablar con ellos, de pronto servirles en la confesión.
Y por eso no les estoy hablando de memoria ni de mi imaginación, yo creo que muchas de esas personas no tuvieron el acompañamiento espiritual que necesitaban para ser capaces, para sobrellevar lo duro que es trabajar con la Iglesia, no es fácil, es duro trabajar con la Iglesia.
Estar uno cerca de los religiosos, de las religiosas y estar cerca de los padrecitos, los priores, ayudarles a construir cosas, y sin embargo seguir creyendo en Dios, y amando a Dios, y amándolo por sobre todas las cosas, eso no es tan fácil.
Y por eso, como yo sé que algunos de ustedes están en esos casos, yo les pido, en el nombre de Jesucristo y por el bien espiritual de ustedes, hagan oración antes de trabajar con sacerdotes, antes de meterse con la Iglesia, antes de recibir dineros de la Iglesia, hagan oración.
Porque las expresiones más blasfemas yo las he recibido de gente que ha trabajado con nosotros y después, por problemas de unos pesos o de unos millonsejos, por problemas de dinero, se llenan de odio y se llenan de iniquidad, y empiezan a ofender a la Iglesia, y empiezan a ofender a Dios, y empiezan a perderlo todo.
Resumen de nuestras palabras: como siempre lo hemos dicho, la Palabra de Dios es actual, este problema no es un problema de los judíos de hace veinte siglos, este es el problema de cómo te relacionas con los que son testigos del Evangelio, con los que son transmisores de la fe y de la Palabra, este es un problema siempre actual.
Y yo te pido, y le pido también al Espíritu Santo que me ilumine, te pido que tú tengas en todo momento el trato, la manera, el acento, el cariño, el modo en que salgan ganando todos.
No es que las cosas estén prohibidas, no, es que se salga ganando, que se crezca en el amor a Dios, ¿y eso cómo se nota? Muy fácil, en que crece la conciencia y el arrepentimiento sincero de los pecados, con la confianza serena en la misericordia de Dios, y el gusto por proclamar el Evangelio.
Si tú notas esos frutos de tu trabajo con la Iglesia, de tu amistad con la Iglesia, de tu cercanía en la Iglesia, quiere decir que estás haciendo las cosas bien; si ese fruto falla, es el momento de que te corrijas, y San Pablo y el Evangelio de hoy te orientan en ese sentido.