I303002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19971029

Título: Palabras duras para el orgullo humano

Original en audio: [10 min. 44 seg.]


¡Qué pregunta le hacen a Nuestro Señor en esta noche y qué respuesta tan dura de escuchar! "¿Serán pocos los que se salven?" (véase San Lucas 13,23). Responde Cristo llamando a nuestro esfuerzo: "Esforzaos en entrar por la puerta estrecha" (véase San Lucas 13,24).

Estas palabras son duras y luego, pues, nos habla de que por lo visto hay personas que tal vez no entran por esa puerta estrecha. Queda uno como un poco desconcertado seguramente, queda uno un poco desanimado por estas palabras del Señor.

Y no son las más duras todavía porque en este mismo evangelio ha dicho: "Será el llanto cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera" (véase San Lucas 13,28)

¿Qué es esto tan duro? Este hombre le estaba preguntando si se iban a salvar pocos o muchos y lo puso de una vez en el grupo de los que no se iban a salvar. Esta es una imagen muy dura de Jesucristo, ¿qué pretende el Señor con esta respuesta? ¿Cómo podemos recibirla nosotros? Tal vez la clave está en la frase del final: "Hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos" (véase San Lucas 13,30).

Y si hacemos memoria, como que hay otras frases que dicen cosas parecidas, por ejemplo: "El que pierda la vida por mí, la encontrará; pero el que pretenda guardar su vida, la perderá" (véase San Mateo 16,25), y también podemos recordar otra escena: van al templo un fariseo y un publicano. El fariseo se siente salvado: "No soy como los demás, he logrado cumplir, me ha costado esfuerzo pero lo he conseguido, soy salvo" (véase San Lucas 18,11).

Este no hizo nada, dice Cristo. A su lado, no a su lado, bien atrás de el un pecador público, un publicano se considera el último, reconoce su miseria, y dice Cristo: "Este bajó a su casa justificado" (véase San Lucas 18,14).

O sea que esa parábola del fariseo y del publicano muestra claramente como el que se creía primero, el fariseo, resultó de último; y el que se creía último, ese resultó primero.

Con esa idea volvamos a lo que Cristo le dice a este hombre, cuando le dice: "Vas a llorar y te van a rechinar los dientes cuando veas a los patriarcas y a los profetas y a mucha gente de muchas partes, y tú te vas a quedar afuera" (véase San Lucas 13,28-30).

¿Te imaginas la impresión tan salvaje que tuvo ese hombre? Ver a Cristo de cuyas manos salían tantos milagros, de cuya boca salía tanta sabiduría, ver a Cristo que le dice a uno: "Y vosotros os vais a quedar afuera" (véase San Lucas 13,28). Eso tuvo que haberle causado una impresión salvaje, terrible a ese señor, imborrable y no sólo a él, porque yo creo que no fue él el que redactó ese texto. Los que estaban con Cristo quedaron tan impactados que muchos años después la recordaban y por eso llegó a quedar en el Evangelio.

Uno dice: "Pero qué crueldad", y uno dice: "Esa es la religión del terror", y de pronto alguno piense: "Por eso es que la gente se aleja de Dios, ¿no ve que no hablan sino de infierno, de condenación y de todas esas cosas?" Vamos a ver si Cristo era cruel o no era cruel hablando así.

¿Qué hizo cuando le habló así a este hombre? ¿Qué hizo? Lo mandó a la cola, lo puso de último, lo mandó de último. Es más seguro para ese hombre sentir que por sus propias fuerzas, que por su propia vida, que por su propios méritos está perdido, es más seguro sentir eso que sentir que uno va bien, que todo va bien, "que a mí me tienen que salvar", "yo he cumplido con todo", "yo he sido un buen hombre", "yo he sido una buena mujer", "yo he hecho las cosas", "yo…" ¿No te estarás pareciendo, con todos esos “yoes” al fariseo?

Y resulta que si tú eres el primero, pasarás a ser el último y quizá ahí sí te pierdes. Luego fíjate si las palabras de Cristo eran crueles o no eran crueles. Probablemente con esas palabras de Cristo, infundiendo ese santo temor, que es más y que es distinto del miedo y desde luego del pánico, infundiendo ese santo temor en la persona, estaba obrando misericordia con él, infundiéndole santo temor, porque lo estaba poniendo de último.

Este hombre pregunta: "¿Serán pocos los que se salven?" (véase San Lucas 13,23); Jesús no responde realmente a la pregunta que le hace, pero sí le dice a él: "Como vas, vas mal, tú vas para afuera, tú no vas bien"; y esta impresión terrible en el corazón de este hombre, indudablemente, lo llevó a la profunda humildad y a la súplica de la gracias porque uno se salva por regalo.

Aquél de nosotros aquí presentes que no sienta lo que yo estoy diciendo, por favor, lea otra vez ese evangelio y léalo de nuevo y vuelva a leerlo hasta que usted sienta los ojos de Cristo en usted, hasta que usted sienta que usted se podría condenar. Si usted no siente que usted se podría condenar, usted está en gravísimo peligro.

"Ay, pero que son esos pensamientos, esos son pensamientos santos, porque hay un abismo entre la frase: "Yo me podría condenar", y la frase: "Yo creo que yo me voy a salvar"; ¿El abismo cuál es?

Cuando yo digo: "Yo creo que me voy a salvar" y no me apoyo en mí mismo porque yo sé que yo me podría condenar, estoy proclamando la gracia de Dios, estoy proclamando el amor de Dios.

Es una obra de misericordia la que Cristo hizo con este hombre, lo puso de último, lo mandó a retiro espiritual, lo puso a pensar largo, largo.

Santos grandes y muy equilibrados humanamente y muy a legres y muy simpáticos como San Felipe Neri, tenían esa frasecita: "Señor, si no me sostiene tú gracia, te voy a traicionar peor que Judas", y Santa Teresa del Niño Jesús, ¿que dice de sí misma? Dice: "la gracia de Dios ha prevenido en mí el pecado mortal, ha obrado esa piedad en mí", porque ella sabía que por sus propias fuerzas se hundía.

De manera que este es un evangelio para darle duro al orgullo humano, especialmente a ese orgullo religioso y a ese orgullo social y a ese orgullo de las buenas costumbres, orgullito que se nos va entrando cuando decimos: "Yo he hecho las cosas bien en la vida."

Esa persona es la que está en mayor peligro, quién creyera. Porque ustedes, les pregunto, ¿ustedes han visto que Jesús en el Evangelio le hable así a una prostituta? Jamás; ¿le habló así a los publicanos? Nunca; ¿a los recaudadores? Nunca; ¿le habló así a algún ladrón, a algún asesino, a algún blasfemo? Jamás.

Cristo tiene estas palabras duras, reservadas para el orgullo humano. Todo aquél que se reconoce pecador y se pone de último, encontrará esto dulzura.

Todo aquel que se cree bueno y se pone de primero: "Porque yo he hecho las cosas bien en la vida", recibirá garrote y madera hasta que aprenda de dónde le vienen sus bienes, porque el que cree que ha hecho las cosas muy bien en la vida, inconscientemente está echándole incienso a su yo: "Yo que he hecho las cosas con gran esfuerzo, yo he conseguido"; ¿de dónde te salieron las benditas fuerzas para hacer lo maravilloso que se supone que tú eres? ¿De dónde te salieron las espectaculares y maravillosas gracias y cualidades? ¿Qué tienes que no hayas recibido? ¿Qué es eso de andarse ufanando con ropa prestada? ¡No seas ridículo!