I303001a
Fecha: 19971029
Título: Los últimos y los primeros
Original en audio: [10 min. 09 seg.]
La pregunta que sirve de tema en el Santo Evangelio es siempre actual y creo que de una o de otra forma todos nos la hemos hecho, ¿serán pocos los que se salven?
Obsérvese que la pregunta no está hecha de una manera neutra, es decir, la pregunta no pide simplemente una estadística, no está enunciada en estos términos: ¿qué porcentaje se salvará?; la pregunta lleva ya una dirección: ¿serán pocos? Y en esa dirección está escrito un temor: ¡qué tal que sean pocos!, y dentro de ese temor hay un presentimiento, hay un nubarrón: si son pocos, ¿seré yo uno de esos pocos?
Es inseparable esta pregunta, pues, de la otra pregunta: ¿cómo saber de mi propio desenlace? ¿Cómo saber de mi propia vida? Esta pregunta no se hace en general, esta pregunta tiene siempre una connotación particular, porque si hay algo frente a lo cual es imposible permanecer objetivos, externos, ecuánimes, serenos, es frente a la pregunta de la salvación, esta es la pregunta que necesariamente me implica.
Si el final de la existencia está en el gozo de la contemplación de Dios, entonces todo vale la pena.Si el final de mi existencia está en el abismo, en el lago de azufre y fuego como lo describe el Apocalipsis, entonces nada vale la pena.
De modo que yo no puedo tener una especie de respuesta neutra, así como tampoco puedo hacer una especie de pregunta neutra y uno se engaña a sí mismo cuando cree que puede analizar esta cuestión objetivamente.
Miremos a ver si serán muchos, si serán pocos, en realidad lo que le interesa al corazón humano es: "¿y yo?" Junto a eso: "¿y aquellos a los que yo amo?" "Aquellos que por alguna razón me están cercanos ¿qué?"
Por eso la pregunta de este hombre recibe una respuesta personal, aunque la pregunta parece teórica, la respuesta es personal: "Esforzaos en entrar por la puerta estrecha." (véase San Lucas 13,24).
Alguien diría que Jesús evadió responder claramente, hubiera podido decir algo como: "Por ahí la tercera parte, más o menos la tercera parte", o hubiera podido decir: "Uno de cada diez", o hubiera podido decir: "Casi todos se van a salvar", o hubiera podido decir: "En últimas, la misericordia de Dios cubrirá todos los defectos y eso allá nos encontraremos todos", o hubiera podido decir: "De la gente que conozco, uno o dos, y eso".
Pero no se puso a dar estas cifras, no se puso a dar una respuesta objetiva porque la pregunta no es propiamente objetiva, se trata de algo que concierne definitivamente e irrevocablemente en a mi propia existencia y por eso dice: "Esforzaos en entrar por la puerta estrecha" (véase San Lucas 13,24).
Lo curioso de la respuesta del Señor, es que si uno mira las frases, por lo menos como están encadenadas en la actual redacción de los Evangelios, uno se da cuenta de que hay frases que despiertan la esperanza y frases que despiertan el temor.
Entrar por la puerta estrecha: eso nos habla de esperanza, una esperanza ardua pero que vale la pena. Muchos intentarán entrar y no podrán, entonces aquí uno se desinfla y dice: ¡Bueno, podría sucederme a mí!
Luego viene la pequeña parábola del amo de la casa y de la gente que llega y que no es conocida por el amo de la casa, que es como un desarrollo de lo que ha dicho: "Muchos intentarán entrar y no podrán" (véase San Lucas 13,24)
Y luego dice: Será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob, y vosotros veáis echados fuera"(véase San Lucas 13,28), o sea que ahí ya los condenó, este es el punto más bajo. "Vosotros os veáis echados fuera" (véase San Lucas 13,28). Y luego dice: "Vendrán de oriente y occidente, norte y sur, y se sentarán en la mesa en el Reino de Dios" (véase San Lucas 13,29), o sea que va a venir mucha gente de otras partes.
Y luego dice: "Hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos" (véase San Lucas 13,30) entonces, el que cree que tiene derecho a entrar, ese busca palco, platea, primera fila, a ese le dice a Jesús: "¡Cuidado, porque hay unos primeros que van a quedar de últimos" (véase San Lucas 13,30).
Pero cuando uno se siente de los últimos porque dice: ¡No, con mis pecados y con mis iniquidades, solo Dios! Entonces le dice: ¡Ánimo!, Porque hay últimos que serán primeros" (véase San Lucas 13,30). En resumen, se quedó uno sin saber qué era lo que iba a pasar.
Pero me parece que esa frase última, con el estilo característico de este maravilloso predicador que es Nuestro Salvador, esa última frase nos ayuda a comprender qué era lo que Jesús quería cuando respondió, porque, a ver, cuando Jesús dice: "Será el llanto y el rechinar de dientes cuando verás a Abraham, Isaac, Jacob con los profetas en el Reino y vosotros os veáis echados fuera" (véase San Lucas 13,28).
¿Cuál es el propósito de ese modo tan terrible da hablar? ¿Los está condenando? No, porque antes les ha dicho que se esfuercen por entrar por la puerta estrecha, pero podemos decir que Cristo quiere que uno se represente en la imaginación lo que significa estar echado fuera. Sentir la puerta cerrada, sentir que la única herencia es el llanto y la noche y el frío.
Cristo quiere que uno tenga esa imagen en la mente, que uno vea esto como una posibilidad real, que uno comprenda que el desenlace de la vida, dejados por nuestras propias fuerzas, soltados por nuestros propios recursos, el desenlace de la vida es ese. Para que nosotros comprendamos que, sólo en la gracia y la misericordia, tenemos salvación.
A mí me parece que en un intento de traducción de estas palabras del Señor a un lenguaje teológico actual, lo que estaría diciendo es: la salvación es sólo gracia, esa gracia se comunica, y cuando tú recibas esa gracia has de cooperar con ella, para alcanzar tu plenitud.
Sería esa la respuesta. Si llegas a considerarte de los primeros, es decir, si te consideras ya salvado, ya no va a ser gracia para ti la salvación y entonces, cuidado, porque te vas de pronto a los últimos. Si tú en cambio, te consideras de los últimos, es decir, si no te fías de ti, entonces de pronto tú estás en los primeros. O sea que con su respuesta, Cristo quiere, por una parte, eliminar la presunción humana, y por otra parte, anunciar la gracia divina.
Con su repuesta Cristo quiere que nosotros no adelantemos el juicio, pero sí que nos juzguemos. No adelantemos el juicio sobre todas las naciones, no adelantemos el juicio universal, pero sí que realicemos el juicio particular.
Podríamos resumir todo lo dicho con esta expresión: Cristo quiere que en vez de preocuparnos del juicio de todos, adelantemos ese juicio a nosotros mismos, y juzgándonos indignos de Dios sepamos recibir su anuncio de gracia y cooperar con esa gracia para avanzar hacia a Él.
Quien va así, cooperando con una gracia de la que se sabe indigno, tiene esperanza en Dios y puede avanzar hacia la salvación.