I301003a
Fecha: 20111024
Título: El Espiritu Santo nos otorga la fuerza interior, incluso el gusto y la alegria de ser como Jesus
Original en audio: [4 min. 24 seg.]
En su Carta a los Romanos, el Apóstol San Pablo resume la vida cristiana de una manera preciosa y precisa: se trata de la vida de hijos. ¿Y qué es lo característico de un hijo? Pues que recibe el ser, recibe su naturaleza, es decir, su modo peculiar de ser, lo recibe de sus papás. Y por eso lo que esperamos que nace de un pájaro carpintero es un pájaro carpintero; y lo que esperamos que se siembre y que brote, si tomamos el fruto del manzano, son manzanas.
Esta es la transmisión de una naturaleza, y la transmisión de la naturaleza es entonces lo propio de la paternidad. Tener el título o tener el nombre de "hijos e Dios" no es simplemente una comparación o un lenguaje elegante, significa poder comportarse como Dios, tan sencillo y tan grande como se oye: comportarse, vivir a la manera de Dios.
Y ¿cómo podremos nosotros, con todas las limitaciones que tenemos en cuanto criaturas y sobre todo en cuanto pecadores, cómo podremos tener algo de la santidad, de la grandeza, de la hermosura, de la ciencia que Dios tiene? Pues eso es lo que nosotros vemos en Jesucristo. Nos dice el mismo Apóstol Pablo que "en Cristo habita corporalmente la divinidad" Colosenses 2,9.
Podemos decir que Cristo es como una traducción de Dios a este mundo, a esta historia, a esta realidad nuestra. El Evangelista Juan lo dice con estas palabras: "A Dios nadie le ha visto jamás" 1 Juan 4,12. Pero el Logos, la Palabra, el Cristo nos lo ha dado a conocer,
Es decir que Jesucristo es revelación de Dios Padre, es Dios en forma humana, y como nosotros fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, quiere decir que sólo alcanzaremos nuestra plenitud, sólo alcanzaremos nuestra realización como seres humanos en la medida en que seamos más imagen y semejanza divina, es decir, en que seamos más como Dios.
Pero este ser como Dios es lo que nos ha dado a ver Jesucristo, es lo que nos ha revelado Jesucristo. Entonces entendemos que la manera de ser plenamente humanos, es ser plenamente en Cristo, es ser plenamente como Cristo. La Primera Carta de Juan dice: "El que está en Ël, el que dice que está en Él, en Cristo, debe andar de continuo como Cristo anduvo" 1 Juan 2,6.
Es un mensaje muy bello, pero al mismo tiempo una exigencia que está más allá de nuestras fuerzas, y es aquí donde aparece precisamente la acción maravillosa del Espíritu, como lo explica San Pablo en este capítulo octavo de la Carta a los Romanos. Lo que hace el Espíritu Santo, obrando dentro de nosotros, transformándonos, renovándonos desde dentro, es otorgarnos esa capacidad, esa fuerza interior, incluso ese gusto y esa alegría de ser como Jesús.
Y esto es participar de la herencia de Cristo, esto es llevar vida de hijos, esto es ser plenamente cristianos. Es más, esto, esto que nos da el Espíritu, es ser plena y perfectamente humanos.
Que venga entonces el Espíritu, que venga y haga de nosotros creaturas nuevas, verdaderos servidores de Dios, verdaderos amadores de su plan, realizadores de su voluntad.