I301002a

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Fecha: 20071029

Tìtulo: Curar es un descanso que hace descansar

Original en audio: [33 min. 29 seg.]


Para el jefe de la sinagoga curar era trabajar; para Jesús curar es descansar, ahí está como la síntesis del evangelio de hoy, curar es trabajar o es descansar.

La palabra sábado precisamente significa descanso, y muchos entre los judíos, especialmente del grupo de los fariseos, consideraban la observancia del sábado, del día de reposo, como un asunto fundamental, crucial. Los fariseos no eran gente perversa, eran simplemente gente que hacía este razonamiento: "Dios se ha alejado de nosotros porque hemos desobedecido su Ley".

"Luego, si nosotros empezamos a obedecer puntualmente, juiciosamente la Ley, Dios se acercará a nosotros y devolverá la gloria a Israel".

No es un pensamiento absurdo, no es un pensamiento loco, esa era la manera como razonaban los fariseos, y por consiguiente, para ellos, este día de reposo, que es de los primero y más importantes mandamientos, tenía que ser guardado, tenía que ser observado meticulosamente.

El disgusto del jefe de la sinagoga tiene en parte una explicación en ese sentido. Los fariseos consideraban que no sólo había que hacerle caso a la Ley, sino hacer que los demás también obedecieran a la Ley.

Es más o menos lo mismo que hoy sucede con el calentamiento global, sucede que si un país reduce las emisiones de dióxido de carbono, ese es un bien para la ecología, es un bien para el planeta; si muchos países lo hacen, es un bien más grande, pero si no lo hacen todos los países, el bien es muy relativo.

Porque parece que la única manera de sanar nuestra atmósfera es que haya un consenso, es que todos los países hagan caso, sólo así se puede mejorar la situación de la capa de ozono, y todas aquellas denuncias que han hecho los grupos ecologistas en cuanto al daño que le causamos a este planeta.

De nada sirve que yo me abstenga en la emisión de dióxido de carbono si no lo hacemos todos, por eso los fariseos buscaban algo parecido, ellos decían: -"Hay que lograr que todo el mundo que todos le hagan caso a la Ley, sólo cuando todos le hagan caso a la Ley, entonces volverá la gloria de Dios", por eso el jefe de la sinagoga hace una advertencia general: "Miren, hay que obedecer el sábado".

No estaba equivocado el jefe de la sinagoga en eso de que hay que obedecer el sábado, ni estaba equivocado en su deseo de la observancia de la Ley, ni estaba equivocado en el deseo de la gloria de Dios, esos no eran sus errores, el error grave está en que él miraba una curación como un trabajo, mientras que para Jesús la mejor expresión de lo que es el descanso es la curación.

La sanación es el gran descanso, la curación, la liberación, la sanación son el verdadero descanso, ¿por qué? Porque la enfermedad, el pecado, el resentimiento y la acción del demonio son el verdadero tedio y cansancio de la vida.

El verdadero descanso que necesitamos es quedar libres de esas otras cadenas, las cadenas del pecado y de la enfermedad y de los ataques del demonio. La verdadera liberación, y por consiguiente, el verdadero sentido del día de descanso, está en quedar libre de todo eso.

Por esto he dicho, que la gran diferencia entre el jefe de la sinagoga es que para él curar es un trabajo, y como es un trabajo y el sábado debe descansarse, debe quedar prohibido curar; mientras que para Jesús curar es un descanso que hace descansar.

Curar es un descanso, los sabemos porque Jesús no consideraba que estuviera rompiendo el sábado Él, o quebrantando el sábado Él; pero curar es el descanso que hace descansar.

Si a esta homilía hubiera que ponerle un título, el título sería este. Algunas personas ayudan en Internet a ponerle el título a las homilías, transcriben estas homilías, pasan el audio a texto, que se puede leer, entonces, a la persona que vaya a hacer eso, le digo: el titulo es: "Curar es un descanso que hace descansar”.

Y es bellísimo ese mensaje, que es el mensaje de hoy. Curar es un descanso para quien cura, y por supuesto, es un descanso para quien resulta curado. Es evidente en el caso de la persona que resulta sanada, como esta mujer, que en una posición incómoda, víctima de una opresión o infestación diabólica, estaba indudablemente maltratando su cuerpo, es evidente el descanso en ella.

Y yo quisiera que percibiéramos la fuerza que hay aquí. ¿Qué nos agobia? Mire, esas son palabras sinónimas, cansancio, tedio agobio, son parecidas, son sinónimas, en todo caso los son, en lo que atañe a este tema.

Uno tiende decir: “A mí me agobia la gente”, “me agobia tal actitud”, “me agobia tal trabajo”, y uno pone siempre el agobio afuera, uno pone la fuente del cansancio afuera, uno pone la fuente del fastidio, del tedio afuera; la sanación trae un descanso.

Mostrando así que la fuente del cansancio no está tanto afuera, claro que lo de afuera también cansa, y Jesús mismo también sintió el peso del tedio, por ejemplo, cuando les dijo a los Apóstoles: "¿Hasta cuándo tengo que soportarlos?"San Marcos 9,19, porque parece que no le entendían ni un poquito de lo que le estaba diciendo.

Entonces, el cansancio sí tiene en parte una fuente afuera, pero lo más serio, lo más pesado del cansancio no viene de afuera sino que viene de dentro.

Y esto se demuestra de muchas maneras, porque hay personas que sienten un tedio por la vida teniéndolo todo, tienen todas las fuentes de diversión, tienen todas las fuentes de entretenimiento, pueden darse las vacaciones que quieran, pueden disfrutar todos los placeres del mundo, ¿de qué están cansados? Y sin embargo están cansados, y a veces se cansan tanto y les agobia tanto la vida, que deciden acabar con la vida.

El país en el que yo vivo, Irlanda, es un país que sufre esto, hay una epidemia de suicidios en un país que tiene un índice de crecimiento económico maravilloso, que le da empleo, que le da trabajo a muchos otros países.

En un país con tantos logros en la prosperidad material, en tantas fuentes de descanso, con tantas posibilidades de pasear, divertirse, estar bien, gozar la vida, tener todo género de placeres, hay un cansancio, el cansancio está adentro.

El día que uno descubre que el cansancio está adentro, ahí uno empieza el camino arduo, pero tan necesario y tan bendecido del conocimiento de sí mismo.

¡Esto cuánto se necesita en la vida consagrada! Uno piensa que el problema está en la priora, el problema está en la maestra, el problema está en fulanita, sutanita, menganita y perenceja, que jamás han entendido, el problema siempre está allá y eso me cansa.

La conversión y la bendición de un monasterio empieza, bien lo dijo el beato Elredo, abad, la conversión empieza cuando uno comienza a descubrir que uno cansa, que uno es fuente de cansancio, no sólo para los demás, que a veces lo es, cuando uno descubre que uno cansa también de sí mismo.

Hay gente que está fastidiando, porque está fastidiada y está fastidiada de sí misma, y es que a veces conoce unos seres humanos que uno dice: "Pobre hombre que le toca vivir todo el día con él", es que es terrible. Yo creo que uno por propia conveniencia ha de tratar de mejorar la personalidad y mejorar el carácter, porque seas como seas, te toca vivir 24 horas al día contigo.

Entonces, si tu manera de ser es agria, antipática, resentida, buscando lo negativo, porque esa personalidad existe, hay personas que tienen una atención particular a lo negativo, lo criticable, son puntillosas, se gozan cuando encuentran un defecto, esa persona puede cansarme a mí una hora, ¿pero y las otras 23 horas? Esa persona está consigo misma, repitiendo ese ejercicio fastidioso, el ejercicio que le cansa.

Por eso yo pienso que nosotros necesitamos muchísima sanación, pero mucha, y yo le clamo al Señor que en esta Eucaristía traiga sanación a todos los que estamos aquí presentes, porque lo necesitamos, que traiga sanación a este monasterio que me recibe amablemente, que tú entres en tu propio corazón y que te des cuenta de que cansas, que sí fastidias, que efectivamente sí, y que cansas no sólo a los demás sino a ti misma.

Lo contrario del cansancio ¿qué es? Es la mansedumbre, y una modo de definir la mansedumbre es, aquella persona cuya presencia, cuya opinión no cansa, es una amable compañía, “bienaventurados los mansos” San Mateo 5,4, dice el Señor en capítulo quinto de San Mateo, es una bienaventuranza que está muy olvidada.

La mansedumbre, entre otras cosas, es la capacidad de hacerle la vida posible a las demás personas, es decir, no cansar; y los mansos tienen felicidad, transmiten felicidad, porque no sólo no cansan a otros, sino que no se cansan a sí mismos.

Hay gente que es tan agradable, así como hay gente cansona, hay gente que es tan agradable, que uno casi siente envidia cuando se quedan solos; porque son personas cuya conversación es tan grata, tan edificante, tan risueña a veces, tan alegre.

Al parecer Santo Domingo de Guzmán tenía entre sus dones ése, era grato, era muy agradable estar con él, era manso, no cansaba, un hombre buscando lo positivo, lo que se puede hacer, cómo se puede mejorar.

Ustedes saben que hay temperamentos que a cada problema le encuentran una solución; pero también hay temperamentos que a cada solución le encuentran un problema: "-Ah, mire, esto podemos hacer". "-No, eso no va a funcionar, eso ya se intentó y eso no va a funcionar". "-Pues hagamos..." "-No, menos, eso tampoco va a funcionar"; aves de mal agüero, profetas de desgracia, gente que seca.

A mí me gusta esa expresión de los paisas aquí en Colombia: "Lo secan a uno". Entonces ya sacaron otra expresión: “Es secador”, la gente que lo seca a uno, ¿no? ¿Qué es secar a una planta? Es quitarle la sabia, es quitarle la vida, cuando se seca una planta.

¿Qué es secar, cuando se le seca la mano a una persona, Dios nos libre, o una extremidad, ¿qué es eso? Deja de circular, se pierde el tejido adiposo y se pierde la circulación, y eso está próximo a morir, se le secó, ¿no? Se pierde la movilidad, se pierde el tejido conjuntivo, se pierde el tejido adiposo, la persona se le secó, perdió el uso de esa mano o de ese pie.

Entonces, hoy tenemos que escoger si queremos ser de aquellas personas que a todo problema le buscan una solución, o si queremos ser de aquellas personas que a toda solución le encuentran un nuevo problema; pero ese cambio, en el fondo, no lo puede hacer uno mismo, las personas que cansan y que insisten y que protestan tienen adentro un descontento, tienen una frustración.

La gente que anda buscando dónde morder, dónde acusar, dónde denunciar, la gente que siente casi rabia cuando encuentra bien en otros, no lo hacen porque sí, eso de obrar de esa manera, ese torturarse y torturar a otros, eso viene en el fondo de una causa muy profunda, y ahí hay una enfermedad, ahí hay una dolencia, ahí, a veces, hay una opresión del demonio.

Y ahí se necesita la mano bendita de Cristo que levante a la persona, que le diga: "Deja de estar mirando tu barro y el barro de los demás".

Esta pobre señora del evangelio estaba encorvada, no podía sino mirar el barro, el piso, el suelo, y hay gente así que no puede sino mirar el barro, y le dicen: "-Bueno, pero fíjese que hay gente que está tratando de hacer el bien". "-Sí, pero sus defectos tendrán, deben ser otras alimañas".

¿Ve? Están encorvados como esta señora, y en últimas, en último término, es Satanás mismo el que quiere eso, que estemos encorvados, que sólo miremos el barro, que estemos concentrados en lo negativo, que a toda solución le busquemos un problema, es Satanás el que está interesado en eso.

Y por eso necesitamos la palabra alta y poderosa de Jesús, la palabra santa y liberadora de Jesús, expulsando ese enemigo malo y ayudándonos a levantarnos, a recuperar nuestra visión de cielo, a recuperar que es hermoso existir para el Señor y caminar juntos, trabajar juntos para su gloria.

Creo que con esta reflexión nos queda un poco más claro por qué la curación es un descanso, pero fíjese lo que dijimos como título de esta homilía: “Curar es un descanso que descansa”.

Y hemos explicado lo segundo: ¿por qué curar descansa? ¿Pero en qué sentido curar puede ser un descanso? ¿Por qué hacerle ese bien a otras personas puede ser un descanso? Con un poco de malicia indígena uno pudiera decir: "Mire, si logramos la curación de otras personas, ya no nos van a cansar", entonces eso descansa, es un modo de pensar, un poco mundano tal vez, pero es lógico.

Si yo fuera priora, que no puedo ser, el derecho canónico me lo impide, mi oración fundamental sería: “Señor, sana, sana a esta gente”, ¿para que? Para que no cansen, claro, yo de priora lo que haría sería eso, "sana, Señor, para que no cansen, ¿cierto? ¿Cómo debe orar una esposa? Porque hay aquí también en la asamblea alguna, ¿cómo debe orar una esposa? “Señor, sana a mi marido”, ¿para qué? Para que no canse.

En ese sentido, entiende uno por qué curar es un descanso para uno, no sólo es un descanso para la persona que va a ser curada, sino que es un descanso para uno.

Hoy me decía el padre provincial: "He comprendido que tal vez mi primera tarea es buscar la paz en cada fraile, en cada comunidad y en la provincia".

¡Qué bello, qué bello testimonio y qué bueno para él, porque si él logra eso, descansa, porque ¿cuál es el cansancio de un pobre provincial? Estar corriendo, "que mire, que allá esos dos resultaron ahorcándose”, "que mire que estos están de pelea", "estos tres no se pueden ver", "se dividió la comunidad de no sé dónde".

Entonces, si a mí me eligen de provincial, prometo solemnemente, que lo primero que haré es orar por sanación, es que la gente deja todo el don de sanación al padre Pachito, por eso está agotado, porque le dejan todas las sanaciones al padre Pachito, y la gente cree que es un asunto únicamente para allá, para los carismáticos, los carismáticos con sus sanación, ¡no, señor!

A mí, si me eligieran priora, que no puede ser, yo, inmediatamente, diría: "Señor, Sana, sana, sana muchas cosas", porque hay gente que está encorvada y no sólo físicamente o no principalmente en su cuerpo, están encorvadas porque sólo ven el barro y lo negativo y lo problemático.

Y están llenas de desconfianza y están llenas de miedo, y si les dicen: “Mire, vea una solución, de pronto sumercé linda, si usted considerara, piénselo”. "-¡Qué voy a pensar nada! Aquí no hay nada que pensar, ya eso se sabe cómo son las cosas".

Y ese es un problema, que la gente negativa suele estar demasiado segura, están seguros de todos los problemas, ya tienen todos los diagnósticos, ya saben todos los defectos.

Pero curar descansa, el primer sentido ya lo dijimos, si un prior logra que se sanen todos sus frailes, descansa él, su priorato irá sobre ruedas, será un ejercicio deleitable, casi; pero por supuesto, hay un sentido más profundo que esto, ¿qué es el descanso en la Biblia? No es simplemente suspender la actividad, ¡esto es tan bello!

Cuando Dios instituye el sábado, que para nosotros pasó a ser el domingo por la Resurrección del Señor, cuando Dios instituye el sábado para el descanso, ¿de qué se trata? ¿Cuál es el objetivo de ese descanso? ¿Es simplemente cesar en la actividad? No parece, porque Jesús muchas veces como que aparecía más activo los sábados.

Luego, el descanso en su sentido más profundo no es un simplemente cesar en la actividad, para hacer la historia corta, dadas las presentes circunstancias, vamos a decir lo siguiente: el sentido más profundo del descanso es encontrar nuestra verdadera vocación, y la fuente de nuestra vida.

Cuando Dios manda a Moisés que vaya a donde el Faraón, lo que pide es que descanse el pueblo: "Necesito que vayan tres días de camino a rendirme culto" Exodo 4,22, dice, porque resulta que el Faraón miraba a los hebreos como máquinas, eran maquinas de producción que no debían cesar.

El Faraón quería que trabajaran y trabajaran y trabajaran para acelerar la construcción de las ciudades graneros Ramsés y Pitón, entonces él quería que eso saliera lo más rápido posible.

Y él no miraba seres humanos, lo que él miraba era máquinas produciendo, y Dios dice: "Paren la producción", ¿por qué? ¿Para que cese la actividad simplemente? ¿Para que tengan más fuerza la semana siguiente, ya descansaditos van a hacer más ladrillos?

No, "cesen la producción para que descubran que no son máquinas, para que descubran su verdadera vocación, para que descubran, junto a mí, cuánto los amo, para que descubran que he querido vivir en medio de ellos, para que descubran que aunque es necesario el trabajo, el trabajo es sólo es un instrumento, es un medio y no es un fin".

Entonces, el verdadero sentido del descanso es encontrar la verdadera vocación, para eso descansamos.

Por ejemplo, cuando hay un día agotador, o se avecina un día agotador, y uno de todas maneras saca un tiempo para visitar al Santísimo, y hay muchísimas cosas que hacer, pero muchísimas, pero uno saca unos minutos para visitar al Señor en el Sagrario, para adorarlo, para decirle: “Jesús, aquí estoy, aquí te recibo todo tu amor, aquí te entrego todo lo que tengo”.

En ese momento, uno no está simplemente descansando del quehacer del día, no, uno está recuperando lo más puro y propio de la vocación que uno tiene, "aquí estoy, Señor, alabándote y adorándote".

Un día, lo que nosotros hacemos lo podrán hacer empleados o lo podrán hacer máquinas, cada vez hay máquinas que nos van reemplazando más y mejor, llegará un momento en el que habrá máquinas o robots que hagan el mercado, que preparen los alimentos, que trapeen el piso, que hagan maravillas.

Por ejemplo, mire esto, hay un robot que se llama “rumba”, así se llama, y este robot asea pisos, entones usted pone el robot aquí, en esta esquina y él empieza a limpiar, va aspirando y tiene una memoria según la cual sabe por dónde ha pasado y por dónde no, entonces él va ordenadamente recorriendo el salón.

Y usted pone ese robot ahí con las pilas cargadas y se va y lo deja, y eso va trabajando, y va limpiando, va limpiando, y al cabo de no sé cuántas horas, y ya él sabe que hizo todo el aseo y quedó limpio el piso y quedó todo aspirado, de pronto hasta mejor de lo que pudiéramos hacer algunos.

Entonces, cuando soy una persona de grandes aspiraciones, armado con la aspiradora, dele y dele, cuando estoy metido en esas aspiraciones, mi trabajo lo puede reemplazar un robot y seguramente el día mañana lo va a reemplazar un robot.

Los días de hacer hostias, así como ustedes las hacen, están contados, eso cada vez más va mejorando y les puedo asegurar que monasterios en donde va un robotsito: "tip,tip,tip", compra la harina, vuelve, y al cabo de un rato ya salen los paqueticos de hostias, todo eso manual lo pueden hacer las máquinas.

Osea que el descanso no es un tema únicamente de dejar de trabajar, el descanso es para qué es la vida.

El descanso es esa pausa necesarísima, por eso Juan Pablo II y Benedicto XVI nos han hablado tanto de la importancia del domingo, o sea del día del Señor, del día del descanso.

Santificar las fiestas, no es simplemente: "Fui a Misa, ya salí de eso, ya cumplí", ¡qué tristeza eso! El domingo no se santifica simplemente: "Fui a la Misa", el domingo es un día para recuperar la dignidad de que soy hijo de Dios, es un día para ayudar a otros a recuperar esa dignidad, y aquí entendemos por qué descansar descansa.

¿Por qué? Porque en la medida en que yo transmito a otros la alegría de su verdadera vocación y de su verdadera dignidad, yo mismo soy participe, yo mismo bebo de esa agua saludable que estoy dando a otras personas.

Por eso el domingo, en este caso para nosotros, el sábado era para los judíos, es el día precioso para recuperar mi vocación, y eso no es media hora de Misa, es por lo menos todo ese día, todo un día recordando la alegría de que soy hijo de Dios y ayudando a otros a que lo descubran experimentando ¿qué? Un principio de cielo.

El domingo ¿para qué es? Para ir allá, como dicen los novios, ir allá a "marcar tarjeta": "Bueno, ya salí de Misa, listo, ahora sí me queda el resto del domingo a mí".

Y hay gente que utiliza ese lenguaje: "¡Ay, tenemos un paseo tan bueno el domingo! Pero, ¿y la Misa? Bueno, mire, vayamos a la Misa el sábado, salimos de eso, y ya nos queda el domingo a nosotros", es la desfiguración completa de esto.

El domingo no es para salir de la Misa, el descanso no es para salir de la fe o de la religión o de las oraciones, el domingo es el día precioso para reencontrar la belleza de mi Dios y de mi vocación y de mi vida, ¿cómo? De muchas maneras.

Juan Pablo II, por ejemplo, nos enseñó, y lo ratifica el Papa Benedicto, la naturaleza, por supuesto, el contacto con la naturaleza, el encuentro con lo que Dios ha creado, el encuentro con la familia que es un tesoro, es el tesoro de los afectos más cercanos, el encuentro con la Palabra, el encuentro con los sacramentos, la soledad y la oración, la lectura que me educa y que me levanta y que me recuerda quién soy yo, la dignidad de mi inteligencia, de mi voluntad y de mi ser humano.

El domingo es para todo eso, el domingo no es ir y pagar un impuesto: "Ya pagué el impuesto, ya salimos de la Misa, ahora sí mi domingo"; todo lo contrario, el domingo es el día para que no haya separación con mi Señor, no es para decir: "Aquí está tu domingo, tu Misa, y aquí está mi domingo, mi paseo, mi comilona".

No. El domingo es para que no haya un "tuyo" y "mío" con Dios; el domingo es el día para que sólo exista el "nuestro", este día acampamos con el Señor, este día sentimos que el Señor acampa con nosotros.

Si ese es el verdadero sentido del descanso, aquí entiende uno por qué descansar lo descansa a uno, porque en la medida en que propagamos esto a otras personas, nosotros mismos recuperamos esa dignidad, y la alegría de unos crece con la de otros.

Santa Teresa de Jesús define el cielo como un alegrarse que todos se alegren; la alegría de mi hermano, que encontró su dignidad, que encuentra su libertad, que encuentra su sanación se convierte en sanación, se convierte en alegría para mí, y él se alegra de que yo esté alegre y yo me alegro de que él se haya alegrado, ese es el comienzo del cielo.

El jefe de la sinagoga, yo creo que debemos de orar en esta Santa Misa por el eterno descanso por el jefe de la sinagoga, pobre hombre, estaba perdido, desubicado, pobrecito, se había confundido, para él curar era un trabajo, esa era la mente de él.

Jesús nos da una lección maravillosa el día de hoy y Jesús quiere ser nuestro descanso, Jesús quiere darnos esa sanación.

Volvamos, para terminar a ese punto, piediéndole al Señor de veras que nos sane, que sane el corazón agrio, el corazón doble, el corazón sarcástico, cuánto daño hace eso, sobre todo en la vida común, y bueno, los de familia también tienen su vida común, y el sarcasmo y la ironía y el resentimiento hacen un daño pavoroso en las familias, en las comunidades y en todas partes.

Pidamos al Señor eso: Señor, sáname de eso, sáname de ese espíritu de pronto agrio, de pronto amargo, de pronto resentido; dame un espíritu manso; haz mi corazón dulce y manso como el tuyo. Señor, renuévame, descánsame, Señor, y ayúdame a que yo pueda ser descanso también de mis hermanos.

Amén.