I294004a
Fecha: 20151022
Título: ¿Cual es la division que Cristo trae a nuestras vidas?
Original en audio: 6 min. 15 seg.
El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo número doce de San Lucas. Hay dos comparaciones, dos palabras realmente muy fuertes que Cristo nos trae y que llaman nuestra atención, la palabras fuego y la palabra división, representada gráficamente por la espada que divide. Y Cristo dice: “He venido a traer fuego" San Lucas 12,49, y también dice: "He venido a traer división” San Lucas 12,53, esa división no es la división destructiva, sino que es más bien la división del discernimiento.
¿Qué queremos decir con esto? Que muchas veces el enemigo malo se aprovecha de la confusión, pero cuando llega la luz, entonces se ve quién es quién y qué es qué; y cuando llega esa luz y cuando llega esa claridad, entonces finalmente hay que tomar partido.
Es más o menos lo que sucede cuando se habla de honradez, o cuando se habla de pureza, o cuando se habla de coherencia. Si llega, por ejemplo, un jefe nuevo, un gerente nuevo a una empresa, en donde hay algunos que sí tienen prácticas honradas y en cambio hay otros que son deshonestos, pues a medida que se va haciendo una auditoría, y se va examinando paso a paso cada uno de los niveles, y de los oficios, y de las subgerencias, llega un momento en el que queda perfectamente claro que hay gente que estaba haciendo trampa, eso se llama “discernimiento”, eso es lo que se llama “diferenciar”, y eso es lo que Cristo trae a nuestra vida.
Muchas personas tienen una gran confusión entre lo que es bueno y lo que es malo, pero cuando llega Cristo a la vida, uno de los bienes que trae es una gran claridad sobre eso.
Pensemos en el caso de una persona que tiene una relación noviazgo, y en esa relación de noviazgo hay cosas bonitas, muy llenas de ternura, pero también hay cosas que son extrañas, quizás un poco sucias, quizás un poco impuras; pero, en medio de la dulzura de la relación, todo queda muy confuso, de manera que una persona, por ejemplo la mujer, puede sentir: “Sí, es bonita la relación, pero tal vez no deberíamos hacer esto, pero tal vez no deberíamos permitirnos esto”, ahí hay confusión.
Cuando va llegando la luz de Cristo a esta persona, sucede lo mismo que en la empresa de la que he hablado, es decir, llega el momento en que la persona entiende: “No, una cosa es que me amen y otra cosa es que me deseen, y una cosa es que me deseen como novia y otra cosa es que me deseen como esposa”; esas son las distinciones, esas son las necesarias claridades que trae Jesucristo en la vida.
Y a medida que nosotros vamos descubriendo esas distinciones, pues vamos encontrando libertad. El mismo Cristo dijo en el Evangelio según San Juan: “La verdad os hará libres” San Juan 8,32; a medida que vamos encontrando esas distinciones ya no nos dejamos confundir. Entonces, una persona que tenga esta claridad, por ejemplo, una mujer que tiene esta claridad sobre su dignidad de mujer y su dignidad de hija de Dios, aceptará con alegría amistad, aceptará con alegría amor, pero en el momento en el que quieran usarla, aprovecharse de ella, ella tiene una luz muy grande y va a poner un freno, va a poner una distinción.
Eso es lo que Cristo nos está diciendo en el evangelio de hoy. Que esto también sucede dentro de las familias, porque resulta que hay mucha familias donde donde todo el mundo se considera buen católico: "Yo soy buen católico, pero si tengo que abortar, aborto"; "yo soy buen católico pero no voy nunca a Misa”.
Me acuerdo de un señor que me decía: “Padre, yo soy católico pero no soy fanático”. Yo me quede pensando y le dije: “-¿Qué significa para ti lo de no ser fanático?” “-Bueno pues no soy de esos fanáticos que van cada semana a Misa”, fíjate lo que significa fanatismo para él: ir cada domingo a Misa, que yo diría que es el mínimo del mínimo ser católico, para él ya eso era fanatismo, fijémonos hasta dónde puede llegar la oscuridad en la vida de una persona.
Cuando llega la luz de Cristo a una familia, pues habrá gente que se tome en serio el mensaje del Señor y que digan: “No se puede seguir viviendo de cualquier manera”. Yo no puedo ser católico y al mismo tiempo estar a favor de relaciones prematrimoniales, a favor del aborto, no puedo estar a favor de la irresponsabilidad, la mediocridad, simplemente porque todo el mundo lo hace.
Pero claro, cuando unas personas van tomando en serio su fe, y otras en cambio creen que se puede vivir de cualquier manera, es ahí donde Cristo nos dice: " Van a surgir choques", porque la gente que está cómoda en su mediocridad se va a sentir denunciada y se va a sentir incómoda por aquellos otros que sí quieren ser coherentes. Ese es el mensaje de esto que Cristo llama división.
En síntesis: la persona que toma en serio el mensaje de Cristo, adquiere una claridad nueva en su propia conciencia que le lleva a diferenciar lo que antes estaba confuso; y en segundo lugar, esa claridad que Cristo trae a nuestra conciencia se refleja luego en nuestro entorno de amigos, en nuestro entorno de familia. Y no debe resultarnos extraño que algunas personas que creíamos muy cercanas de repente empiezan a sentir: “Ya no puedo contar con éste, ya no puedo contar con ésta”; y tienen razón, ya no pueden contar con nosotros porque Cristo ha querido contar primero con nuestra vida, con nuestra fuerza y con nuestro amor.