I294002a
Fecha: 20111020
Título: Dios quiere realizar como una prolongacion del misterio de la Encarnacion en nosotros.
Original en audio: [4 min. 43 seg.]
El Apóstol San Pablo hace una comparación entre la vida que llevábamos antes de conocer a Cristo, y la vida que podemos llevar a hora que Cristo nos ha reconocido y nosotros lo hemos conocido a Él. Lo cierto del caso es que cuando desconocíamos a Cristo vivíamos como esclavos de nuestros propios deseos y pasiones, y entonces las cosas que teníamos, y no sólo eso sino nuestro propio cuerpo, estaban como armas de iniquidad, estaban al servicio del pecado.
Y esto es muy cierto porque uno puede utilizar, por ejemplo, sus ojos para transmitir dulzura o para transmitir ira; uno puede utilizar su boca para dar un buen consejo o para insultar; uno puede utilizar sus manos para sanar o para golpear; uno puede utilizar su corazón para dar ternura o para seducir y perder a las otras personas.
Pero ahora, gracias a Nuestro Señor Jesucristo, estas mismas cosas que de pronto pudieron servir para el pecado en otro tiempo, ahora Dios puede empezar a utilizarlas para el bien. Y esta idea es muy hermosa, la idea de que Dios puede tomar mi cuerpo y puede convertirlo en un instrumento suyo, de manera que sea Dios el que obre, el que salve, el que sane, el que bendiga a través de mis manos.
la vida se vive de otro modo cuando uno le entrega lo que uno es y lo que uno tiene a Dios, porque entonces uno le pedirá a Dios: "Señor, que no sean solamente mis palabras, sino que sean tus palabras en mi boca". Probablemente así no diremos tantas tonterías, no diremos tantas palabras que crearon división y heridas.
Y no sólo no haremos el mal sino que sobre todo haremos el bien; así como Dios tomó a la humanidad en la Carne de Jesucristo, así quiere también tomar nuestra humanidad y nuestra propia carne, realizar como una prolongación del misterio de la Encarnación, para que Cristo viva su vida dentro de nosotros y le pueda hacer mucho bien a otras personas.
Este amor apasionado de salvación que hay en Cristo es lo que el evangelio llama ese "fuego" San Lucas 12,49, ese fuego que Cristo quiere transmitir a todos nosotros. Cristo quería darnos su salvación y comprendía que para eso era necesario pasar por una especie de bautismo. Porque efectivamente Cristo fue bautizado lavándose en su propia Sangre, y Cristo así bautizado, a través de nuestro propio bautismo nos transmite ese mismo fuego, para que un mismo amor esté en Él y esté en nosotros.
Y nosotros, teniendo el amor de Él, hagamos de todo lo que nosotros somos: de nuestro cuerpo, de nuestras palabras, de nuestros pensamientos, instrumentos de salvación y gloria de santidad para Dios.
Amén.