I293001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20031022

Título: Seamos esclavos de Jesucristo

Original en audio: [8 min. 24 seg.]


Amados Hermanos:

Volvamos nuestros ojos hacia la primera lectura del día de hoy. Llevamos ya varios días recorriendo ese gran documento que es la Carta a los Romanos. Podríamos decir que está en el corazón mismo del anuncio del Evangelio, porque las verdades fundamentales de la Carta a los Romanos, no son otras, sino las verdades fundamentales de nuestra fe.

Que hay pecado en el mundo, y que el pecado tiene poder; que todos, de algún modo o de otro, hemos estado sujetos a las consecuencias de ese pecado, y hemos cometido multitud de culpas; que nosotros, por nuestras solas fuerzas, por nuestra sola inteligencia, por nuestra sola tecnología, por nuestra sola terapia, por nuestros solos recursos, somos incapaces de reconstruir lo que destruye nuestro pecado.

Pero sobre todo, nos enseña la Carta a los Romanos, lo hemos aprendido o recordado estos días, y desde luego que es una gran verdad, de allí viene a sacarnos el poder de la gracia de Dios. Y esa gracia es creíble para nosotros, es posible de ser creída, y es necesario creerla, porque ha sido proclamada, porque ha sido gritada, ha sido anunciada con vigor desde las Llagas de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz.

De manera que hay una oferta de amor, que está escrita con letras de Sangre, en Cristo Crucificado. Y nos corresponde recibir esa oferta de amor, dar fe a esa propuesta de Dios. A través de la fe, nosotros nos abrimos al milagro de la salvación; a través de la fe, nosotros aceptamos de corazón lo que Dios nos está proponiendo.

Ahora bien, detrás de este esquema clarísimo de la Carta a los Romanos, hay también una enseñanza sobre el modo como el Apóstol San Pablo concibe la existencia humana misma. Es muy interesante en esta Carta, mis queridos hermanos, ver cómo Pablo, lo primero que hace, si tal vez lo recordamos del lunes de la semana pasada, lo primero que hace Pablo es llamarse esclavo.

La manera como él se presenta no es como un profesor, ni tampoco como un terapista, ni como un médico, ni como un milagrero. ¡No! Pablo se presenta como un esclavo. Esto es suficientemente interesante. Se presenta como un esclavo, como el esclavo de Jesucristo.

Y de eso ha tratado también la primera lectura de hoy. Porque si tú miras bien, en la primera lectura de hoy realmente lo que se está es haciendo el contraste entre dos formas de esclavitud, y lo que nos está diciendo Pablo es: "Mira, ha llegado el momento en el que tienes la oportunidad de escoger de quién quieres ser esclavo".

Yo sé que este lenguaje puede sonar muy extraño, después de toda la retórica de la Revolución Francesa, y después de que Kant nos dijo, que ya éramos mayores de edad, y después de que todo el racionalismo nos ha intoxicado, nos ha emborrachado con la idea de que cada uno puede hacer su vida como quiera, guiándose sólo por su propia cabeza.

Pero todas esas ideas racionalistas han quedado desmentidas en todos los terrenos. No nos digamos mentiras: que los poderes de manipulación del hombre por el hombre, nunca han sido tan grandes como en nuestra época.

¿Ustedes no sienten, amigos, que hay como un extraño poder, vamos a darle ese nombre, que pone a la gente a portarse igual en todos los países, en todos los continentes, que pone a la gente a abortar en todos los países, que pone a la gente a aprobar proyectos de familias de homosexuales en todos los países, que pone a la gente a vestirse del mismo modo, a hacerse los mismos tatuajes, criticar las mismas cosas y suicidarse a la misma edad en todas partes?

¿Vamos a creer que esa es una casualidad, que eso es una coincidencia? Nunca el mundo ha estado tan gobernado, creo yo, como en nuestra época, donde se repiten los mismos patrones, los mismos gustos, los mismos comportamientos y los mismos mercados, porque también de eso se trata, en todas partes.

¿Vamos a decir que ahora la humanidad es más libre? ¿Y que ahora, que cada uno maneja su propio pensamiento, entonces somos más independientes y más libres? Tal vez nunca hemos sido tan esclavos.

Y además, ¿qué vamos a alegar de racionalismos? Piense usted en la gente que conoce, y piense por favor, hágase esta pregunta: ¿qué tan racionales son? Los muchachos de nuestros colegios, ¿qué tan racionales son? ¿Realmente podemos decir que son gente lógica, racional, gente argumentativa?

Me decía hace poco un padre de este convento del Salvador, aquí en Dublín, un padre que ha trabajado con jóvenes me decía: "Mira, no es que ellos tengan argumentos, es que no les interesa. No es que tengan argumentos para negar la existencia de Dios, o para negar la divinidad de Cristo. ¡Ojalá tuvieran argumentos! ¡Ojalá quisieran argumentar! ¡Ojalá quisieran entrar en una discusión, investigar, leer, pero no quieren!"

¿A dónde nos ha conducido el racionalismo? ¿A dónde nos ha conducido esa embriaguez de soberbia, que significa que yo puedo manejar mi vida solo? Esa embriaguez de racionalismo a lo único que nos ha conducido, es a ser manejados por algo que es mucho menos que la razón, que son nuestras pasiones más elementales y a veces más corporales.

De manera que, a base del uso de nuestros sentidos, pues parece que nos quieren gobernar con una facilidad inmensa.

Hermanos míos, ¿dónde está el poder de la razón? ¿Dónde está el señorío de esta señora razón? ¿Dónde está el imperio de esa que fue llamada incluso "diosa razón"? ¿Dónde está?

Mucho más razonable, me parece a mí, la posición de San Pablo. Mira que en realidad siempre somos esclavos: esclavos del propio gusto, esclavos de los propios vicios, esclavos de los pecados, o esclavos de Jesucristo. Y San Pablo, por eso se presenta como esclavo de Jesucristo, y por eso nos dice hoy: "Pónganse al servicio de Dios" Carta a los Romanos 6,13.

Claro que esta traducción es una traducción muy blanda. Lo que dice San Pablo en ese capítulo sexto de la Carta a los Romanos es mucho más vigoroso. Lo que él dice es: "Háganse esclavos de Jesucristo, para que no sean esclavos del último tatuaje, o del que les diga cómo se tienen que suicidar".

Lo que nos está diciendo San Pablo aquí es mucho más vigoroso, pero también es mucho más liberador: "Háganse esclavos de Jesucristo".

Y yo pienso que es una propuesta que trae libertad al corazón y es una propuesta, que si nosotros la aceptamos movidos por el Espíritu Santo, hará nuestra vida y hará la vida del mundo, distinta, radicalmente distinta.