I292003a
Fecha: 20131022
Título: Hay que vigilar para no perder los tesoros que Dios nos ha regalado
Original en audio: 5 min. 57 seg.
Si uno lee con atención el Evangelio, tarde o temprano empieza a encontrar algunos pasajes, como el del día de hoy, en que Jesús nos invita a estar atentos, a estar vigilantes. Hoy, por ejemplo, en el capítulo 12 de San Lucas, aparece esa advertencia del Señor: "Estad en vela” San Lucas 12,40, como quien está aguardando a que su maestro regrese.
Bueno, eso de estar en vela indica una especie de combate interior. Permanecer despierto, cuando el horario invita más bien a descansar, supone un esfuerzo y supone que de modo natural uno se dejaría llevar por el descuido y por el sueño.
¿Qué nos quiere decir el Señor Jesucristo con esta manera de hablar? ¿Por qué es necesario permanecer vigilante? Indudablemente, la razón tiene que ver con lo que está en peligro. Una persona permanece vigilante, aunque esté muy cansada, si se siente en peligro. Dios nos libre, pero si estamos haciendo un viaje, por ejemplo, y pasamos por una zona que es peligrosa, o si vamos en un transporte público y dudamos de la gente que tenemos alrededor, aunque tengamos mucho sueño, procuraremos mantenernos despiertos, sobre todo en ese caso.
Vamos a suponer que hay que hacer una larga travesía y se encuentra uno en la infortunada situación de compartir el espacio de un bus o del vagón de un tren con una cantidad de gente que por alguna razón a uno le parece sospechosa o peligrosa: “No sé lo que esta gente podría hacer si yo me duermo, tal vez van a aprovechar mi sueño para sustraer algunas de mis pertenencias, me van a robar, o tal vez va a suceder algo peor". Cuando uno está en esas circunstancias, aunque tenga mucho sueño, hará el máximo esfuerzo y pondrá todo de su parte para no dormirse porque hay algo que está en peligro.
Apliquemos ese mismo razonamiento a lo que nos dice Jesús en el evangelio de hoy, nos dice que debemos permanecer vigilantes, que probablemente vamos a sentir cansancio y vamos a sentir ganas de descuidarnos, pero hay un peligro. Así que todo radica en conocer cuál es ese peligro. Si yo voy en es bus que he dicho, en el bus de mi ejemplo, o si voy en ese vagón del tren y veo que hay gente sospechosa, ese es el peligro, que tengo miedo de esas personas, y probablemente voy a poder defenderme mejor y voy a poder defender mejor mis cosas si estoy despierto, porque si estoy dormido no voy a poder hacer nada.
Entonces ahí surge la pregunta: ¿y cuál es el peligro, qué es lo que está en juego, qué es lo que podríamos perder? Viene a mi memoria una frase muy bonita del Apóstol San Pablo. San Pablo dice que nosotros somos como vasijas de barro, pero que en estas vasijas Dios ha puesto grandes tesoros, eso parece tener una relación con lo que estamos conversando. Soy una vasija de barro, hay una fragilidad en mí, pero hay algo muy valioso que está en mí
Cuando nosotros descubrimos eso que es tan valioso en cada uno, cuando descubrimos el valor que existe en nosotros y descubrimos que ese valor se puede perder, entonces descubrimos por qué es importante vigilar, o sea que el sustento, podríamos decir, del del Evangelio de hoy está en que nosotros descubramos el valor único que tenemos de cada uno, el valor nuevo que hemos adquirido por la Sangre preciosa de Cristo, el valor infinito, en cierto sentido, que tenemos por la presencia y la acción del Espíritu Santo.
Cuando descubrimos que nosotros como criaturas somos absolutamente únicos en el universo visible, cuando descubrimos que valemos precio de la Sangre del Hijo Único de Dios, y cuando descubrimos que somos templo y además instrumentos y expresiones de la belleza del Espíritu Santo, entonces descubrimos que
realmente hay tesoros en nosotros y descubrimos también que esos tesoros pueden perderse.
Básicamente, perder esos tesoros es lo que sucede cuando nosotros desconocemos el valor que tenemos y entonces caemos en todo tipo de idolatrías y en todo tipo de pecados. Cuando nos dejamos arrastrar así, por el pecado, cuando perdemos la gracia y la amistad con Dios, cuando utilizamos las grandezas que Dios nos ha dado, pero para cosas bajas, ruines o sucias, ahí estamos perdiendo nuestros tesoros, y por eso Jesucristo dice: "Hay que vigilar". Descubre el valor que tienes y consérvalo. Eres precioso, eres preciosa ante los ojos de Dios.