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El Verbo más importante del día de hoy tomado del capítulo 12 del Evangelio de San Lucas es “acumular”. Lo que critica Nuestro Señor Jesucristo en el caso del rico de esa parábola, es que acumula y acumula bienes, pero le llega la muerte de una manera inesperada y entonces se hace dramática la pregunta que aparece en la parábola. ¿Lo que has acumulado, para quién será? ¿Para qué será? Esa es la pregunta que Cristo quiere que nos hagamos. Estas preguntas nos lleva a otra pregunta ¿Por qué acumulamos? Hay incluso una especie de desorden psicológico que lleva a algunas personas a amontonar y amontonar cosas, de un modo compulsivo, hay libros que describen este problema psicológico y hay gente que empieza a convertir su propia casa en una especie de depósito psicológico pero luego el depósito está tan lleno que deja de ser casa y ya no es vivible, porque acumulan desde el piso hasta el techo acumulando mucha ropa, revistas, trastos y las personas quieren acumular y acumular, nos preguntamos qué hay detrás de ese deseo. Antes de buscar una respuesta, observemos que no se trata solo de acumular cosas, a veces nos concentramos, por ejemplo en acumular dinero mucho más dinero del que se puede gastar, algunos de los más tristemente famosos narcotraficantes son conocidos porque habían amasado una gran cantidad de dinero, que ya era imposible de gastar para ellos mismos, no tenían modo o no hubieran tenido de gastar todo ese dinero.
Incluso las redes sociales nos están llevando a otra dimensión de éste acumular, en estas redes se supone que eres más si tienes más amigos, más seguidores; pero muchas veces no hay un bien real, ni un servicio real, sino simplemente es tener seguidores, miles y miles ojala millones, pero ¿Para qué? ¿Por qué quieres eso? Al parecer hay dos razones principales por las que acumulamos.
Una razón es porque eso acaricia y engrandece nuestro ego, la persona que ha acumulado millones y millones no los va a gastar, pero el hecho de tener ese éxito le hace sentir una persona grande, una persona importante es como una caricia, un modo de amarnos, un modo que cae fácilmente en el desorden y el pecado, pero es un modo de amarse.
La otra razón quizás es más fuerte, acumulamos porque queremos asegurar el futuro, muchas personas que tienen el desorden psicológico de acumular cosas son incapaces de desprenderse de algo es porque siempre están pensando: “y si lo necesitara”, están mirando a un futuro que les parece incierto y tratan de asegurar ese futuro y tratan que ese futuro esté completamente sellado, blindado.
Entonces nuestro exceso de orgullo y nuestro temor hacia el futuro nos lleva a acumular. Es hermoso descubrir que cuando nos hemos encontrado con Cristo nuestra soberbia finalmente tiene que postrarse ante la grandeza de su verdadera majestad, cuando descubrimos al que es verdaderamente grande, verdaderamente bello y santo, todos nuestros orgullos parecen tan ridículos que finalmente nos arrojamos a los pies de su Cruz. Pero luego también hay otro motivo y es que al encontrarnos con Jesucristo, encontramos que no somos motas de polvo tiradas al azar y no estamos arrojados a la existencia, nosotros, cada uno de nosotros ha sido creado con amor por un Padre amoroso y esa certeza del amor de Dios lleva a que miremos nuestro futuro desde la confianza y no desde el pánico y no desde el temor, cuando eso sucede también desaparece esa urgencia de acumular.
Pidamos al Señor al acercarnos a su presencia a su corazón, pidamos que nos libere de nuestras muchas idolatrías y sobre todo que nos revele su rostro de amor.