I291001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20031020

Título: ¿Como mantener viva la esperanza?

Original en audio: [6 min. 23 seg.]


Hermanos:

En estos días me encontraba con un libro que tiene un título especialmente sugestivo: "Conservar Viva la Esperanza". Bueno, el título original en inglés es:"Keeping Hope Alive".

¡Conservar viva la esperanza! La esperanza es una manera de mirar al futuro. Y hay muchos modos de evitar la mirada al futuro, hay muchos modos de huir del futuro. Y el evangelio de hoy nos presenta precisamente uno de esos modos, una de esas huidas.

A veces rechazamos el futuro por quedarnos anclados en un pasado glorioso, pero otras veces, y creo que ese es el caso en la lectura de hoy, rechazamos el futuro, porque absolutizamos el presente.

Eso fue lo que le sucedió a este hombre que había tenido una gran cosecha, según la Parábola de Jesucristo. Se puso a pensar: "¿Qué haré?" San Lucas 12,17, y entonces organizó su presente, organizó su felicidad, organizó su dicha, toda para esta tierra, toda para este momento, toda para su hoy.

Y él pensaba que si aseguraba un presente feliz, podía congelar, podía detener el tiempo, podía obligar al futuro a que fuera igual a su presente.

Este hombre creía que podía hacer que su futuro fuera simplemente la repetición de su presente. He aquí la manera como él imagina el futuro: "Podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe, date a la buena vida" San Lucas 12,19.

Y él pensaba que eso no iba a acabar nunca; él pensaba que habiendo asegurado un esplendoroso presente, tenía también asegurado un feliz, descansado y placentero futuro. Pero es aquí donde entra la voz de Dios, y es aquí donde Dios, por una vez, no viene con una respuesta, sino viene con una pregunta.

Entre otras cosas, qué bueno que nos acostumbremos a eso: Dios no es una cajita de respuestas, Dios no está ahí, nada más para que nosotros descubramos las respuestas, o para que tapemos los huecos de nuestra ignorancia.

Muchas veces Dios viene a nosotros para mostrarnos nuestra ignorancia, para abrir ante nosotros los tremendos huecos, los tremendos abismos de ignorancia que tenemos tapados con papel. A veces le ponemos un papel de regalo al abismo de nuestra ignorancia, y creemos que el camino sigue sin tropiezos. Pero debajo de ese papel bonito, lo único que hay es un hueco dispuesto a devorarnos.

Así le pasa a este hombre. Dios arranca ese papel, Dios quita esa ficción, y deja que se vea el abismo, deja que se vea el problema: "Esta noche vas a morir" San Lucas 12,20. "Tu futuro no es la repetición de tu presente, tu futuro tiene una sorpresa, tu futuro trae incertidumbre".

Por eso, conservar la esperanza no es solamente conservar el deseo de que las cosas sean mejores, sino es conservar también la conciencia de que las cosas van a ser distintas.

Recordar que somos radicalmente ignorantes sobre nuestro futuro es un acto de profunda sensatez que nos devuelve a nuestra condición de creaturas, a nuestra condición de creados, a nuestra condición de peregrinos, a nuestra condición también, por qué vamos a temer decirlo, de dependientes.

Estamos en radical dependencia; no somos Dios, en contra de lo que prometió y sigue repitiendo la serpiente, según el texto aquel del Génesis: "Entonces serán como Dios" Génesis 3,5. ¡Nosotros no somos como dioses! Esta es tal vez la gran tentación, igual para nuestro tiempo: ser como dioses, sentir que asegurando un presente, tenemos asegurado el futuro.

Por ahí algún autor de estos libros de superación personal y cosas parecidas, que no niego, tiene sus elementos estimulantes, sus elementos interesantes, y sus elementos, por qué no decirlo, positivos, le puso por título a su libro algo así como: "Mentes eternas, cuerpos sin edad".

Tener un cuerpo sin edad, imaginarme, soñar, suponer que no tengo edad, suponer que puedo congelar el futuro, que puedo asegurarlo, que puedo obligar al mañana a ser una fotocopia de mi presente feliz, todo esto no es otra cosa sino pretender ser como Dios.

Pero Dios interviene, Dios entra con su pregunta: "¿Y para quién serán todos tus bienes?" San Lucas 12,20.

De manera que hoy tenemos que aprender, que para mantener viva la esperanza, hay que mantener viva la pregunta; y para mantener vivas la esperanza y la pregunta, hay que tener viva la conciencia, y viva la inteligencia.

Cuando nuestra inteligencia y nuestra conciencia están despiertas, y son capaces de abrirse a ese radical desconocimiento que tenemos del futuro, descubrimos de quién somos, y a quién pertenecemos.

Y entonces le damos la gloria a Dios, y no nos dejamos encadenar, no nos dejamos esclavizar por los bienes de esta tierra.