I286002a

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Fecha: 20111015

Título: La importancia que tiende la accion del Espiritu Santo en el corazon de las personas y en la sociedad

Original en audio: [4 min. 40 seg.]


El capítulo doce de San Lucas nos recuerda la importancia que tiene el Espíritu Santo. Esto no es extraño en los escritos de Lucas porque ciertamente él es el Evangelista que más destaca el papel, la necesidad del Espíritu Santo.

También, es el que más habla de la alegría y el que habla más del lugar irreemplazable que ocupan los pobres y los necesitados en el proceso de difusión de la Buena Nueva.

No es casualidad que estas tres características estén en un solo Evangelista. Los pobres, en efecto, son los que descubren con mayor facilidad su necesidad, y la necesidad humana más grande no es solamente el alimento que perece, ni siquiera la instrucción o la vivienda, la necesidad más profunda, la vida de nuestra vida, como la llamaba San Agustín, es la acción del Espíritu.

Y por eso el hambre más profunda del ser humano es hambre de Dios mismo, hambre que sólo puede ser saciada con ese Espíritu. Este es el Espíritu qe sella en nosotros una nueva alianza. Dios había prometido una nueva alianza por boca de los profetas, y lo característico de esa alianza es que los preceptos no van a estar escritos en piedra, sino que van a quedar adentro, en el corazón.

Dios escribe en nuestros corazones a través del Espíritu, porque también es ese el Espíritu que nos da un nuevo corazón. En el salmo 51, lleno de arrepentimiento, el rey David dice: "Crea en mí un corazón puro" Salmo 51,12. Pues el Espíritu creador es el que nos da ese nuevo corazón.

Y de ahí entendemos por qué es indispensable la acción del Espíritu Santo: es que sin ese Espíritu no hay corazón nuevo; es que sin ese Espíritu no quedan escritos los preceptos de Dios dentro de nosotros.

Y si Dios no escribe su Ley en nuestros corazones, si la Ley es algo que queda únicamente afuera de nosotros, entonces nos hemos devuelto al Antiguo Testamento, y entonces el drama que nos espera es el que está descrito en el capítulo séptimo de la Carta a los Romanos: "Veo el bien, conozco el bien que debo realizar, pero termino haciendo lo que yo mismo no quiero" Romanos 7,15-16.

Esa división interna, esa división dramática, ese desgarramiento interior de saber lo que es bueno pero no tener fuerzas para realizarlo, ese desgarramiento sólo se sana con la presencia del Espíritu.

Pero el Espíritu no obra únicamente dentro de cada uno de nosotros sanando ese desgarramiento, el Espíritu sana también el desgarramiento de nuestra sociedad, es decir, su acción no es únicamente íntima, personal o individual, sino que su acción es también social: construye cuerpo, sana a la sociedad misma.

Y lo vemos en el final del texto del evangelio de hoy. A través de la predicación a los poderosos, a través de la predicación a los príncipes, o a los reyes paganos, o a las autoridades judías adversas al Evangelio, Dios va sanando, Dios va restaurando la unidad de su cuerpo; porque aquellos que podrían desgarrar con mayor fuerza la sociedad han de ser confundidos primero y sanados después por el Espíritu para que se forme un solo cuerpo.

Maravillas del Espíritu que no debemos negar y que sí debemos recibir.

A Él la gloria por los siglos.

Amén.