I285002a
Fecha: 20111014
Título: Si ponemos nuestro corazon bajo el poder de Dios ningun idolo ocupara nuestra vida
Original en audio: [4 min. 15 seg.]
El comienzo del capítulo doce del evangelio de San Lucas tiene todavía el eco de aquella polémica, agria polémica, con la que ha terminado el capítulo once. Veíamos al final de este capítulo once que Cristo discute con escribas y fariseos, denunciando fundamentalmente que han perdido lo esencial, se han quedado en los detalles.
Es más fácil, en efecto, quedarse en los detalles, porque los detalles de la virtud son cosas que están en nuestro poder, mientras que llegar verdaderamente a amar a Dios y entregar verdaderamente el corazón, pues es algo que ya no resulta tan sencillo; de hecho, es algo para lo cual necesitamos el auxilio del Espíritu Santo. Es decir que finalmente la propuesta de los fariseos lleva a un callejón sin salida, y por eso tantas hipocresías, y por eso presentar una fachada como si las cosas estuvieran bien, cuando en realidad había tanto fracaso por dentro.
En cuanto a los escribas, pues ya vemos cuál es la denuncia que hace Cristo: que ellos se han quedado en una maraña de interpretaciones; y de nuevo, esto es muy propio del intelecto humano. Nosotros sabemos, muchos podemos jugar con palabras, dar todo tipo de explicaciones, elaborar teorías, esas cosas están en nuestro poder; pero dejarse cautivar y dejarse, por qué no decirlo, dominar por la maravillosa verdad de Dios, como aparece en la Escritura, ya eso es otra cosa.
O sea que en el fondo escribas y fariseos caían en el mismo pecado: se quedaban en la superficie, que es donde la voluntad humana todavía puede sentirse reina y señora sin llegar a lo esencial, sin llegar al núcleo, porque allá en el núcleo es donde están los verdaderos pecados, es decir, ese egoísmo radical que uno tiene, esa cobardía para sacrificarse por lo que vale la pena, y esa falta de amor, sobre todo la falta de amor que hace que el servicio a la Ley se convierta en una especie de gran mentira.
Ahora bien, aunque estos fariseos y escribas vivieran dentro de esa mentira, pues, ellos sabían vender muy bien sus ideas, su teoría, su producto; y por eso, el pueblo llano estaba, por decirlo así, en parte dominado, en parte fascinado y en parte atemorizado por estos que se hacían pasar por grandes maestros.
Por eso vemos a Jesús con una palabra fuerte de liberación al comienzo de este capítulo doce de San Lucas; esencialmente lo que le está diciendo a la gente es: "Mira, que tu corazón se ponga primero en Dios, que tú reconozcas primero la autoridad de Dios, que tú reconozcas primero el poder de Dios, su señorío sobre cada área de tu vida y así podrás darle el lugar a cada una de las autoridades de esta tierra.
No es que Cristo esté negando el papel de las autoridades o de los poderes en esta tierra, sino que quiere que recordemos que todo legítimo poder tiene su fuente en Aquel que es el poderoso, y Ése que es poderoso, ése Dios Padre es el que tiene que cautivar, es el que tiene que fascinar nuestro corazón.
Porque si tenemos el corazón fascinado por Dios, entonces no cualquiera nos va a deslumbrar; si nuestro corazón está empeñado en amar a Dios con todas sus fuerzas, entonces no va a ser proclive a la idolatría; si nuestro corazón está atraído y está bajo el poder de Dios, ningún ídolo, ningún tonto fariseo, ningún hablador escriba va a lograr nada con nosotros.
¡Ponte bajo el poder de Dios!