I283001a
Fecha: 19971015
Título: Los reganos de Dios
Original en audio: [2 min. 58 seg.]
Las palabras duras de la Escritura, como nos las ha presentado la Iglesia en este día, tienen una finalidad, o mejor, tienen dos finalidades, dos propósitos.
Primero, como ya decía el profeta Isaías: "Allanad la senda para que Dios puede caminar" Isaías 57,14.
Que me regañe Dios, eso está bien; y que Dios me corrija, eso está bien, porque el regaño y la corrección de Dios muestran que soy hijo, "¿y qué padre no corrige a sus hijos? Si no os corrigiera, señal sería de que sois bastardos y no legítimos" Carta a los Hebreos 12,8.
Qué bueno que Dios me corrija; unos cuantos regaños de parte de Dios hacen bien, bajan el copete, humillan la soberbia y hacen que la calzada se allane y que Dios pueda entrar victorioso a mi vida.
Pero en segundo lugar, este género de regaños como el que hemos escuchado, que vale para judíos y griegos y que vale para fariseos y juristas, este tipo de regaño sirve también para que todos reconozcamos que tenemos necesidad de Dios, para que todos tengamos hambre de Dios.
Esta es la diferencia entre el regaño que da Dios y los que a veces nosotros damos. A veces nosotros regañamos simplemente para acabar de hundir a la persona y una vez que esté hundida, tierra encima.
Dios no regaña así, Dios regaña en vistas a la conversión. El regaño y la corrección de Dios nos llevan a que nosotros volvamos a tener hambre de Él.
Cuando Pedro estaba predicando el día de Pentecostés, le dijo a la multitud: "Dios resucitó al Cristo que vosotros crucificasteis" Hechos de los Apóstoles 2,23-24; y la gente compungida, llena de arrepentimiento, le dijo a Pedro: "¿Entonces qué tenemos que hacer?" Hechos de los Apóstoles 2,37.
A veces uno necesita ese regaño que lo lleve a preguntar: "¿Entonces yo qué tengo que hacer?" Y si uno pregunta eso, ya tiene hambre; y el que tiene hambre será saciado. Así nos alimenta Dios. Felices nosotros que tenemos un hambre semejante del Santo Sacramento, un hambre semejante de la Eucaristía.
El que viene o el que venga saciado de su éxito, de su plata, de sus amigos, ese va a comulgar muy poquito, porque tiene poquita hambre; el que viene con su peso de necesidad y de tristeza; el que comprende que necesita mucho, ese que ha hecho lo que tenía que hacer, y que después de eso, siente hambre, ese va a comulgar con toda su alma, con toda su vida y va a recibir muchísimo al Señor.