I282001a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19971014

Título: Descubrir que uno es distinto de su pecado

Original en audio: [4 min. 27 seg.]


Una expresión muy novedosa que tiene San Pablo en esta Carta a los Romanos, es aquella de la justicia salvadora. La idea que uno tiene de la justicia es como incompartible con la idea que uno tiene de la salvación; porque uno se imagina la justicia sólo como darle a cada quien lo que merece, y, por consiguiente, si la persona ha obrado bien, hacerle justicia es reconocer el bien que ha hecho; y eso pues no mejora sustancialmente su situación.

Y si una persona ha obrado mal, pues que pague las consecuencias de sus obras malas; de manera que con ese modo, que es el más frecuente de la justicia, ni el bueno mejora ni el malo cambia; y en cualquier caso, ninguno de los dos es salvado

Pero resulta que San Pablo habla de una justicia salvadora y de hecho, esa idea de la justicia salvadora es muy importante, porque esa equivale a la palabra “justificación”; justificar, justificación. Y la palabra justificación es importante porque describe lo primero que hace la gracia de Dios en la vida espiritual; la justificación.

¿Y qué quiere decir la justicia salvadora? Quiere decir que la justicia de Dios no se limita a una declaración, no es una simple declaración sobre cuál es el bien o cuál es el mal que se ha hecho en pasado en la vida de una persona. En el fondo, si lo pensamos bien, lo esencial de entre la justicia es como ese discernimiento, como esa separación entre lo bueno y lo malo.

Lo que sucede es que la justicia, como nosotros la solemos entender, es una separación que se queda en el plano de las ideas, en el plano de las palabras; en cambio, la justicia de Dios separa lo bueno de lo malo, no sólo como ideas, no sólo como una declaración de principios, sino como una realidad en la vida de las personas.

De manera que cuando Dios obra su justicia en nosotros, según declara en Cristo Jesús, lo que hace es separar su obra buena de las obras malas.

Esto lo describe preciosamente el salmo cuando habla de que "Él aleja de nosotros a nuestros delitos" Salmo 103,12.

El cristiano es aquél que ha sido separado de sus delitos, y la obra de la justificación es una obra según la cual Dios me declara a mí, me muestra a mí y realiza en mí que yo no soy mi pecado; que yo he cometido pecados, que yo tengo pecados, que yo estoy bajo el peso del pecado, de acuerdo, pero yo no soy mi pecado.

Y esta separación entre lo que yo soy y mi pecado, es la que ha realizado precisamente el amor de Jesucristo al rescatar en el ser humano lo que nosotros somos por creación y por proyecto de Dios, y aquello que hemos alcanzado a ser por culpa de nuestros delitos.

De manera que la justicia de Dios no es una simple palabra, sino es la realidad, que a través de la gracia de Jesucristo, completa el Señor en nuestra vida; una realidad según la cual Él separa en nosotros lo que nosotros somos por obra de su creación y lo que son nuestros pecados.

El día que uno descubre que uno es distinto de sus culpas, uno descubre también que tiene una nueva y maravillosa oportunidad de llegar plenamente a ser, y esta es la obra de la justificación; la recibe aquél que por la fe acepta la obra de Dios en Jesucristo. Es uno de los propósitos y enseñanzas centrales de esta preciosa Carta a los Romanos.