I263002a
Fecha: 20110928
Título: Antes de tomar decisiones importantes en la vida es necesario sopesar las consecuencias
Original en audio: [4 min. 33 seg.]
El evangelio de ayer utiliza una palabra muy precisa para referirse a la actitud de Jesús cuando emprende el camino hacia Jerusalén. Dice, de acuerdo con la traducción: "Emprendió resueltamente" San Lucas 9,51, con decisión. ¿Por qué era necesaria esa actitud? ¿Por qué se requería esa resolución? Porque no era in viaje más.
Indudablemente, como todo judío observante de la Ley, Jesús había ido muchas veces a Jerusalén; sabemos que desde niño iba al templo en Jerusalén, había ido muchas veces, pero esta vez había algo distinto, y eso distinto es lo que hace que Jesús necesite esta actitud interior, esta resolución. ¿Cuándo se toma una resolución? Cuando, haciendo un balance de lo que se va a ganar y de lo que se puede perder, uno dice: "A pesar de todo, me empeño, lo voy a hacer".
Uno no necesita una actitud muy resuelta cuando las cosas están completamente garantizadas; por ejemplo, si una persona tiene buena salud, tiene un buen empleo, tiene su casa, seguramente no tiene que tomar una gran resolución para decir: "Voy a cenar", no, esa no es una gran resolución.
Cuando las cosas están garantizadas tampoco se necesita esa gran resolución; pero cuando es incierto el resultado, como el general que está a punto de entrar en batalla, y se da cuenta que el ejército enemigo es bastante poderoso y está muy bien plantado, en ese momento tiene que analizar, tiene que sopesar.
Y el evangelio de hoy en realidad nos está invitando a hacer esa clase de análisis, a hacer esa clase de balance. Jesús mismo dijo en otra ocasión que para esto de aceptar y de acoger el Reino de Dios uno tiene que hacer sus balances, no sea, nos dice Jesús, que empecemos a construir y no podamos concluir.
El que tiene sólo diez mil hombres y va a enfrenta a otro que tiene un ejército de veinte mil también tiene que hacer muy buen balance, "a ver qué es lo que voy a hacer exactamente".
¿Jesús iba a perder algo en esa peregrinación? Por supuesto, Él se daba cuenta cómo había una creciente oposición, y se daba cuenta que esa oposición tenía su fuente en las autoridades y en las clases altas, de los sacerdotes, de los magnates y de los que se creían buenos, escribas y fariseos, los sabios, los entendidos, ellos eran los principales opositores de la causa de Cristo, y no cabe duda que su nido estaba en Jerusalén.
O sea que ir a predicar con toda la fuerza de su profecía, ir a predicar a Jerusalén, era como se dice popularmente "meterse en la cueva del lobo"; y Él sabía el tamaño de odio que le tenían y que lo iban a buscar, y efectivamente lo buscaron. O sea que ¿qué era lo que iba a perder Cristo? Pues lo iba a perder todo, ¿y qué era lo que iba a ganar Cristo? Pues lo iba a ganar todo también, ahí sí que se cumple "el todo por el todo", y dentro ese "todo" ¿qué iba a ganar Cristo? Nos iba a ganar a ti y a mí, nos iba a ganar, somos su ganancia.
El Apóstol San Pedro nos dirá en algún lugar que "hemos sido adquiridos a precio de su Sangre" 1 Pedro 1,19; es decir que Jesús en ese momento está sopesando en su corazón todo lo que tiene que perder, que no es otra cosa sino su propia sangre y su vida; pero también todo lo que gana dándole plena gloria al Padre Celestial y atrayendo hacia el rebaño de salvación a cada uno de nosotros. ¡Qué momento sublime, qué momento precioso! ¡Gracias, gracias, Jesús!