I261001a

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Fecha: 20050926

Título: El poder de Dios no es para tenerle miedo, sino confianza, gratitud y alabanza

Original en audio: [4 min. 25 seg.]


Queridos Hermanos:

Volver del destierro fue como resucitar. Para el pueblo de Judá, después de tantos años de esclavitud, en la ignominia, en el desprecio, en el olvido; después de tantos años lejos de su tierra, tenía que parecerles imposible volver a su lugar y ver florecer la vida.

Pero la frase central de la lectura de hoy, la frase que nos abre, tal vez, la puerta más grande de la esperanza es esa que dice Zacarías:"Aunque esto les parezca imposible a los sobrevivientes de este pueblo,¿acaso va a ser imposible para mí?" Zacarías 8,6.

Este es un tema que aparece varias veces en la Escritura; para Dios todo es posible. Dios, nuestro Dios, es Aquel que abre camino donde no los hay; Dios, nuestro Dios, es Aquel que no se detiene, que no puede ser detenido. Pero la omnipotencia de Dios no es como los caprichos de los hombres, y la omnipotencia de Dios no es como el capricho de los dioses, por ejemplo, griegos.

Es muy importante descubrir que la omnipotencia de Dios no es un juguete para sus manos, tampoco es una curiosidad para nuestra inteligencia, como aquella famosa pregunta, "si Dios puede hacer una piedra tan grande, que después no pueda moverla".

La omnipotencia no es un juguete intelectual; la omnipotencia es la expresión del señorío del único que es sabio, compasivo y santo; Dios tiene tanto poder como tiene de sabiduría, nos enseña Santo Tomás; y Dios tiene tanto poder como tiene de compasión y de amor; y Dios tiene tanto poder como tiene de luz, como tiene de santidad, como tiene de eternidad.

Todos estos atributos de Dios van unidos, y por eso la omnipotencia de Dios no nos asusta; nos asusta que la gente tenga demasiado poder. Hay un famoso dicho: "El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente". Eso vale, tal vez, para los seres humanos, en la medida que nosotros aumentamos el poder, pero no aumentamos la misericordia, o no aumentamos proporcionalmente la sabiduría.

Este Dios nuestro, este Dios que vence los imposibles, es el Dios que se goza viendo que el anciano todavía tiene un lugar en la plaza y que junto a él, el niño y la niña corretean alegres; es el Dios con corazón de Papá, es el Dios con corazón de Padre; y por eso no tememos la omnipotencia de Dios. Esas son las dos enseñanzas de hoy: que nuestro Dios es poderoso, y que su poder no es de tener miedo, sino de tener confianza, de tener gratitud, de tener alabanza.

Bendito sea el Dios en el que confiamos, bendito el Dios en el que hemos puesto nuestra esperanza y nuestro amor.