I256005a

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La primera lectura del día de hoy está tomada del profeta Zacarías, como hemos explicado, este profeta lo mismo que Ageo pertenecen a una etapa muy particular de la historia del pueblo de Dios, se trata del final del siglo sexto antes de Cristo, aquel tiempo en que los judíos por una especie de accidente político de la época pueden regresar a Jerusalén aunque nosotros sabemos que más que un accidente se trata de una providencia de Dios. Básicamente lo que ha sucedido es que los caldeos habían obligado a los judíos a ir a Babilonia, pero cuando los caldeos fueron derrotados por los persas, a los reyes persas nos les interesaba que la población judía engrandeciera o embelleciera la antigua capital caldea y al querer poner orden en su casa, los persas envían a los judíos de vuelta a Jerusalén y así termina la humillación del destierro, fijémonos cómo Dios se vale de tantas cosas.

Dios se vale de muchas cosas y el destierro mismo, con todo lo espantoso que tuvo, con las marcas indelebles de dolo que dejó en el alma judía también trajo bendiciones, y una de esas bendiciones es precisamente la que brilla con luz propia en el texto de hoy, el texto de Zacarías; me refiero en particular a esa frase: “Jerusalén será ciudad abierta”; la experiencia de ser extranjeros, de ser humillados, de tener que hablar y pensar en otra lengua, en otras categorías y moverse en un universo cultural distinto fue el instrumento que Dios utilizó para ensanchar el corazón judío y uno nota un gran contraste entre el modo de pensar judío antes de y el modo de pensar judío después de. Es muy distinto el antes del destierro y el después del destierro, en concreto después del destierro esta idea de que Dios es el Dios de todos los pueblos y que por consiguiente Jerusalén tiene que ser de algún modo señal de unidad para todos los pueblos, esta idea es poderosamente subrayada en la profecía de Zacarías. El tiempo posterior al destierro prepara de algún modo una noticia se bondad, de misericordia y de perdón que ya no va ser solamente para el pueblo restaurado, para el pueblo que ya pudo volver del destierro; esa buena noticia va a ser noticia alegre y buena para todos los pueblos, y eso es lo que nos va a traer el Nuevo Testamento, es decir que estos textos que asoman, por ejemplo en Sofonías, en algunos capítulos finales de Isaías, y Zacarías, nos están presentando un llamado y un envío del mensaje de Dios a todas las naciones. Ya esto va conectando con cosas del Nuevo Testamento, por ejemplo aquella frase que dice Cristo a sus apóstoles en el capítulo 28 de san Mateo: “Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos”, estas semillas como esta del destierro, van a florecer en la palabra, en el corazón, en la predicación de Cristo resucitado, a Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.