I256002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19990925

Título: Toda la alabanza cristiana tiene que pasar por la Cruz de Cristo

Original en audio: [15 min. 10 seg.]


Muy Amados Hermanos:

Estaba todo el mundo maravillado por todas las obras que realizaba Jesucristo, y en medio de esa popularidad, Cristo dice un anuncio impopular: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres" San Lucas 9,44.

Puede decirse que Cristo aquí aparece como una especie de "aguafiestas": todo el mundo feliz, todo el mundo contento, todo el mundo en fiesta, y Cristo hablando de cruz, de dolor, de rechazo.

Así pasa a veces en algunos grupos de oración de la Renovación Carismática: mucha alabanza y mucho gozo, como el que hemos tenido hoy, y cuando se menciona la palabra "cruz", "dolor", persecución", "traición", alguien puede pensar que estamos aguando la fiesta, pero no es así.

Precisamente, la maravilla de las maravillas, y el prodigio por encima de todo prodigio, el motivo más grande de alabanza, es la Cruz. Y además, Cristo no es una droga. Las drogas psicotrópicas, nos sacan de la realidad; lo mismo que emborracharse, lo mismo que todos los vicios, las drogas nos sacan de la realidad.

Pero la alabanza carismática no es una huida de la realidad; nosotros no glorificamos a Dios como una manera de embotar nuestra mente, por lo menos no debemos hacerlo así. Nosotros no glorificamos a Dios para olvidarnos de que el mundo es duro y cruel.

Nosotros no venimos aquí como el que va a un partido de fútbol, y mientras ve las acciones, los goles, los peligros, las jugadas, se olvida de que tiene dolores y problemas, y luego sí vuelve a su casa, y ya en su casa se siente deprimido otra vez, triste otra vez, solo otra vez.

Nosotros no estamos huyendo de nada; alabamos a Dios no para huir del mundo; glorificamos a Dios no para olvidarnos del mundo. Hay una frase muy hermosa y muy profunda que Cristo dice a sus discípulos en el evangelio de Juan: "Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo al mundo y voy al Padre" San Juan 13,33. Y San Pablo nos dice en la Primera Carta a los Corintios: "El mismo que bajó es el mismo que subió" Categoría:1 Corintios.

Cristo nuestro Señor nos dice también: "Yo he vencido al mundo" San Juan 16,33, capítulo dieciséis de San Juan; y San Pablo en la Carta a los Efesios dice que "Cristo victorioso lleva en su cortejo triunfal a todo el mundo; se llevó la cautividad cautiva" Carta a los Efesios 4,8, dice San Pablo.

¿Qué quiere decir todo esto? Que nosotros alabamos a Dios no huyendo de la realidad; nosotros no alabamos a Dios porque no soportemos el mundo, sino porque sabemos que en este mundo hemos recibido de Dios las señales preciosas de la victoria de Cristo; es que palpamos la victoria de Cristo en este mundo.

En esta realidad y en este dolor, nosotros glorificamos a Dios, no como una manera de olvidarnos de lo que nos está pasando, sino como aquél camino que empieza en esto que nos está pasando y que nos lleva hacia esa plenitud que se llama el Reino de Dios.

Por eso, quienes van a los grupos de oración para olvidarse de que tienen una vida triste, les va a pasar lo mismo que al que se emborracha por la noche y a la mañana tiene el guayabo; te va a encontrar con las mismas tristezas de siempre, con los mismos problemas de siempre.

¿Esto qué significa? Que toda la alabanza carismática, que toda la alabanza cristiana tiene que pasar por la Cruz.

La Constitución "Gaudium et Spes" del Concilio Vaticano II dice que todo lo genuinamente humano tiene que ser purificado en la Cruz de Cristo. Tenemos que pasar por la Cruz nuestras alabanzas. Yo tengo aquí una imagen de Cristo Crucificado, aquí, mírela. Esta imagen de Cristo Crucificado sirve para hacer un test, una prueba.

Una persona está en intensa alabanza a Dios, se le muestra la Cruz. Eso fue lo que Cristo hizo con los discípulos. La gente maravillada, milagros, sanaciones, se expulsan los demonios, se curan las enfermedades. Cristo mostró la Cruz, ¿qué pasó con los Apóstoles? La Biblia dice: "No entendieron" San Lucas 9,45, "les estaba vedado, no entendían, y temían preguntar" San Lucas 9,45. Esa es la alabanza egoísta.

Si cuando aparece la Cruz, tu alabanza se acaba, y te llenas de temor, y te escondes, y sientes que no entiendes nada, tu alabanza era un escape; ¡gloria a Dios que se acabó esa alabanza!¡ Era de mentiras!

La alabanza verdadera, cuando aparece la Cruz, crece: "Gracias, Señor, nunca había visto una prueba tan clara de que me amaras tanto; gracias, Señor, ahora tengo más razones para bendecirte, ha aparecido tu Cruz, !gloria a Dios! Es lo más maravilloso que he visto; he visto un amor como nunca había visto; he visto al amor más grande.

Señores y señoras de los grupos de oración, especialmente de la Renovación Carismática Católica: lleven siempre la Cruz, muestren siempre la Cruz, prediquen la Cruz, no la Cruz como última palabra, esa no es la última palabra, la palabra última es la Resurrección y la Gloria;

Pero esta Cruz es un instrumento maravilloso para aprobar la alabanza; la alabanza que se destruye cuando aparece la Cruz, no era de Dios, era alabanza egoísta, era una manera de huir del mundo.

En cambio, la alabanza que crece cuando aparece la Cruz, esa es la que le gusta a Dios. Y esta es la madurez de la Renovación Carismática.

Cuando el mensaje de la Cruz aumenta la alabanza, el grupo de oración está maduro; cuando aparece la Cruz y la gente no entiende nada, se esconde, se enreda, no comprende por qué eso, está mal, está muy mal; el grupo está mal, están girando tal vez entorno a la música, están girando tal vez entorno a la personalidad de alguien, pero el centro no es Jesucristo.

La Cruz, el amor más grande; la Cruz, el testamento del amor más grande; la Cruz, la señal del amor eterno, victorioso, invencible.

Hay que alabar la Cruz de Cristo; el motivo principal de alabanza que tiene todo cristiano es la muerte de Cristo en la Cruz.

Cuando San Pablo hacía oración y hacía alabanza, había una frase que él decía y que aparece en la carta a los Gálatas: "Señor, te bendigo; Señor, te alabo; Señor, te doy gracias; Señor, te glorifico, por qué? San Pablo lo dice en la Carta a los Gálatas: "Te alabo, Señor, porque me amaste y te entregaste por mí" Carta a los Gálatas 2,20.

Te alabo, Señor, te bendigo, porque me amaste y te entregaste por mí" Carta a los Gálatas 2,20. ¿Y dónde sucedió eso? en la Cruz. ¿En dónde vemos a Cristo ofrecido a la muerte por nosotros? En la Cruz. ¿Dónde entregó Cristo todo? En la Cruz. El prodigio más grande y la maravilla más grande es la Cruz de cristo.

Cuando uno está convencido de esto, puede dar un pasito más, ese paso más es alabar a Dios por la cruz de uno. Primero hay que descubrir que Dios nos ama, y sentir esas maravillas de la que habla el evangelio de hoy, primer paso.

Segundo, descubrir que ese amor nunca fue tan grande como en la Cruz, segundo paso. Tercer paso, descubrir que el mismo amor de Cristo en la Cruz, también me visita a mí. Descubrir mi dolor como visita de Dios, amorosa visita de Dios. Eso no le quita la cara de dolor, pero sí le quita la cara de tragedia.

Los cristianos verdaderos alaban a Dios; los cristianos buenos alaban a Dios sobre todo por la Cruz, y los cristianos santos alaban a Dios desde su propia cruz. Se lo repito: Los cristianos verdaderos alaban a Dios; segunda, los cristianos buenos alaban a Dios sobre todo por la Cruz de Cristo; y tercero, los cristianos santos alaban a Dios desde su propia cruz.

Esta es la santidad que quiere para nosotros Jesucristo, y para eso viene a nosotros el Espíritu Santo, para que aprendamos a alabar a Dios, luego para que descubramos la máxima alabanza en la Cruz de Cristo, y luego para que nuestra alabanza no se destruya sino que crezca cuando llegue nuestra propia cruz. Mis amigos, que esa gracia poderosa del Espíritu Santo, que habitó en María y que hizo su obra preciosa en María, obre también con poder en nosotros, para la gloria del Padre, y del Hijo, y del Espíritu.

Amén.