I255002a
Fecha: 20090925
Título: Jesus interroga para escrutar nuestro corazon, para que nos demos cuenta como anda nuestra fe
Original en audio: [14 min. 24 seg.]
No nos es desconocida esta pregunta que hace Cristo en el evangelio de hoy, una pregunta que hace a sus discípulos. “¿Quién dice la gente que soy yo?” San Lucas 9,18.
Esta pregunta se la hace mucha gente, tal vez con una intención diferente a la de Jesús. el político tiene que preguntarse: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Porque el político necesita los votos de la gente que lo elige, el político necesita cuidar su imagen y él sabe que de su popularidad entre el electorado depende su futuro político, así que tiene que hacerse esa pregunta.
Un cantante también tiene que hacerse esta pregunta: “¿Quien dice la gente que soy yo?” Porque el cantante sabe que si es bien recibido, si es muy popular, entonces sus producciones musicales se van a vender bien; el cantante sabe que si su popularidad disminuye, también disminuyen sus ingresos y en cierta manera, se acerca el final de su carrera artística, por eso el cantante también tiene que hacerse esta pregunta.
La verdad es que mucha gente tiene que hacerse esta pregunta, y lo más importante de ella no es la pregunta en sí, sino tal vez asomarnos al Corazón de Jesucristo para buscar qué había en ese Corazón en el momento de enunciarla;, porque por ejemplo, un padre de familia tiene que preguntarse quién es él para sus hijos, un papá tiene que decirse, tiene que averiguar: “¿Quién soy yo para mis hijos? ¿Soy un payaso? ¿Soy un tirano? ¿Soy un policía? ¿Soy una alcahueta? ¿Quién soy yo para mis hijos?
El sacerdote tiene que preguntárselo también: “¿Quién soy yo para mi parroquia?” ¿Quién soy yo para esta ciudad? ¿El ministerio que yo hago significa alguna cosa o no significa nada?
Quizás todos tenemos que hacernos esta pregunta, pero repito, cada uno la hará desde su propio ángulo, desde su propio interés, desde su propia preocupación. Así que lo más interesante de la pregunta es: por qué Jesús la hace. Busquemos asomarnos al corazón de Él, para ver que podía haber en ese corazón cuando hizo esta pregunta a los discípulos.
Ante todo, notemos cuál es el contexto en el que Jesús pregunta: "Una vez que Jesús estaba orando preguntó: “¿quien dice la gente que soy yo?” El contexto, el marco de esta pregunta es la oración. Jesús está orando y de su oración nace esta pregunta.
Sea el momento de recordar cómo es de fecunda la oración de Jesús, el mismo evangelio de Lucas, de donde hemos tomado esta versión que oímos, nos dice que Jesús pasó la noche en oración y después de orar toda la noche eligió a sus discípulos; también, antes de enfrentar la tortura de su Pasión y de enfrentar la muerte misma, Jesús estuvo orando, es la famosa oración en el Huerto, en Getsemaní.
Lucas es el Evangelista que más insiste en ese aspecto profundo y bello de la vida de Cristo, la oración; pues aquí también Cristo está orando y como un fruto de su oración surge esta pregunta, pero aquí también tenemos que saber que este Cristo es no sólo el Sumo Sacerdote que ora sino que es el Divino Maestro.
¿Realmente había una curiosidad en Cristo sobre qué pensaba la gente de Él? Conociendo lo que conocemos de Cristo, pues no parece una persona curiosa; además, sabemos que Él nunca dependió de lo que nosotros llamamos la "imagen", quizás algunos o muchos políticos puedan depender de la imagen: "cómo me ve la gente"; quizás muchos artistas puedan depender de la imagen: "si la gente me quiere, me acepta", pero Cristo no parece que se preocupe demasiado por la imagen.
Cuando sacó a los mercaderes del templo, esa era la acción más impopular del mundo entero, ¡cómo se le ocurre hacer eso! Cuando se deja tocar en público los pies por aquella mujer pecadora que los baña en su llanto, eso era lo más impopular que podía hacer un profeta. Partamos de la base de que en esta cultura de Cristo, hombres y mujeres jamás se tocan en público, sólo una mujer pública haría eso y sólo un hombre que busca una mujer pública se dejaría tocar por una de ellas, así como hizo Cristo.
Así que a Cristo no parecía interesarle mucho la imagen, yo no creo que hubiera curiosidad en el corazón de Él, como diciendo: "¿Será que estoy haciendo bien? ¿Será que estoy haciendo mal?" Esa pregunta que Él hace no es una pregunta para satisfacer su curiosidad, creo yo, tampoco me parece que sea una pregunta para sondear opinión pública: “A ver, cómo estoy”, como le toca a tanta gente, lo que llaman en inglés “el rating de popularidad": "¡Oh, estoy bajando popularidad!
Por ejemplo, el presidente Barack Obama, cuando empezó su gestión, cuando empezó su administración tenía una aceptación, una popularidad arriba del 60 por ciento, las últimas encuestas dicen que está cerca del cuarenta por ciento, si yo fuera el Barack Obama estaría un poco preocupado: Eesto significa que la popularidad va cayendo".
¿Pero será que Cristo les pregunta a los Apóstoles como diciendo: "A ver qué medidas tenemos que tomar porque está grave la situación, a ver cómo subimos el rating". No, ese no es Cristo, eso no es lo que conocemos de Cristo en el Evangelio; además, sería muy extraño que Cristo hiciera esa clase de pregunta exactamente después de la oración, sabemos que si algo nos trae la oración es gran luz y nos trae una profunda y duradera paz.
De modo que sería muy extraño que el fruto de la oración fuera una pregunta como con cierta inseguridad o angustia: " A ver, ¿qué será lo que está pasando conmigo? ¿Como anda la popularidad? Estamos subiendo, estamos bajando, ¿qué pasa?" Ese no es el fruto de una oración.
¿Para qué hace Cristo esta pregunta? Cristo hace esta pregunta con muy distintas intenciones, por ejemplo, en alguna oportunidad a alguien que le pedía un milagro le dijo: "¿Crees que puedo hacerlo?" San Juan 9,35. O por ejemplo, cuando estaba caminando con aquellos discípulos que iban hacia la aldea de Emaús Jesús les hace esta pregunta: "¿Qué es esa conversación que traéis mientras que vais de camino? San Lucas 24,17.
Las preguntas de Cristo en realidad son maneras de abrir nuestro corazón ante nuestros propios ojos, una pregunta de Cristo no es tanto una curiosidad de Cristo, yo creo, las preguntas de Cristo más bien nos obligan a plantearnos lo que quizás no nos hemos planteado; el objetivo principal de la pregunta de Cristo no es que Cristo aprenda algo, sino que los discípulos descubran su propio corazón.
Hay algo muy interesante que nos cuenta el Antiguo Testamento sobre el peregrinar de los hebreos en el desierto: les llevó Dios por el desierto para conocer su corazón, es decir, hay momentos en el que Dios necesita abrirle el corazón a uno para que uno se dé cuenta en dónde está parado, esta pregunta de Jesucristo, esta pregunta tiene que ver no tanto con la inquietud o curiosidad de Él sino con los discípulos.
Son preguntas, porque en realidad hace dos, que obligan a los discípulos a plantearse qué están haciendo, qué están viviendo; en el fondo se trata de saber si los oídos de ellos están abiertos a la palabra, si en realidad están siguiendo al Maestro, “¿Que dice la gente? ¿Y qué dicen ustedes? ¿Logran ustedes percibir la diferencia entre lo que dice la gente y la opinión que ustedes tienen? ¿Logran percibir esa diferencia?"
¿Y por qué este asunto es crucial? Es crucial porque la mayor parte de las veces la gente se equivoca con Cristo, la mayor parte de las veces la multitud yerra, y por eso Jesús quiere que ellos perciban esa diferencia. "¿Están ustedes entrando en el misterio de mi vida, de mi misión? ¿Se dan cuenta la diferencia que hay entre lo que otras personas piensan y lo que ya ustedes han llegado a entender? ¿Están ustedes percibiendo el camino que ustedes están haciendo?"
Yo creo que esa pregunta tenemos que hacerla también a nosotros mismos, con Jesús es muy fácil equivocarse, demasiado fácil; y da la impresión de que la multitud, da la impresión de que la gente vive equivocada con Cristo, la gente vive pensando que Cristo es un saco de milagros, la gente vive pensando que Cristo es un filosofo interesante, la gente vive pensando que Cristo es simplemente un líder social, la gente vive pensando que Cristo es un soñador, un poeta, un romántico de un mundo que no existirá, donde se pueden pedir cosas imposibles a la gente.
La gente se equivoca demasiado con Cristo, y Cristo, al hacer esas dos preguntas, hace o utiliza una especie de tenaza para agarrar esos corazones y para decir: "¿Qué tanto has salido tú de ese mito, de esa nube de ilusiones en que vive la gente? ¿Estás caminando en tu fe? ¿Estás descubriendo quién soy yo? Esa clase de pregunta la necesitamos, esa clase de pregunta es la que nos obliga a descubrir, a profundizar el misterio del Hijo de Dios.
Hermanos, yo les invito a que nosotros adoptemos la actitud que creo que Cristo pedía a sus discípulos aquí, y esa actitud se sintetiza en una consigna: “En movimiento”, en movimiento ¿hacia dónde? Lo dice el final del evangelio de hoy: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado, ser ejecutado y resucitar” San Lucas 9,22.
¡En movimiento hacia la Cruz! ¡En movimiento hacia la Pascua! ¡En movimiento hacia la Alianza Nueva y Eterna! La misma que celebramos en cada Eucaristía.
Sigamos esta celebración pidiéndole a Cristo que nos mantenga en movimiento, pidiéndole a Cristo que nos cautive siempre con su mirada y su palabra, que no nos quedemos con lo que la gente dice, con lo que la multitud piensa; al contrario, con un corazón arrojado y humilde a la vez, hundámonos en este misterio de Cristo, para percibir lo que Él verdaderamente quiso hacer por nosotros.