I254002a
Fecha: 19990923
Título: Jesus no es nuestra distraccion, nuestro juguete
Original en audio: [8 min. 28 seg.]
En los Santos Evangelios nos encontramos con varias personas que quieren encontrarse con Cristo, que quieren ver a Cristo.
Hoy por ejemplo, es Herodes el que dice que tiene ganas de ver, tiene ganas de encontrarse con Cristo. Este pasaje de hoy, muy breve, está tomado del evangelio según San Lucas. También es Lucas el único que cuenta la escena en que se encuentran Herodes y Jesús.
Sólo Lucas nos cuenta, que además de estar ante Pilato, Jesús fue llevado donde Herodes, y allá donde Herodes también tuvo como un interrogatorio adicional. Esto significa que el deseo que manifiesta Herodes, según leemos en este evangelio de hoy, se vio cumplido.
Finalmente Herodes se encontró con Cristo. Él estaba muy desorientado sobre quién podría ser el Señor, y entre la gente que le rodeaba no había ninguna ayuda: tal vez algún profeta que ha resucitado.
De modo que en su desorientación, lo único que sabemos es que quería ver a Jesús y luego sabemos, por el testimonio de Lucas, que sí se encontró con Jesús y lo pudo ver; pero de ese encuentro no salió nada.
En ese pasaje del encuentro entre Herodes y Jesús, es triste ver el resultado. Nos dice Lucas, para esa ocasión, que Herodes hacía mucho tiempo que quería verlo y quería que Jesús hiciera alguna señal, algún milagro ante él. Esperaba encontrarse como con una especie de brujo, o de mago que hacía señales especiales, que hacía cosas maravillosas.
Herodes esperaba prodigios y cosas extrañas, no esperaba al Salvador. También Lucas nos cuenta cuál fue la actitud de Cristo ante herodes: no le respondió ni palabra.
Cristo parece humillado ante Herodes y sale más humillado de la sala de Herodes. Cuando Herodes se da cuenta de que Cristo no va a hacer los prodigios y los trucos que él estaba esperando para, tal vez distraerse o divertirse, entonces se burla de Él y lo maltrata y lo devuelve donde Pilato.
Herodes estaba esperando un mago, estaba esperando prodigios, estaba esperando distracción. Jesús no es un mago, es el Salvador; y Él no tiene prodigios, tiene milagros; y no viene a traernos el placer de la distracción, sino la felicidad de la gracia.
De aquí sacamos una consecuencia: No todos los que quieren ver al Señor, tiene los ojos para reconocer en Él, lo que Él trae para ofrecernos. No aparece en la Biblia con mucha frecuencia que Jesús estuviera ante una persona, ante una sola persona.
Yo pienso en cuántos de nosotros y pienso también a lo largo de la historia en cuántas personas gozaría, se alegrarían infinitamente de tener a solas a Cristo. Herodes tuvo a Cristo para el solo, no le sirvió de nada, no aprendió nada, no recibió nada, quedó en tinieblas. Entre otras cosas, esta es una demostración de las palabras de Cristo: Nadie puede venir a mí, si el Padre no lo atrae" San Juan 6,44.
No es la cercanía física, no es la proximidad geográfica, no es el simple hecho de esta frente a Él, es el corazón abierto, son los ojos capaces de ver, es la mente dispuesta, son los oídos atentos. Si nosotros estamos esperando al Salvador, de quien proviene la gracia que sólo por Él puede llegarnos, y si estamos dispuestos a rendir nuestras almas ante Él, seguramente vamos a descubrirle.
Pero si estamos esperando a alguien para que nos distraiga, si estamos esperando un juguete de nuestras curiosidades intelectuales, si estamos esperando un muñeco de nuestros devaneos afectivos, si estamos esperando un maniquí para colgarle nuestros ideales políticos o sociales, en fin, si queremos hacer de Él un instrumento para nosotros, no nos vamos a encontrar con Él.
Y en efecto, a lo largo de la historia, Cristo ha sido distracción intelectual para algunos, como un elemento dentro de un sistema de pensamiento, y ha sido como un muñeco para emociones y sentimientos más o menos piadosos de algunas personas, y ha sido objeto también de manipulaciones ideológicas ó políticas.
Si Cristo lo buscamos como un instrumento para lo que nosotros ya queremos, no nos vamos a encontrar con Cristo; no vino a distraernos, no vino a ser un juguete en nuestras manos, vino más bien para recibirnos en sus manos, vino más bien para cambiar nuestra vida.
Herodes perdió la oportunidad única de estar así frente al Mesías.
Roguemos a Dios que nosotros tengamos lo ojos y el corazón, que nosotros tengamos la apertura de oídos y de mente para recibir a Jesús con toda su potestad con toda su misericordia, con todo su amor, para que Él haga su obra en nosotros y para que Él sea verdaderamente nuestro Salvador.