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Vamos a darle hoy una mirada a la primera lectura, está tomada en esta ocasión del capítulo sexto de la primera carta de san Pablo a Timoteo y quiero destacar de este pasaje porque trae una idea muy importante en las cartas llamadas pastorales, sabemos que hay 14 cartas de san Pablo en el Nuevo Testamento, tres de ellas son conocidas como pastorales porque van dirigidas a los líderes, a los directores, a los encargados de las comunidades que Pablo mismo ha fundado, o que por lo menos ha consolidado; dos de esos principales colaboradores de Pablo en el pastoreo de las comunidades son Timoteo y Tito, por eso dos cartas de san Pablo a Timoteo y una a Tito.

Una idea muy importante en estas cartas pastorales es que la fe es un tesoro recibido, tesoro que no solamente debemos cuidar sino que debemos transmitir de manera íntegra y fiel. Transmitir de modo fiel la Palabra de Dios, transmitir de modo fiel el tesoro que hemos recibido, eso es responsabilidad nuestra, porque estaríamos cometiendo una injusticia con las nuevas generaciones sino les entregamos la riqueza que hemos recibido. Hay una comparación que puede hacerse desde un ámbito tan popular a nuestros días, no solamente por la encíclica del Papa Laudatos si, sino por la sensibilidad que tiene nuestra época es frecuente que la ecología esté presente en nuestra manera de pensar y en las consideraciones que hacemos, ya sea se trate de asuntos de empresa, de leyes o de la sociedad en general. Y cuál es el razonamiento que hay detrás de ese pensamiento ecológico, pues nos interesa en la ecología, entre otras cosas, la responsabilidad con las nuevas generaciones. Nos damos cuenta que si en nuestro propio tiempo y quizás por nuestra irresponsabilidad o peor aún, por nuestra codicia inconsciente, estamos destruyendo este planeta. Pues resulta que este planeta es la nave espacial donde habita la humanidad y si destruimos la nave espacial estamos entregando recursos suficientes, o en todo caso malogrados a las nuevas generaciones, ese es literalmente un pecado, estamos cometiendo una injusticia contra ellos, quienes todavía no han llegado y que tienen derecho a llegar, disfrutar y conocer lo que hemos podido conocer. Ya que tenemos esa sensibilidad hacia la naturaleza y las especies vegetales y animales, apliquemoslo también y con mayor razón a los tesoros de la fe. Cuando nosotros hemos recibido el depósito de la fe, si lo transmitimos de una manera incompleta o deformada, estamos haciendo un daño a la gente; es decir que no es ningún avance que nosotros hemos aprendido, por ejemplo, qué es el pecado y lo que no es pecado en distintos temas, si esa distinción que es parte de la fe y que brota de la fe, sino se transmite el verdadero sentido del pecado a las nuevas generaciones estamos siendo injustos con ellos. Si enseño a la gente, por ejemplo que una persona se puede casar, prometer fidelidad para toda la vida, luego separarse y casarse con otro o con otra, para prometerle también fidelidad para toda la vida, y puede seguir viviendo y comulgando, estoy destruyendo una parte del depósito de la fe, estoy destruyendo algo que es valioso, porque la claridad en la conciencia, claridad que brota de la Palabra de Dios y que brota en el fondo de la razón humana misma, si se deja iluminar por el Señor, esa claridad la estoy opacando, la estoy destruyendo; por eso la recomienda el apóstol Pablo a Timoteo: “mira tienes que entregar sin mancha, tienes que entregar entero el depósito que has recibido”; es un encargo para Timoteo pero es un encargo para cada uno de nosotros, porque todos tenemos responsabilidad en guardar el depósito de la fe.