I243004a
El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo séptimo de San Lucas. Nos presenta el evangelista, un momento en el que Cristo destaca la distancia entre el plan de Dios y los planes de los hombres.
Esta no es una idea nueva, recordemos que ya en el profeta Isaías hay una expresión semejante: “Mis planes no son vuestros planes, mis caminos no son vuestros caminos” (Is 55, 8). Algo parecido es lo que dice Cristo en tono de queja en el pasaje de hoy, porque básicamente lo que dice el Señor, es que nosotros no terminamos de sintonizar con el plan de Dios, es decir, cuando Dios nos está invitando al arrepentimiento, parece que ese lenguaje queda lejano, distante, incomprensible; y cuando Dios nos está llamando a la misericordia, y nos está llamando a alegrarnos en su bondad, entonces permanecemos helados, distantes, incapaces de conectar con el júbilo de su amor que nos redime.
Lo primero, el llamado al arrepentimiento, está bien claro en la manera de vivir y predicar de San Juan Bautista; lo segundo, el mensaje de la misericordia, la conversión y el júbilo, es evidente en la manera de vivir y de predicar de Nuestro Señor Jesucristo (cf. Lc 7, 31-35). O sea, que el Señor nos está diciendo, que ni hemos aceptado el lenguaje de Juan, ni terminamos de aceptar el lenguaje del mismo Jesús.
Probablemente, hay una relación más profunda entre estas dos denuncias; probablemente, el problema por el que no terminamos de aceptar el lenguaje de la misericordia, es porque no hemos encontrado de qué arrepentirnos. ¿Cómo va a encontrar una persona la experiencia de la misericordia, si no siente que necesita misericordia? Yo siempre digo: “es como una persona que no tiene hambre y le llevan a un banquete maravilloso, donde hay toda clase de viandas deliciosas” ¿Qué va a disfrutar esa persona en ese lugar, si en realidad no tiene hambre?
Entonces, Juan El Bautista, que ciertamente práctico mucho el ayuno, es la imagen del descubrimiento del hambre; y Cristo, es la imagen del descubrimiento del Pan del Cielo, que es el mismo Cristo, amor abundante que quiere llegar a nosotros, y que quiere transformarnos. De modo que quien no descubre el arrepentimiento, no descubre la misericordia.
En nuestro tiempo se habla bastante de misericordia, pero recordemos que para comprender ese lenguaje, según el texto del pasaje de hoy, es necesario que abunde el lenguaje del arrepentimiento. Hablar y hablar de misericordia, sin hablar y hablar de conversión, termina siendo una trampa, porque esa misericordia se convierte, únicamente, en una especie de aprobación por adelantado de cualquier comportamiento que yo quiera tener; porque si no me van a aceptar mi comportamiento, es que no son misericordiosos conmigo, esa es la falsificación de la misericordia. La persona que no conoce la experiencia del arrepentimiento de sus pecados, no cree que necesita misericordia, o desfigura la misericordia, convirtiéndola simplemente en una especie de permiso para hacer lo que le venga en gana.
Pidamos al Señor, que nos ponga en sintonía con su Espíritu, y que avanzando por el camino del arrepentimiento, lleguemos a la dulce experiencia de la conversión y del júbilo en su misericordia. Amén.