I243002a

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Fecha: 20110914

Título: ¿Estan nuestros oidos dispuestos a oir y a entender el mensaje de Dios?

Original en audio: [4 min. 20 seg.]


Así como podemos encontrar en los Evangelios una serie de parábolas que nos cuentan a qué se parece la llegada del Reino de Dios, hay otros ejemplos menos numerosos, pero sí que los hay, que nos cuentan cómo es la resistencia que se le opone a esa llegada del Reino de Dios.

Por decir algo, en la más famosa de las parábolas, la parábola del sembrador, Cristo muestra que hay oposición a la llegada del Reino: aquellas zarzas y espinas que ahogan la semillas, ciertamente, representan los enemigos del avance del Reino de Dios.

Y tenemos también un ejemplo en el texto de hoy, capítulo séptimo del evangelio según San Lucas. En este caso, el problema está en lo que podríamos llamar una falta de sintonía, hay una profunda falta de sintonía entre el lenguaje de Dios y lo que queremos entender los seres humanos. Si las cosas salen muy bien, y si todo va, como se dice, "sobre ruedas", entonces, "no necesito de Dios"; si por el contrario, hay dificultades, problemas, "qué Dios va a ser ese que mansa esas desgracias".

Fíjate cómo uno puede interpretar las cosas que le suceden en clave de dureza, en clave de resistencia contra el lenguaje de Dios. Eso es lo que presenta Cristo: Juan el Bautista era el lenguaje de la austeridad, la penitencia la renuncia, y entonces lo trataron como si fuera un loco: "Es locura es clase de ascetismo".

Llega Jesús, en cambio, que tiene un estilo mucho más cercano, movido por la misericordia, no por la mediocridad, sino por la misericordia, y entonces también Cristo recibe acusaciones: "Es un comilón", "es un borracho". Hay entonces esa falta de sintonía que nos invita a preguntarnos si nuestros oídos están realmente dispuestos.

En otra ocasión hemos recordado aquel refrán: "No hay peor ciego que el que no quiere ver", pues hay que preguntarse también si nuestros oídos están dispuestos a oír; porque es posible que esa recomendación que Cristo hizo muchas veces, tengamos que repetírnosla nosotros mismos.

Decía el Señor: "El que tenga oídos para oír, que oiga" San Mateo 13,9. No basta con tener el oído externo, si el oído interno está cerrado; no basta con tener los ojos en la cara, si los ojos del corazón están cerrados; no basta con tener una cabeza para pensar, si el corazón no quiere reflexionar, si no quiere meditar, si no quiere extraer el sentido de las palabras que recibe.

Por eso necesitamos esa apertura interior, una apertura que finalmente la da el Espíritu Santo y nadie más. Así nos cuenta, por ejemplo, este mismo e evangelio de Lucas, el caso de aquellos discípulos que no entendían nada de las Escrituras. Jesús los acompaña, se hace caminante con ellos, ellos iban hacia Emaús, Jesús los acompaña y les abre el entendimiento. Sóĺo con esa apertura interior de sentido fueron capaces de recibir el mensaje de Dios.

Que venga ese Espíritu sobre nosotros y nos haga capaces de oír, de ver, de entender.