I241002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20090914

Título: Aprendamos a vivir las verdaderas virtudes con verdadera fe.

Original en audio: [20 min. 54 seg.]


Este pasaje del evangelio que acabamos de escuchar es bastante singular, porque es una de las pocas ocasiones en que Jesús se admira positivamente de algo o de alguien (San Lucas 7, 9) la verdad es que me cuesta trabajo pensar en algún otro pasaje en que se utiliza esa expresión, que Jesús se admiró positivamente de algo o de alguien.

Porque uno también se puede extrañar pero negativamente, como el que se decepciona, así por ejemplo cuando Jesús fue a su pueblo, a Nazaret, encontró que había muy poca fe y la Biblia nos dice, se extrañó de la falta de fe, (San Marcos 6, 4) esa es una especie de admiración negativa, en cambio aquí es una admiración positiva, como que Jesús recibe una sorpresa agradable, la fe de este Centurión; y esa admiración de Cristo ya es nuestra primera enseñanza.

En otras ocasiones hemos dicho que Jesucristo es la persona más realista del mundo, Jesucristo es lo contrario de un fantasioso, de un soñador, Jesucristo es realista, El sabe cuál es el barro del cual estamos hechos los seres humanos.

Jesús podemos decir que está acostumbrado a decepcionarse del ser humano, en otro sentido dice también el profeta Isaías que Jesús, el siervo de Dios, es un varón de dolores acostumbrado a sufrimientos, una persona acostumbrada a que el ser humano es egoísta, tramposo, mentiroso, incrédulo, vengativo, cobarde, vanidoso, Jesús conoce esa naturaleza nuestra, Jesús sabe que somos así.

En el capitulo segundo del evangelio según San Juan nos dice que Jesús no se fiaba de la gente, esto va en la misma línea, Jesús sabe muy bien como es de frágil, como es de incoherente nuestra naturaleza y cuanto trabajo le cuesta al corazón humano confiar de veras en Dios, que nadie sienta tristeza al encontrar este aspecto realista del corazón de Cristo.

A mí personalmente es algo que me gusta y es algo que me fascina y que a mí me admira; porque es que amar a la gente desde la ilusión que son buenos alguna explicación tiene; pero amarnos a nosotros, los seres humanos, sabiendo quienes somos, sabiendo lo desagradecidos que somos, lo cobardes que somos, lo incrédulos que somos.

Amarnos así es amarnos por pura misericordia y así nos ama Jesús, es decir, que este realismo extremo de Jesús que conoce el barro humano, ese realismo extremo es una razón mas para que nosotros vivamos agradecidos con Cristo; para que nosotros le digamos ¡cuánto nos has amado Señor!

Pero hay unas poquitas excepciones en las cuales gente que no se esperaría da una sorpresa grata y parece que Jesús, por lo menos en este pasaje del evangelio, tuvo una de esas sorpresas, se encontró con más de lo que se esperaba.

El Centurión manifiesta una gran fe, y aquí viene la segunda enseñanza, observemos cual es el argumento que dan los judíos para que Jesús le haga este milagro a un pagano, era un Centurión, es decir, un oficial del ejército romano y los romanos por supuesto eran la potencia invasora, eran los invasores, los abusivos, nadie entre los judíos quería a los romanos y sin embargo, los ancianos de aquel lugar, algo así como las autoridades, la gente representativa del pueblo, intercede ante Cristo en favor de este Centurión.

El argumento principal que le presentan es, “merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga” (San Lucas 7, 4-5) entonces estos piden el favor a Cristo, pero en cierto sentido es el pago de otro favor.

Estas autoridades judías lo que le dicen a Cristo es mira, favor por favor, un favor por otro, el hombre ha sido buena persona con nosotros los judíos ha sido generosos con nosotros los judíos ahora a nosotros nos toca ser generosos con él, el se ha portado bien, merece que se lo concedas, como quien dice, las buenas obras de él justifican el milagro, una cosa por otra.

Algunas personas se acercan a Dios con esa mentalidad, como soy bueno me tiene que ir bien, como yo he hecho las cosas bien, tengo que recibir solo bienes, como yo me he portado bien no me tiene que pasar nada malo.

Hay un gran peligro en esa mentalidad, esa mentalidad es la del mercader, está pensando que Dios es otro mercader, como quien dice, si yo le doy cosas buenas a Dios, Dios me tiene que dar cosas buenas a mí.

Hasta cierto punto eso se parece a comprar, yo me porto bien con Dios, Dios tendrá que portarse bien conmigo, es como un mercader, yo le doy bienes a Dios, Dios me da bienes a mí.

Esa mentalidad es muy peligrosa, porque esa mentalidad es la que prepara la siguiente pregunta, si yo me he portado bien ¿por qué me cayó este cáncer? si yo he sido un buen papá ¿por qué me salió este hijo malo? ¿por qué me pasan cosas malas a mi si yo he sido bueno, yo he sido una persona buena? y se nos entraron los ladrones, nos robaron cosas, trabajo de toda la vida, ¿por qué mi diosito permite eso?

El que tiene una mentalidad de mercader ya tiene lista la acusación contra Dios, el que tiene la mentalidad de mercader ya está listo para echarle la culpa a Dios y decirle a Dios algo así como “¡oye tu estas incumpliendo tu contrato, habíamos quedado en que yo te daba cosas buenas y tú me dabas cosas buenas!!

En el libro de Job en la Biblia encontramos esta problemática, Job era una persona justa y buena y entonces el demonio le dice a Dios lo siguiente: “ese tal Job no es bueno, es un interesado, ese tal Job dice que te ama, pero él no te ama, el ama los bienes que tu le has dado” (Job 1, 10-11) y entonces el demonio, en ese libro de Job en la Biblia, el demonio le pide autorización a Dios para caer contra los bienes de Job, para ver si Job realmente ama a Dios o no lo ama (Job 1, 9-12).

Hay que reconocer que esa temática es muy interesante, que ese guion está muy bueno, hay que reconocer que el libro de Job toca un tema muy importante y efectivamente, parece que Job pierde la paciencia, porque al principio dice: “Dios me lo dio Dios me lo quitó bendito sea el nombre del Señor” (Job 1, 21) pero eso es el principio.

Después a Job se le acaba la paciencia, yo espero no estar escandalizando a nadie pero está ahí en la Sagrada Escritura, a Job se le acaba la paciencia y entonces llega incluso a maldecir el día en que nació y llega a decir “ojalá me hubieran abortado y me hubiera ahorrado todos estos problemas” (Job 3, 10-11).

Yo creo que ahí hay una enseñanza para nosotros, eso nos está enseñando que si uno tiene mentalidad de mercader, “yo le doy a Dios dios me da a mí y entonces estamos en contrato” es muy peligroso, porque cuando me fallen las cosas quizás yo mismo puedo caer en la incredulidad y en la blasfemia.

Claro que Job al final no queda tan mal en la Biblia por una razón, porque a pesar de que dice lo que dice Job quiere encontrarse con Dios y quiere encararse con Dios, es decir, el al final el se da cuenta que aunque lo pierda todo, Dios y solo Dios es el que puede tener una respuesta, es decir, Job sigue amarrado a Dios y sigue de algún modo reconociendo en Dios la única soberanía.

Pero ese libro nos deja esa enseñanza, si uno tiene mentalidad de mercader está preparando una blasfemia, si uno es de los que piensa, -bueno, como yo soy bueno, Dios tiene que ser bueno conmigo- cuidado con eso, en cualquier momento, una enfermedad inesperada, la traición de un amigo, un negocio que me salió mal, el robo, el secuestro, tantas maldades que hay en esta tierra y se acabó la fe de esa persona.

Y por eso uno se encuentra gente que le dice -yo era muy creyente, pero un hijo mío se enfermó de leucemia, yo le pedí mucho a Dios, yo hice peregrinaciones, yo hice promesas y no sirvió de nada, se murió mi hijo yo como le voy a creer a Dios- es un drama.

¿Pero cuál es la lógica de esa persona? como ya soy bueno Dios tiene que ser bueno, a mi no me puede pasar nada malo, ¿no ve que yo soy bueno? y esa es la lógica con la que se acercan estos jefes judíos a decirle a Jesús “mira, como él ha sido bueno hay que hacerle una obra buena” Jesús no comenta nada se pone en camino a casa del Centurión; pero ahí es donde viene la sorpresa positiva, el centurión envía unos amigos a decirle a Jesús, “yo no soy nadie para que entres bajo mi techo” (San Lucas 7, 6-7).

Fíjate que este Centurión parece que era una gente buena, porque había manifestado afecto a los judíos, el pueblo de Dios, este Centurión era una gente buena que además había construido una sinagoga, la casa de oración de los judíos, él era una persona buena, pero él no ponía su esperanza en sus obras buenas, es mas él consideraba que el bien que había hecho era poca cosa, por eso le dice a Jesús “yo no soy digno de que entres en mi casa” eso es lo que Dios quiere de nosotros, eso, que hagamos las cosas bien; pero que no nos fiemos de ese bien que hacemos.

El Centurión había hecho cosas buenas, pero no se apoyaba, no se fiaba de ese bien, no, el Centurión había hecho cosas buenas; pero no se fiaba de su propio bien, ese es el modelo de la vida cristiana.

Y que ironía que el que da el modelo de la vida cristiana es un pagano, pero es que esa es la vida cristiana exactamente esa, vivir honesta recta y virtuosamente, pero sin fiarse uno de sí mismo, sino solo poniendo la esperanza en Dios, eso es ser cristiano.

Ser cristiano no es vivir mal, pero ser cristiano tampoco es creerse uno que está viviendo tan bien que mejor dicho Dios le salió a deber, ser cristiano es vivir honesta y rectamente; pero también con la fe puesta, con la confianza puesta sólo en Dios.

Hay otro modo de describir esta vida cristiana y es el modo que utiliza santa Catalina de Siena, ella dice: “danos Señor las verdaderas virtudes” y entre las verdaderas virtudes no puede faltar la humildad y no puede faltar la fe, ni el agradecimiento, ni la esperanza.

Y la humildad significa que aunque yo he hecho cosas buenas ¿que comparación puede haber entre eso y todo lo que Dios me ha dado? que es eso de estar comparando nuestros granos de arena contra las montañas de amor que nos da Dios.

Y es tener también fe, porque una vez que uno descubre que el único grande es Dios, uno dice quizás he hecho algunas cosas buenas, pero solo Dios sabrá, “yo no soy digno de que entres en mi casa mándalo con tu palabra y mi criado sanará” y es tener la confianza puesta sólo en Dios, eso es ser cristiano, tener las verdaderas virtudes, y las verdaderas virtudes, son entre otras, estas que mencioné, como la humildad, la fe, la esperanza, pero también tenerlas todas, tenerlas unidas.

La misma santa Catalina dice, “las verdaderas virtudes no existen unas sin las otras” si yo soy generoso pero a la vez soy vanidoso, seguro que mi generosidad no es verdadera, pero en cambio, las verdaderas virtudes sí que existen y subsisten y se apoyan la una a la otra.

Hoy entonces este pagano, este Centurión nos enseña que son las verdaderas virtudes y hoy sí que aparece cual es la vida cristiana, ¿cual es? vivir bien sin creerse mucho, vivir bien y poner la esperanza sólo en Dios, vivir bien y apoyarse sólo en el regalo de la misericordia de Dios, vivir bien pero saber que al final todo depende únicamente del Señor, únicamente de El.

Que este ejemplo maravilloso penetre en nuestros corazones y que aprendamos a ser verdaderos cristianos, verdaderos discípulos de Jesucristo, nuestro maestro. Amén


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