I241001a

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Fecha: 19990913

Título: La fe total

Original en audio: [3 min. 17 seg.]


Hay un término que enlaza las dos lecturas que hemos escuchado hoy, el término gentiles o paganos. Pablo se presenta, en esa Carta a Timoteo, como el maestro de los gentiles, destinado a predicar el Evangelio a los que no teníamos el antecedente de la Ley judía; y Jesús, sanando al criado de este centurión, hace una obra por un hombre que tampoco pertenecía la pueblo de Dios.

Hay que destacar, que en el Nuevo Testamento, la manifestación más inesperada de la misericordia es precisamente que el Evangelio se extienda hasta nosotros, los que por raza no pertenecíamos a la Alianza, y que sin embargo nos vemos incluidos en el plan de la salvación, por un desbordamiento de la piedad, de la compasión divina.

Un desbordamiento, un exceso de misericordia que causa extrañeza, por ejemplo, a aquellos judíos que acompañaban al Apóstol San Pedro, cuando fue a la casa de Cornelio el pagano, según nos cuenta el capítulo décimo de los Hechos de los Apóstoles.

¿Y cómo se abren las puertas para nosotros? Esto lo subraya San Pablo, especialmente en sus Cartas a los Gálatas y a los Romanos; es la puerta de la fe. Y en esto sí resultamos nosotros hermanos de los judíos, hermanos, en fin, de todos los que Dios adopta como hijos en Jesucristo.

Tanto ellos, los herederos de la primera Alianza, como nosotros, venidos del paganismo, tenemos nuestra fuerza, tenemos la puerta de entrada en la fe, una fe como la de este centurión, que está unida a la humildad y que consiste en la absoluta confianza en Aquel que es el único mediador entre Dios y los hombres, el Hombre Cristo Jesús.

Es esa fe total, que San Pablo la descubre incluso en el mismo Abraham antes de la circuncisión y antes de la Ley. Es esa fe absoluta, es esa confianza total, la que hace que Dios pueda expresar toda su generosidad y los tesoros de su amor con nosotros.

Ahora que estamos celebrando el sacramento, que la Iglesia llama el Sacramento de Nuestra Fe, es decir, la Eucaristía, roguemos al Señor que acreciente en nosotros esa fe total, esa fe absoluta, esa confianza sin grietas en el poder y el amor de Dios, para que Dios muestre en nosotros todo lo que Él es y todo cuanto nos ama y todo lo que su sabiduría ha dispuesto en favor de nuestras vidas.