I234005a
Fecha: 20150910
Título: Cristo nos dirige de la logica de la transaccion a la de la misericodia
Original en Audio: 5 min. 58 seg.
El evangelio de hoy está tomado del capítulo sexto de San Lucas. Y creo que es una ocasión realmente preciosa para que descubramos la diferencia entre dos maneras de pensar. Esta explicación, a quienes han escuchado algunas predicaciones de este servidor, les va a resultar bastante familiar, para otros puede ser nueva. Este evangelio, el del día de hoy, nos ayuda a poner en paralelo o en contraste lo que llamamos la lógica de la transacción y la lógica de la gratuidad.
¿Qué llamamos lógica de la transacción? Lógica de la transacción es lo que sucede cuando nosotros vamos por el mundo con este pensamiento: “Al que me trate bien, lo voy a tratar bien; al que me trate mal, lo voy a tratar mal”, esa es la lógica de la transacción. Una transacción es un intercambio, por ejemplo, una transacción comercial consiste en una operación en la que yo, por ejemplo, yo doy un dinero y a cambio recibo algo que he comprado, eso es loe llamamos una transacción.
Entonces la lógica de la transacción consiste en que nosotros vamos por la vida, escogiendo muy bien cómo tratamos a cada persona, por supuesto, esto tarde o temprano hace que descartemos de nuestra vida a la gente que nos resulta inútil, o que nos resulta fastidiosa, o que consideramos que nos resulta perjudicial, eso es lo propio de la lógica de la transacción.
El gran problema de la lógica de la transacción, es que esas personas que nos resultan incómodas, fastidiosas, que nos resultan una carga, puedan ser también personas en gran necesidad. Pensemos el caso, por ejemplo, de personas que tengan una discapacidad mental. La lógica de la transacción es implacable: si un niño viene con Síndrome de Down, por ejemplo, entonces se le mata en el vientre materno, así de sencillo.
En países como Inglaterra, más del noventa por ciento de los fetos que se sabe o se teme que vengan con Síndrome de Down, son abortados, son asesinados, ¿por qué? "Yo no quiero ese problema en mi vida, yo no quiero esa carga sobre mi vida", se les ve como una carga. Es una crueldad inmensa, es una mentira.
De hecho, tengo la alegría de conocer a muchos papás que han tenido hijos con esa condición genética específica, y por supuesto que ellos no utilizarían jamás ese lenguaje, pero en la lógica de la transacción también el lenguaje sale perdiendo. Esas personas que nosotros consideramos inútiles pueden ser también nuestros propios padres o abuelos, ¿y que dice la lógica de la transacción?: “Pues si únicamente te pone problemas, presiónalo, presiónalo, presiónalo para que “escoja" la eutanasia".
Eso está sucediendo en países como Holanda o como Bélgica, claramente en esos países cada vez más hay una presión sobre los ancianos, una presión para que ellos se excluyan y se saquen a sí mismos de la tierra de los vivos, es decir, para que se suiciden, ese es el lenguaje que hay que utilizar realmente. Ahí nos damos cuenta adónde termina la lógica de la transacción.
En un plano menos dramático pero todavía muy cercano, nos damos cuenta que todos tenemos momentos difíciles, todos tenemos momentos complejos en la vida, todos tenemos momentos en que quizás no tenemos mucho para ofrecer, y en cambio si tenemos mucho que demandar, que necesitar de otros, según la lógica de la transacción eso significa que estamos, bueno, en mala condición y significa que no hay realmente esperanza para nosotros. Por eso la lógica de la transacción tiene que terminar necesariamente en un lenguaje de eliminación o autoeliminación.
Frente a esa lógica Cristo propone algo diferente, y la lógica de Cristo es la lógica de la compasión, la lógica de la gratuidad, es el descubrir, en primer lugar en la otra persona, que ahí hay una historia y esa persona tiene una necesidad, y la persona que tiene una necesidad es, de algún modo, un predilecto de Dios. Aquellos que están en necesidad no son para la Biblia los malditos, sino más bien, casi digo yo, los preferidos de Dios.
El libro del Deuteronomio, por ejemplo dice, refiriéndose a aquellos que fueron elegidos, al pueblo de Israel, dice: “Si Dios te ha elegido, no es porque fueras grande ni porque fueras fuerte”. De hecho, ¿qué tipo de transacción podría ponerse entre Dios y nosotros? Ahí no hay transacción posible, porque Dios no necesita nada de nosotros.
Si yo voy a una tienda, a la tienda le interesa el dinero que yo tengo, pero si yo me acerco a Dios, ¿qué puede haber en mí que Dios no tenga o que Dios necesite? Por eso Cristo nos dirige hacia una lógica diferente, es la lógica de la misericordia, es la lógica de la compasión, es la lógica de la gratuidad, y esa es la que Él quiere ver reinando en nuestros corazones: que primero nosotros experimentemos el amor compasivo de Dios, y luego, que nosotros mismos seamos compasión para nuestros hermanos.