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De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio de hoy, está tomado del capítulo sexto de San Lucas. Nos encontramos con una nueva disputa entre Jesús y los fariseos. Se ve claramente que este grupo de observantes de la Ley, en tiempos de Cristo, allá en tierras judías, está buscando de una o de otra manera, cómo conseguir un tema, cómo conseguir una acusación, cómo construir un caso que pueda llevar a Cristo a su condena.

Es un buen momento entonces, para preguntarnos: ¿por qué ellos tenían esa antipatía hacia Cristo?, ¿qué era lo que hacía que ellos sintieran ese fastidio hacia el Señor? Vamos a tratar de aclarar este punto, que hemos mencionado en otras oportunidades, pero que también cabe muy bien aquí: ¿por qué le tenían ese fastidio? Fíjate que lo que estaban haciendo los discípulos del Señor era frotar con sus manos unas espigas, esta pobre gente estaba con un hambre terrible, y entonces pasaban por un sembrado y recogían espigas, y las frotaban para quedarse con el grano de trigo, así por supuesto, silvestre, crudo, lo masticaban, lo comían y aliviaban en algo su hambre (cf. Lc 6, 1-5).

Bueno, pues en la mente de los fariseos, ese frotar espigas para producir un grano de trigo, es decir, para limpiar el grano de trigo y poder comerlo, eso es trabajar, y como se está trabajando en un sábado, se está incumpliendo, se está rompiendo la Ley de Moisés; ese es el pensamiento de ellos, esa es la manera como ellos piensan; y dice uno: ¡pero qué acusación más ridícula! Es decir, la esencia de la acusación, es que si estás frotando espigas en tus manos, estás trabajando, y si ese trabajo es incluso para aliviar tu hambre, no importa, es decir, la intención, el propósito, las circunstancias, la necesidad, no importa; importa simplemente la materialidad de lo que estás haciendo. Frotar espigas es un trabajo, estás trabajando en sábado, luego no estas cumpliendo la ley de Moisés.

¿Por qué tienen esa mentalidad?, ¿por qué para ellos, ese modo de pensar es su norma? y ¿por qué se acercan de ese modo a Cristo?, ¿qué es lo que pretenden? Bueno, la explicación más probable es que ellos buscaban, lo mismo que buscaba Cristo, pero ellos lo buscaban de otra manera, es decir, para los fariseos el reinado de Dios era el centro, que Dios verdaderamente reine.

Para los fariseos como para muchos judíos de aquella época, el hecho de que hubiera una potencia pagana, extranjera, humillándolos, invadiendo sus tierras, inmiscuyéndose en su vida, era algo insoportable, era algo fastidioso, humillante, doloroso; entonces ellos quieren el reinado de Dios, ellos quieren que Dios verdaderamente reine, pero ellos consideran que la manera de llegar a ese reinado de Dios, es a través de la estricta obediencia a la Ley de Moisés, porque ellos miran la Ley de Moisés, como una especie de contrato, y la idea que tienen los fariseos es: nosotros, Pueblo de Dios, hemos incumplido la parte de nuestro contrato, tenemos que cumplir la parte de nuestro contrato, tenemos que cumplir todas las cláusulas de la ley, porque si nosotros cumplimos con todo lo que dice la Ley, entonces ya hemos hecho la parte que nos tocaba en el contrato, y entonces Dios hará la parte suya del contrato. O sea, la palabra para ellos, era la palabra “contrato”.

Cristo trae algo muy diferente, Cristo tiene algo muy distinto, lo que Cristo propone es: mira, Dios es Dios, y tú no puedes llegar al nivel de Dios sin Dios; tus fuerzas no son suficientes; tú no puedes llegar a ese nivel. De algún modo, la propuesta farisea es una propuesta arrogante: vamos a llegar al nivel de Dios. Jesús dice: no, tú no vas a llegar a ese nivel, tú no vas a llegar al nivel de Dios sin Dios. Y por eso se necesita acoger el amor, la bondad, el perdón, la palabra propia es la “Gracia”, la Gracia Bendita de Dios; necesitas recibirla, porque cuando tú acoges ese llamado del amor divino, cuando tú acoges esa gracia en tu corazón, es Dios quien te hace capaz de lo que tú no eras capaz.

Así que hoy entendemos un poquito mejor por qué tantas disputas con los fariseos; ellos veían en Cristo una especie de competencia. Cristo quiere lo mismo que ellos, pero lo propone de otra manera, y por eso quieren sacar a Cristo del escenario, por eso quieren quedarse ellos solos, como únicos maestros y guías, que se supone que merecen la admiración, el reconocimiento y el aplauso de todos en el Pueblo de Dios. Esa combinación de arrogancia, de envidia y de autoengaño, llevó a los fariseos a los peores extremos.

Que Dios, el Señor, nos ilumine, sobre todo para comprender que no podemos llegar a lo que Dios nos pide, no podemos llegar al nivel de Dios sin Dios. Amén.