I226001a
Fecha: 19970906
Título: La Carta a los Colosenses es un documento cristológico irreemplazable
Original en audio: [7 min. 05 seg.]
La Carta a los Colosenses es uno de los documentos básicos para la Cristología del Nuevo Testamento.
La meditación sobre la persona de Jesucristo, elaborada con cierto sistema, con cierto orden y tratando de completar del mejor modo los datos que tenemos, eso es la Cristología.
Y es un documento fundamental de la Cristología, en el Nuevo Testamento, esta Carta a los colosenses.
Los fieles de Colosas eran una comunidad bastante distinta de las otras que fundó o que atendió el Apóstol San Pablo.
¿En qué consistía la diferencia? Cuando uno lee sobre los corintios, por ejemplo, se encuentra con que eran gente entusiasta, carismática, con muchos dones, con muchos ministerios, pero también con muchos desórdenes, y también con muchas divisiones, y también con alguno que otro escándalo, como el problema del incestuoso aquél.
Los corintios eran una comunidad en la que se reflejaba bien el espíritu de los vicios de la época, en Grecia, o en general, en el Mediterráneo. En los colosenses, en cambio, no es necesario mandar recomendaciones sobre malas costumbres de esta clase; pero esto no quiere decir que los colosenses estuvieran inmunes de pecado, o estuvieran al margen de todo peligro.
Más bien diríamos que el peligro era más sutil en los colosenses, porque los colosenses era gente interesada más en las cosas espirituales, y que habían tenido un contacto quizá no mayor en cantidad, pero sí mejor en calidad con distintas formas de culto, con distintas religiones, especialmente con religiones, según parece, de tipo místico, mistérico, misterioso, todo eso viene de las mismas raíz, ¿no?
Religiones y cultos que tenían que ver con las fuerzas cósmicas, con aquellos que gobiernan el universo. A todo ese género de fuerzas que entran dentro de la Providencia de Dios y que expresan su grandeza y su gobierno, nosotros hoy las llamamos con el nombre genérico de “Ángeles”.
Pero en rigor de lo que se trataría es de seres espirituales racionales, pero distintos de nosotros los seres humanos. Porque el nombres de "Ángeles", o de "Arcángeles" habría que reservarlo a aquellas potencias espirituales que han intervenido de manera más directa en la historia de la salvación y que son, por eso, mensajeros.
La palabra: “Ángel” Indica eso: “Mensajero”, son mensajeros de Dios. Mensajeros de Dios para el ser humano. No todas las potencias espirituales, no todos estos seres de naturaleza racional inimaginable en general para nosotros, no todos estos seres han sido enviados directa y expresamente para nuestra salvación.
Es decir, para intervenir, como por ejemplo lo hicieron el Arcángel San Gabriel, o el Arcángel San Miguel. Pertenecen como una expresión del señorío, del gobierno y de la belleza de la creación; pero aunque no todos son enviados del mismo modo que los que acabo de mencionar, o del mismo modo que los Ángeles Custodios, la Iglesia actualmente llama “Ángeles” a todos esos seres espirituales.
Los colosenses estaban fascinados por ese mundo espiritual. En eso podemos encontrar una relación y un parentesco con lo que sucede en nuestros días. Pues bien, Pablo, en esta carta, sin negar y sin polemizar sobre la grandeza y la belleza de esos seres espirituales, tiene que mostrar, esa es su tarea, tiene que mostrar la supremacía de Cristo sobre todos estos seres.
Tiene que mostrar, y lo muestra, que Cristo es el Señor de los tronos, las dominaciones, los principados, las potestades. Estos nombres, que luego pasaron a la teología católica para indicar jerarquías de Ángeles, estos nombres indican, sin lugar a dudas, invocaciones e incluso huellas, quizá de cultos mal entendidos entre los Colosenses.
Porque ellos veían en esas potencias espirituales, algo así como unos semidioses, y estaban empezando a revolver en su cabeza y en su corazón el culto al Dios verdadero, a quien que hay que amar sobre todas las cosas, con la fascinación y una cierta curiosidad por estos otros seres.
Y por eso Pablo tiene que hacer una exposición, diríamos, muchísimo más amplia, muchísimo más completa, por qué no decirlo, mucho más sublime sobre el misterio de Cristo, y por eso la carta a los colosenses es un documento cristológico irreemplazable.