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El Evangelio de este día, está tomado del capítulo quinto de San Lucas. Encontramos a Nuestro Señor en una de sus primeras discusiones, por lo menos, dentro del texto de Lucas; una de sus primeras discusiones con los fariseos, y en esa discusión está el tema de por qué ayunan, o por qué no ayunan.
Así como Jesús recibe la pregunta de ellos: ¿por qué tus discípulos no ayunan?, de algún modo, al responder les está también devolviendo esa pregunta a los fariseos: y ustedes, en el fondo ¿por qué están ayunando? (cf. Lc 5, 33-39) Bueno, en medio de esa conversación, que por supuesto, es tensa, hay algo que me llama la atención de lo que dice Nuestro Señor Jesucristo; Cristo dice que cuando uno conoce algo, prefiere quedarse con lo ya conocido. De hecho tenemos un refrán en lengua castellana, que dice: “mejor malo conocido, que bueno por conocer”.
De algún modo Cristo está criticando ese refrán en el texto de hoy, porque lo que aparece es un reproche de Cristo a los fariseos, donde les dice: mira, la gente que conoce el vino viejo, el vino añejo, lo prefiere; la gente prefiere quedarse con el vino viejo, con el vino añejo, y si una persona quiere quedarse con ese vino, pues ahí estamos en una situación que con lenguaje moderno llamamos “conformismo”.
Si tú buscas en toda la Biblia, no vas a encontrar la palabra “conformismo”; si tú buscas en el Antiguo Testamento o Nuevo Testamento, no vas a encontrar la palabra “conformismo”, como tampoco vas a encontrar la palabra “mediocridad”. Pero el hecho de que no estén exactamente esas palabras, no quiere decir que la Biblia no nos enseñe cosas bien interesantes sobre esas realidades, porque más que buscar simples palabras, lo que hay que buscar en la Sagrada Escritura, son las realidades: realidades del corazón humano, realidades de la vida humana.
Entonces, a mí me parece que esta enseñanza de Cristo, dentro de su discusión con los fariseos, es tremendamente actual. Lo que está diciendo el Señor, es: Mira, ¡qué fácil es ser conformista!, ¡qué fácil es ser mediocre!, incluso aunque uno no sepa ni por qué está haciendo las cosas; esos fariseos simplemente estaban ayunando, bueno, pues porque todo el mundo ayuna, porque hay que ayunar, porque siempre se ha ayunado, porque así se han hecho las cosas aquí. Esas no son razones, le has perdido el sentido a lo que estás haciendo, simplemente vas por inercia, es decir, es la simple y vacía costumbre lo que te va llevando, eso no tiene sentido.
Pero es cómodo no hacer preguntas, y no hacerse preguntas; es muy cómodo limitarse a lo que ya hay, a lo que todo el mundo considera normal, a lo que se ha establecido como un estándar; es cómodo seguir la corriente. Pero, ¿qué nos enseña nuestra fe? nuestra fe nos enseña que muchas veces tenemos que ir contra la corriente. La corriente es cómoda; todo el mundo lo hace, todo el mundo lo dice, todo el mundo piensa así, eso es cómodo, pero la comodidad nos hace conformistas, la comodidad nos hace mediocres, la comodidad nos hace cobardes, la comodidad hace que jamás lleguemos a la plenitud, a esa meta, a ese nivel, a eso que Dios quería de nosotros. Entonces, hay que tomar las palabras de Cristo, más allá del contexto de esa simple discusión con los fariseos; hay que tomar las palabras de Cristo como una invitación a atrevernos a preguntar: ¿de verdad las cosas son así?
¡Cómo quisiera yo, que muchos católicos, sobre todo muchos laicos católicos, fueran capaces de preguntar!: ¿de verdad tenemos que resignarnos frente a las leyes que nos están imponiendo? ¿De verdad tenemos que considerar que es normal que se acaben las familias?, ¿Es normal el divorcio?, ¿Es normal el aborto?, ¿Es normal el matrimonio gay?, ¿Es normal…?. ¿Por qué tenemos que considerarlo normal? ¿Por qué tenemos que simplemente bajar la cabeza y estar diciendo amén a cualquier cosa que nos propongan? ¿Por qué? ¿Por qué no podemos preguntar? ¿Por qué no podemos imaginar una sociedad diferente? ¡Sí!, es más cómodo dejarse llevar y simplemente decir: así son las cosas, así se volvieron las cosas, ahora eso es así, pero, eso no es ser cristiano, el cristiano sabe preguntarse por qué se hacen las cosas, y sobre todo sabe preguntar en dónde está Dios en este modo de hacer las cosas.