I225003a
Fecha: 20090904
Título: Jesus nos invita a tener la valentia de romper con las tradiciones que no son genuinas, las tradiciones que no traen vida sino muerte
Original en audio: [20 min. 48 seg.]
Jesús es un gran conocedor de la naturaleza humana, Jesús es la persona más realista del universo, Él sabe que nuestro corazón tiene grandes anhelos pero también grandes limitaciones. Jesús, por decirlo de una manera simple y muy bíblica, Jesús sabe de qué barro estamos hechos; y por eso, al final del evangelio de hoy, aparece ese comentario en labios de Jesús: "Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: “Está bueno el añejo""San Lucas 5,39.
Y mis hermanos, yo creo que aquí se retrata un aspecto muy real y muy común del corazón humano, podemos llamarlo inercia, podemos llamarlo resistencia al cambio, preferimos quedarnos con lo que ya conocemos. Existe por eso aquel refrán en nuestra lengua castellana: “Mejor malo conocido que bueno por conocer”.
El corazón humano se aferra a lo que ya ha probado, lo que ya es seguro, y desde esa seguridad en la cual nos encerramos, pues entra la desconfianza de todo lo signifique cambio, transformación.
Aquí hay que ser cuidadosos, porque resulta que hay cosas que efectivamente hay que conservarlas, hay tradiciones que son muy valiosas y que no podemos dejar perderlas, por ejemplo en la familia es importante que los papás transmitan a sus hijos no solamente unos ejemplos sino también unas ideas, unas convicciones que tienen que quedar muy firmes.
Los papás han de transmitir a los hijos la importancia de poner a Dios en el centro de la vida, la necesidad de tener una escala de valores adecuada a los mandamientos de Dios, de tal manera que cuando esos hijos crezcan no pongan en primer lugar el dinero, o en primer lugar el prestigio, o el placer, sino que sepan buscar la virtud, aunque haya que esforzarse, y sepan buscar el bien, así no tenga siempre el mejor sabor.
Ahí se ve que los papás tienen que transmitir unas convicciones, unas ideas, unos valores, incluso unas palabras. En la confesión a uno le sucede con alguna frecuencia que las personas se han apartado de Dios mucho tiempo y después vuelven, y muchas veces lo que les hace volver es el recuerdo: “Mi papá sí me decía...”, “verdad que mi mamá me decía...” , se van de la enseñanza, tal vez, se van de la casa paterna, le dan la espalda al papá o a la mamá pero como en la parábola del hijo prodigo, también estos otros hijos e hijas que vienen a confesarse, vienen atraídos por un recuerdo.
En la parábola del hijo prodigo, el muchacho, después de haber despilfarrado todo, después de haberlo gastado todo, después de haberlo consumido todo, aun le quedaba algo, lo que le quedaba era el recuerdo de la casa del papá, la figura del papá, la vida que había allá.
Entonces es importante que los papás, especialmente los papás, y también los educadores, y los predicadores, y los catequistas, y los misioneros, es importante que nosotros transmitamos de una manera profunda y convincente aquellas verdades, aquellos valores que tienen que permanecer.
Esto es especialmente necesario cuando estos valores se ponen en cuestión, así sucede con el valor de la vida por ejemplo, ya hay muchas personas que dudan y dicen: "Bueno, tal vez el aborto sí se podría", ya hay muchas personas que dudan y dicen: “Bueno, casarse, no casarse, eso no importa tanto, lo que importa es...”
Al hablar de esa manera están demostrando que no tienen una convicción firme, los papás en ese caso parece que han fracasado en transmitir una enseñanza clara, una tradición firme, porque hay cosas que no se pueden perder; el valor de la vida, el valor de la familia, el lugar de Dios en la sociedad y en el corazón humano, eso no se puede perder.
Esas son tradiciones sanas, y quienes son papás y quienes van a ser papás tienen que prestar atención a esas tradiciones, porque fracasar en la transmisión de esas tradiciones es fracasar en la educación de los hijos, y no hay cosa más triste que ver a un hombre envejecido y desengañado de los hijos, no hay cosa más triste que ver a una mamá envejecida, enferma y desengañada de los hijos. Una vez le decía una señora amiga a mi mamá, “pues como mamá parece que no lo hice bien: no pude casar a ninguno de mis hijos, ahí andan arrejuntados".
¡Es un fracaso! Pero para evitar ese fracaso ¿cuándo hay que preparase? Desde antes de casarse. Los hijos, los niños, las niñas que están hoy aquí en esta Basílica, y los niños o las niñas que estén escuchando esta predicación a través de Internet o a través del sistema Reina de Colombia, ahí donde estás, querido niño o querida niña, tienes que empezar a preparar tu hogar.
El hogar no se prepara cuando ya vienen aquí al altar a decir: “Sí, sí, me voy a casar”, ese no es el momento de empezar la prepararación del hogar, el hogar se prepara cuando estás soltero, cuando eres adolescente, cuando eres joven, cuando ni siquiera has conocido a tu novia, pero ya tienes convicciones claras: "Yo voy a hacer un hogar donde se respete el nombre de Dios", yo voy a hacer un hogar donde se respete el don de la vida, y la mujer con la que yo me case, cuando la encuentre, -así ha de hablar ese joven-, será una mujer que comparta esos valores que yo tengo".
Y lo mismo debe pensar la jovencita, mucho antes de conocer el novio, mucho antes de conocer al que será el esposo ya la muchacha, la jovencita, la niña, tiene que tener claro en su cabeza y en el corazón, qué clase de hombre quiere, qué clase de esposo quiere, qué clase de papá quiere, porque el asunto no es tener uno que baile bonito, uno que se eche una loción agradable, uno que tenga unos ojos matadores, eso no es suficiente, porque los ojos matadores no crían hijos, hay que conseguir uno que sepa lo que está haciendo, que es responsable, que es capaz de respetar a la mujer.
Pero la niña tiene que pensar estas cosas antes de conocer al novio, para que cuando aparezcan los candidatos y le den serenata de requintos, entonces la novia dice: “Bonita la serenata, pero el candidato no me sirve; porque yo ya tengo claridad de qué clase de hogar quiero y yo sé que ese señor es un vividor que ya ha estado no sé con cuántas mujeres y quiere una más para su lista. Gracias por la serenata, muy bueno todo, chao”. Esas son las tradiciones que hay que guardar y cuidar.
Pero Jesús nos está hablando de una situación diferente, Jesús nos dice que a veces uno se agarra a algunas tradiciones que no son genuinas, no son como lo que he venido diciendo en esta predicación, Jesús dice que a veces nos aferramos a las cosas antiguas solamente porque "así se ha hecho siempre; y como siempre se ha hecho así, siempre se tiene que seguir haciendo así".
Jesús nos invita, entonces, a ponerle un signo de interrogación a las tradiciones y a las costumbres que tenemos, porque algunas son valiosa, como por ejemplo la religión, el respeto, el amor, la solidaridad, donde esas tradiciones existen, son valiosas, hay que cuidarlas, hay que cultivarlas.
Pero hay otras tradiciones que no son valiosas sino que son fruto más bien de la comodidad, del egoísmo, de la venganza, del prejuicio o del vicio, esas otras tradiciones, que son tradiciones falsas pero que igualmente apresan el corazón humano, son el vino viejo al que ya nos hemos acostumbrado y como ya ese nos parece bueno entonces nos quedamos así.
Y Jesús dice: "No nos podemos quedar así, tenemos que tener la valentía de romper con las tradiciones que no son genuinas, las tradiciones que no traen vida sino que traen muerte".
¿Cómo qué clase de tradiciones? Bueno, muchos nos quejamos a veces de nuestros políticos, y existe un poco la tradición de que ser un político es ser un mentiroso, por supuesto que esto no es verdad en todos los casos, pero mucha gente siente eso, que entrar al mundo de la política es entrar al mundo de la hipocresía y al mundo de las mentiras.
Ante esa tradición de corrupción administrativa tenemos dos posibilidades: una posibilidad es la resignación cínica: “Ah, los políticos siempre son así, manada de ladrones, eso siempre han sido así, ya eso se queda así”. Eso es quedarse con el vino viejo, eso es ser un conformista, esa tradición de corrupción no es una tradición que le agrade a Dios.
¿Entonces qué nos pide Jesús en el caso de la corrupción administrativa, de la corrupción política allí donde se pueda encontrar? ¿Qué quiere Cristo de nosotros? Cristo quiere que nosotros seamos valientes, Cristo quiere que haya jóvenes valientes que digan: “Mi vocación es la política pero la política limpia”. Se necesita una gran cuota de heroísmo para tomar esa resolución.
Sabemos que algunos políticos han sido asesinados porque fueron caudillos de una mirada limpia y de planes generosos para los pobres, así que lo que Cristo nos está proponiendo a veces equivale a la santidad y al martirio; pero es que eso es lo propio de la vida cristiana.
Si yo entro a una empresa donde todo el mundo roba, yo puedo tomar dos posiciones, hay dos posturas posibles, una es decir: “ Pues como aquí todo el mundo roba, pues yo voy a robar también”; y la otra es decir: “Aunque el vino viejo sepa a bueno, yo rompo con esa tradición, porque no es genuina, porque no le gusta a Dios, rompo con eso”, y se acaba eso.
Ahora se está metiendo una tradición que es que el noviazgo da todos los derechos, es decir, da derecho a sexo, y eso se considera casi una norma, hay una cantidad de muchachos y sobre todo niñas que le dicen a uno en la confesión: “Padre, pero es que usted sabe cómo son los noviazgos ahora”, ya eso se les volvió una ley, con todas las consecuencias que trae, aparte de las enfermedades y los abortos, la degradación del amor humano y especialmente la degradación de la mujer.
Entonces necesitamos mujeres valientes que digan: Aunque se haya vuelto una tradición, que será una tradición oscura, perversa, maldita, aunque se haya vuelto una tradición, aunque se hya vuelto una ley o una costumbre eso de tener sexo antes del matrimonio, yo soy una revolucionaria, yo soy rebelde, -debe decir esa joven-, y no me pliego ante esa ley, mi cuerpo vale más, mi corazón vale más, mi amistad con Dios vale más"E eso es lo que nos está pidiendo Jesús.
Lo más cómodo es quedarse con el vino viejo y decir: “Bueno, ya que todos los noviazgos son así pues esperar a que mi novio también me haga la misma propuesta y será consentir con eso”; Jesús nos dice: "¡No!"
Y lo mismo tenemos que aplicarlo, por dar un último ejemplo, lo mismo tenemos que aplicarlo a la pobreza y a la injusticia social, mis hermanos, ¿no les parece que somos demasiado conformistas a veces con este tema de la pobreza? ¿No les parece que a veces decimos: “Pues sí", las estadísticas dicen que hay alrededor de mil millones de personas que se acuestan con hambre todos los días, algunas de esas personas, muchas de ellas viven también en nuestro país, viven también cerca de nosotros.
¿Y cuál es nuestra postura muchas veces? El conformismo: "Pues sí hay mucha hambre y debe ser muy terrible que muera tanta gente de hambre, sí, qué pesar", pero no hacemos más.
Jesús despierta nuestras conciencias en este día y nos dice: ”Tú no puedes pertenecer al ejército de los conformistas y al mismo tiempo ser discípulo mío, tú tienes que levantar una y otra y otra vez tu voz”. Pero uno dice: “¿pero yo qué puedo cambiar?”
Hace muchos años, una señora tan común, tan normal como muchas de las señoras que están hoy aquí, se horrorizó por el crimen del aborto, como debemos estar horrorizados todos, y esta señora que se llama Astrid de Bayer es su nombre, empezó a dejar que su corazón hablara, cuando se reunía con sus amigas no se dedicaba únicamente a hablar de las modas, la liposucción, el nuevo labial que salió, cómo lograr el bronceado perfecto, esta mujer tomó en serio el dolor del aborto y se dio cuenta que es un problema muy complicado.
Porque lpobre a mujer que aborta es el final de una cadena de infortunio y de injusticias y de falta de apoyo y de crueldad, no le echemos toda la culpa a esa mujer que aborta. Astrid de Bayer, quien vive todavía y es colombiana de nacimiento, cuando se reunía con sus amigas de alta o de baja sociedad hablaba mucho de estas inquietudes y de ahí surgió una fundación, esa fundación que es orgullo de Colombia, se llama “Fundación Derecho a Nacer”.
Y uno dice: "Vi mi horror ante el crimen del aborto, ¿qué puede cambiar en el mundo? Y yo te respondo con el ejemplo de Astrid de Bayer: si Astrid de Bayer no hubiera hecho nada hace treinta o cuarenta años que empezó la fundación "Derecho a nacer”, si ella no hubiera hecho nada, miles de niños hubieran muerto.
¿Sabes una cosa? Si trajéramos aquí a Astrid de Bayer, aquí junto al altar, podríamos llenar toda esta Basílica con los niños que iban a morir y que fueron salvados por la fundación Derecho a Nacer y por esta señora en particular, podíamos llenar esta Basílica, una voz valiente puede hacer una diferencia.
No nos podemos resignar, no podemos decir simplemente: “No, es que siempre ha sido así, es que ya uno sabe que eso es así, es que ya eso es así”. No, eso no es así, lo hemos hecho así y podemos empezar a hacerlo mejor.
Deja que Cristo grite en tu corazón su lamento de amor, deja que Cristo toque tu alma y piensa, tú, tú, qué puedes hacer. Astrid de Bayer hizo la fundación Derecho a Nacer, ¿tú que puedes hacer por los niños, por los ancianos, por los pobres, por los pecadores, por los desplazado? ¿Tú qué puedes hacer?
¿Tú qué puedes hacer por los jóvenes desorientados, por las niñas prostituidas, por el tráfico de personas? ¿Tú qué puedes hacer por los adictos? ¿tú qué puedes hacer? Pregúntate ante Cristo. "Yo qué puedo hacer, yo qué debo hacer, Jesús? Y Jesús te responderá y tu vida se llenará del vino nuevo.