I216003a
Fecha: 20110827
Título: El presente de nuestra vida depende de la esperanza que hayamos puesto en el encuentro con Cristo
Original en audio: [4 min. 02 seg.]
Cristo, llegando al final de su misión en esta tierra, podemos decir que está dando aquellas enseñanzas que Él considera más vitales para mantener nuestra esperanza donde debe estar.
Porque la esperanza es un capital absolutamente único, que sólo puede gastarse, que sólo puede invertirse en un lugar. Tú le apuestas tu futuro a algo, tú le pones tu confianza a algo, tú le estás apostando a algo.
Hay quien le apuesta a la seguridad económica, y cree que teniendo una seguridad económica lo tiene todo. Hay gente que cree que todo consiste en tener buenos amigos, buenas relaciones, buenos contactos. Otra gente cree, como lo dice también la Biblia, que sus labios los defienden, es decir, que a basa de astucia y de palabras y de mañas, puede lograr lo que sea.
Y todavía hay otras personas, que puede suceder especialmente en algunas mujeres, que creen que sus encantos personales, el encanto o la belleza de su cuerpo, les vana a abrir todas alas puertas.
La esperanza es un capital que se gasta, y por eso Cristo quiere que nosotros pongamos nuestra esperanza donde debe estar. ¿Y cómo puede uno saber en dónde tiene su esperanza? Quizás un largo análisis filosófico podría servir, pero ese no es el estilo de los Evangelios, ese no es el tipo de predicación de Cristo, Él nos da un recurso mucho más sencillo: ¿Estás esperando el retorno de Cristo? ¿Cristo está en tu futuro? ¿Esperas encontrarte con Cristo? Es un criterio supremamente sencillo.
El que espera encontrarse con Cristo, el que tiene como referencia a Cristo, entonces pone su esperanza de una forma; el que no espera encontrarse con Cristo, el que no quiere encontrarse con Cristo, arregla su vida de otra manera. Es así de sencillo. Si tú crees en el encuentro con Cristo, y si tú crees que es valiosa la vida del Señor, su palabra, su doctrina, su amor, su sangre, su cruz, eso, eso que tú esperas encontrarte en el futuro, ya hace distinto tu presente.
Porque el que espera encontrarse con esa verdad de Jesús, el que espera encontrarse con esa sangre, con esos ojos que lloraron nuestros pecados; el que espera encontrarse con esas manos que llevan huellas de tortura y de clavos, obra de otra manera. Esto es lo que nos cuenta la parábola de los talentos, la parábola de lo que hemos recibido de Dios, que se encuentra en el capítulo veinticinco de San Mateo.
Ahí está esa confrontación: ¿Esperas encontrarte con Cristo? ¿Lo esperas a Él? ¿Esperas al final de tu vida mirarle, abrazarle, recibir su mirada, recibir su amor? De lo que tú respondas depende demasiado, demasiado tu vida.