I215002a
Fecha: 20110826
Título: Jesus quiere que no dejemos que nuestro corazon se satisfaga con los bienes de esta tierra sino que su anhelo mas profundo sea El mismo
Original en audio: [4 min. 27 seg.]
Recordemos una vez más cómo se distribuyen los Evangelios para los días de Misa entre semana: se empieza con el evangelio según San Marcos, y se lee casi completo ese evangelio, menos la parte correspondiente a la Pasión, la cual se reserva para la Semana Santa, cuando la Semana Santa se hace basada en los textos de San Marcos.
Entonces se empieza por Marcos, y eso dura un cierto número de semanas. Después de que hemos recorrido a Marcos empezamos, sigo hablando de los días entre semana, empezamos con Mateo: se empieza con el capítulo quinto, que es donde empieza el Sermón de la Montaña, y vamos recorriendo el evangelio según San Mateo hasta llegar casi hasta la Pasión, porque también aquí el criterio va a ser que la Pasión se deja para la Semana Santa.
Entonces esos textos, que son los más propios de San Mateo, textos en los que hay una novedad o algo distinto que no trae Marcos, los hemos venido escuchando durante estas semanas, pero ya casi estamos por terminar esos textos de San Mateo, nos encontramos de hecho en el capítulo veinticinco ya de San Mateo.
Luego de que terminemos la parte de Mateo, que no coincide con Marcos y que es anterior a la Pasión, entonces vamos a hacer la misma operación con San Lucas, es decir, vamos a ir leyendo ordenadamente el evangelio según San Lucas, en las partes que son propias de Lucas y que no aparecen en Marcos o en Mateo.
Todo esto quiere decir que si un cristiano es diligente, es juicioso en asistir a la Santa Misa, entonces puede seguir esos tres evangelios y puede recorrer el ministerio de Jesucristo, su predicación, sus milagros, su poder; puede encontrarse, podríamos decir, como un acompañante de este Jesús en su peregrinación desde Galilea hasta Judea.
Es una gran bendición, y yo realmente le doy gracias al Señor por tantas personas que asisten a la Misa diariamente y que hacen ese ejercicio, que es un ejercicio educativo, pedagógico, en cierto sentido intelectual, pero sobre todo, un ejercicio del espíritu. Es nuestro corazón aprendiendo a contemplar a Jesucristo; es nuestro corazón enamorándose del Señor; es nuestro corazón aprendiendo también a desear ese Pan Vivo que luego, en cada Eucaristía, se nos da como alimento.
Bueno, ¿y cuál es el tono que tienen los evangelios, estos evangelios sinópticos: Marcos, Mateo, Lucas? Cuando vamos llegando al final de cada uno de ellos descubrimos que los tres tienen un mismo tono, ese tono podemos llamarlo hasta cierto punto apocalíptico; y la insistencia de Cristo es sobre todo a no dejarnos distraer, no dejarnos engullir por el mundo, no dejarnos engañar por los valores o las ficciones de la hora presente; estar atentos, estar despiertos a la Palabra de Dios, estar despiertos al paso del Espíritu, estar despiertos a la realidad del Reino, incluso si los reinos de esta tierra parece que tuvieran demasiado encanto para atraernos, para enamorarnos y para disponer después de nosotros.
Y en ese sentido, Cristo quiere que nosotros seamos como esas vírgenes prudentes que tienen siempre aceite en la lámpara, que están siempre dispuestas a salir a recibir a Cristo, que tiene siempre el alma en vela porque no se han dejado satisfacer con nada de esta tierra; su deseo más profundo, su amor más íntimo no ha cambiado, se llama Jesús.