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El día de ayer, hemos querido explicar un poco el contexto de tantas discusiones que Cristo tiene con los fariseos, y sobre todo, lo importante que es darnos cuenta que detrás de esas discusiones, no hay en realidad solamente un tema de teología, sino que hay un tema de batalla espiritual. Nos damos cuenta, si leemos el conjunto del Evangelio, que detrás de todos estos oponentes de Cristo, hay alguien que va moviendo los hilos, y ese alguien, ese ser oscuro, el demonio mismo, finalmente, tiene que mostrarse en el momento de la Cruz, y es ahí también donde es derrotado.
Teniendo eso en mente, podemos esperar que el encuentro entre Jesús y los fariseos, sea algo así, como el encuentro entre la luz y las tinieblas, y la palabra “tinieblas” es muy apropiada, porque la fama de santidad que era tan importante para los fariseos, en realidad era un ocultamiento, es decir, una fachada; y detrás de esa fachada, cosas oscuras, cosas repugnantes estaban sucediendo. Eso precisamente, es lo que va a realizar la luz de Cristo: una denuncia. La luz de Cristo, la luz de la Palabra de Cristo, está derribando esa fachada.
Tenemos que reconocer que las palabras del Señor son muy fuertes, son palabras vigorosas, podríamos decir, son verdaderos misiles. Cristo, al llamarlos “hipócritas”, al considerarlos como “raza de víboras” (cf. Mt 23, 27-33), al utilizar estas palabras en la denuncia pública que Él hace, está disparando fuertes misiles que intentan hacer caer esa fachada y que esa hipocresía termine.
No es solamente un ataque de palabras; no es solamente un asunto de quién es o quién no es famoso, o quién es o quién no es líder dentro del pueblo; no se trata solamente de eso, es algo más profundo: se trata de que aparezca la verdad, se trata de que salga a la luz. Que salga a la luz, ¿qué?: la llaga; que salga a la luz la podredumbre. Y esto es bueno decirlo para darnos cuenta que detrás de esa agresividad, detrás de ese vigor, lo que hay en el corazón de Cristo es pura ternura, es pura misericordia. Cristo está destapando como a la fuerza, esa llaga. ¿Para qué?, para que pueda ser curada, porque la llaga escondida no se sana, sino que se empeora. Entonces las palabras del Señor y la denuncia que está haciendo, es sonsacar de las tinieblas eso que está podrido, porque es la única manera de que algún día llegue a sanarse.
Así aprendemos dos cosas: primera, que Cristo no es un tonto que simplemente se dedica a decirle a la gente “sean buenos”, “pórtense bien”, “seamos buenas personas”, “ánimo que entre todos podemos”, ese mensaje se queda demasiado corto. Cuando uno de verdad conoce la podredumbre que puede tener el corazón humano, ese “buenismo” se queda corto, y es necesario que aparezca la verdad del corazón humano. Entonces, no confundamos la misericordia de Cristo, con una especie de comprensión, que termina siendo complicidad.
La misericordia no es simplemente que Cristo diga: ¡pues sí!, entiendo que eres un mediocre, quédate en tu mediocridad; entiendo que eres un adúltero, ¡qué cosa!, bueno, quédate en tu adulterio; veo que estás practicando tu homosexualidad, bueno, sigue practicándola; veo que te drogas, sigue drogándote. Y resulta que esos son los mensajes que nuestros gobiernos nos están enviando hoy: a ver, cómo se legaliza el consumo de drogas; a ver, cómo se sana la irresponsabilidad social y sexual con el aborto (por supuesto, eso no es ninguna sanación, es ironía); que los otros quieren casarse, son homosexuales, pues que se casen (esa es la falsa misericordia). La falsa misericordia es la que quiere dar a cada uno, lo que simplemente le gusta, que cada uno siga su apetito, y que todos sigan votando por el mismo partido (esa es la falsa misericordia).
La segunda cosa que aprendemos, es que la “verdadera misericordia” es la de Cristo; la verdadera misericordia es la del que destapa, la del que saca la podredumbre (así duela), pero después de curada la llaga, habrá verdadera salud.
La pregunta ahora es: ¿y estamos dispuestos para que Cristo destape también nuestras llagas, saque a la luz lo que necesita ser curado, y lleguemos a ser verdaderamente suyos?.