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El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo 22 de San Mateo, en esta época del año para las lecturas entre semana vamos siguiendo al evangelista Mateo, el orden general de los Evangelios en las lecturas entre semana son: al principio del año vamos con Marcos, después pasamos a San Mateo y finalmente san Lucas. Cuando leemos a Mateo no centramos especialmente en aquellos pasajes que no han aparecido antes en el Evangelio de Marcos y luego cuando llegamos a san Lucas, por supuesto vamos con aquellos textos que son propios de san Lucas. Por eso un buen católico que tenga ocasión y gusto de asistir a la Santa Misa entre semana, cada año hace una hermosa peregrinación guiado por los tres evangelistas, que le conduce más profundamente en el conocimiento de Jesús Nuestro Señor.
En este caso en el pasaje de hoy encontramos una de las muchas confrontaciones que Jesús tiene con sus adversarios, en este caso se trata de un breve diálogo entre uno de los expertos de la ley, que eran los escribas y Nuestro Señor Jesucristo; pero este escriba no está solo, él va con otros fariseos y se trata de una escena bien preparada por ellos para que Jesús no pueda responder o para que entre en contradicción, es decir algo para poder acusarle, con esto quiero decir que la pregunta no era bien intencionada, era una pregunta retorcida, tramposa, es una pregunta que en realidad es un lazo para ver si pueden atrapar a Jesús, esa no es una buena noticia; la buena noticia es la manera como Cristo asume esta pregunta y aunque venga con mal corazón y mala intención, Cristo nos da una perla preciosa, porque lo que hace Nuestro Señor es centrar nuestro corazón, nuestra mirada y atención en lo verdaderamente esencial.
Los escribas y los fariseos eran muy amigos en aquella época, los fariseos se hacían pasar por gente muy religiosa y piadosa que cumplía perfectamente la ley de Moisés, pero en aquella época no eran muchas las personas que sabían leer y escribir, de modo tal que los fariseos necesitaban de alguien que les contara y explicara bien qué era lo que decía la ley de Moisés, esa ley que se supone ellos iban a cumplir mejor que nadie, ese era precisamente el papel que cumplían los escribas, quienes pertenecían a esa especie de élite ilustrada, eran aquellos que sí sabían de la ley, eran quienes dedicaban su vida simplemente a conocer la ley, algunos de estos escribas empezando desde su adolescencia solo empezaban después a enseñar cuando cumplían los 40 años de edad, es decir un escriba había entregado fácilmente 20 o 25 años de su historia personal simplemente a conocer y profundizar en la ley; con el problema que no se quedaban en la ley de Moisés sino que la mayor parte de su tiempo era para conocer las interpretaciones: que esta escuela dice esto, que este autor dice estoy era eso sobre todo lo que ocupaba la mente, lo que servía de material de discusión y lo que se convertía en tipo de enseñanza de estos escribas; por eso Jesús les reprocha: “ustedes han cambiado el mandato de Dios por mandatos humanos”; porque ellos se quedaban en esas múltiples interpretaciones y a eso entregaban años y años de su vida, podemos decir que en ellos se cumplía el refrán: “los árboles no dejan ver el bosque”, en tanto detalle se perdían pero llega Cristo con su Palabra luminosa, como una espada de luz y les dice más allá de todo eso, de lo que se trata la fe y la religión es: “Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, y con toda tu mente...y amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22,37-39).