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Es apenas natural que en los momentos de dificultad el ser humano busque una salida, lo mismo que una persona que se siente encerrada, busca una puerta por donde escaparse. El punto está en que cuando nosotros buscamos esa salida probablemente mucho de nuestra vanidad, codicia, orgullo está cegando nuestros ojos, eso lo vemos por ejemplo, cuando se dan elecciones, muchas personas están descontentas con la situación de su ciudad o del país, y llega el tiempo de elecciones, supuestamente las elecciones un ejercicio democrático, saludable debería ser la oportunidad para encontrar soluciones, pero porque sucede una y otra vez que cuando hay elecciones la gente sigue eligiendo a los mismos, bueno porque la soberbia, la codicia el egoísmo entran ahí.
Aquellos que tienen esperanza de lograr algo con ese político, así sea un corrupto, dicen que le hacen campaña a ese político, pero es pensando en sí mismos, no es pensando en el bien de todos, ahí se nota bastante bien el problema que se está queriendo mencionar, por un lado queremos la solución pero por otro lado nosotros mismos bloqueamos la solución, queremos la solución porque nos sentimos mal y la frenamos porque entran en juego nuestra soberbia, resentimiento, codicia, egoísmo y cuando se está marcado por estos vicios entonces lo que iba a hacer posiblemente una buena solución, finalmente termina en nada. Algo parecido es lo que ya nos cuenta la biblia en el libro de los Jueces capítulo nueve.
En momentos de dificultad el pueblo pretende darse a sí mismo una solución y empiezan a elegir entre ellos y básicamente el mensaje que nos da este texto del libro de los Jueces es que cuando un pueblo en pecado pretende buscar un jefe o líder, tristemente no elige lo mejor porque el corazón de ellos igual que nuestro corazón está marcado por arrogancia, revancha, venganza, codicia, capricho, egoísmo y así no llegará la solución; por eso el primer llamado, etapa o requisito como se quiera llamar para que llegue realmente una solución es que el corazón se abra a Dios, porque es esa conversión la que hace que nosotros empecemos a pensar en términos de que es lo verdadero, lo conveniente, lo realmente bueno, así no satisfaga inmediatamente mis intereses, conveniencias para eso se necesita conversión, una solución una puerta que parecía solución si no hay verdadera conversión, solo será un engaño más y Dios no quiere eso para nosotros. La primera puerta que hay que abrir es la puerta que le da paso a la luz de Dios en nuestra vida.