I202002a

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Fecha: 20030819

Título: Aprender a ser sinceros con nosotros mismos y a reconocer nuestras verdaderas motivaciones

Original en audio: [31 min. 25 seg.]


Queridos Hermanos:

Esa pregunta que hace el Apóstol Pedro no parece muy espiritual, es una pregunta que tiene el aspecto de un negocio: "Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos va a tocar?" San Mateo 19,27.

Esa pregunta tiene aspecto de negocio, si yo me dedico a usted, ¿usted qué me va a dar? Más o menos fue eso lo que preguntó Pedro. Y parece que a Jesús no le repugnó la pregunta porque más bien le respondió dándole esperanza.

Le dijo, en primer lugar, que ellos, los apóstoles, iban a regir a las tribus de Israel; y en segundo lugar dijo que quien deje todas esas cosas por Jesucristo tendría cien veces más y la vida eterna.

Entonces tenemos que mira tres puntos. Primero: ¿Por qué Pedro hizo esta pregunta? Segundo: ¿Por qué Jesucristo le da esa respuesta? y Tercero: ¿que significa esta pregunta y esta respuesta para nosotros?

Vamos con el primer punto: ¿Por qué Pedro hace esta pregunta? Pedro hace esa pregunta en el fondo porque es sincero, en el fondo porque deja hablar a su corazón. Pedro no oculta sus motivaciones.

Cada uno de nosotros tiene intereses y tiene motivaciones. Y a mí me parece que le podemos aprender al Apóstol Pedro en esta pregunta. Porque cuando uno hace esta clase de preguntas uno se mantiene consciente sobre las intenciones que tiene en el corazón, y esto es muy bueno, hermanos.

Tener conciencia de qué es lo que tenemos en el corazón es lo mejor que nos puede suceder. Porque a veces nos creemos muy espirituales, pero es porque no le hemos preguntado al corazón qué es lo que realmente quiere.

Voy a poner un ejemplo. Vamos a suponer un grupo de oración. Los grupos de oración son lugares donde suceden cosas fantásticas, cosas maravillosas. Hay gente que se cura de enfermedades, hay vidas que cambian, suceden auténticos milagros.

¿Significa esto que las personas que están en los grupos de oración son personas que mantienen una motivación celestial, espiritual, plena y perfecta en absoluta comunión con el querer divino? No.

En los grupos de oración, también suceden problemas, y yo me he puesto a mirar por qué suceden problemas en los grupos de oración, o en las comunidades religiosas, o en los presbiterios de las diócesis. ¿Por que en ciertos lugares, donde se supone que deberíamos ser tan santos y tan espirituales, suceden problemas?

Los problemas suceden por tres causas. Primera, porque queremos poder; segunda, porque nos preocupa el dinero y las cosas, lo que tiene valor; y tercero, porque tenemos una sensibilidad, tenemos unos afectos.

El poder, la plata y los afectos son la fuente de las peleas en los grupos de oración, en los monasterios, en las comunidades, en los presbiterios, en los cenáculos, en los oratorios. Llámense como se llamen los grupos, llámense como se llamen las asociaciones, en todas partes nosotros, todos nosotros, tenemos esa clase de motivaciones.

Lo que pasa es que un no quiere ver que tiene esos intereses, entonces la persona que quiere más poder, que quisiera que la tuvieran más en cuenta, y que de pronto tiene su sensibilidad herida, nunca se da cuenta de eso que lleva adentro, no lo saca a luz.

Y como no se da cuenta de sus propias motivaciones, entonces empieza a pelear y empieza a discutir y empieza a dividir, y no se da cuenta que en el fondo la pelea es porque quiere que lo tomen en cuenta, porque quiere que le den más poder, porque quiere mandar.

¿No le parece que es una cosa mucho mas honrada lo que hace Pedro? ¿No les parece es mucho más interesaste y más honrado decirle a Dios: “ Señor, yo estoy en este grupo de oración, pero yo quisiera mandar m-as. Yo quisiera que me dieran más poder, yo quisiera que me tuvieran más en cuenta, yo quisiera poder utilizar más las cosas que son de todos y no que las utilicen unos poquitos"?

Esa clase de pensamientos no nos parece que sea muy espiritual. Pero es que nosotros mismos no somos tan espirituales tampoco, no nos digamos mentiras, es mucho más honesto hacer lo que hizo Pedro y preguntarle al Señor: “Señor, ¿si yo me entro a este grupo de oración qué me va a pasar aquí? Si uno fuera así de honesto, les aseguro que no surgiría un problema más en los grupos, les aseguro.

Es decir, ¿por qué hizo Pedro esta pregunta? Porque quiso ser honesto; y tú, ahí donde estás, seguramente tú también y tienes tus propias inquietudes. Seguramente tú te siente mal y dejaste ir al grupo. "-¿ Y por qué dejaste ir al grupo? -No sé, me siento como mal, no me hallo, yo antes era más fervoroso".

Por qué no eres sincero? "Dejé ir al grupo porque no siento que me tomen en cuenta; dejé de ir al grupo porque no siento que me quieran; dejé de ir al grupo porque siempre prefieren a otras personas; dejé de ir al grupo porque yo veo que consiguen cosas pero las utilizan unos poquitos". ¿No te parece que sería interesante llegar a esos niveles de sinceridad?

Eso es lo que nos propone el Apóstol Pedro con su actitud. Dejemos de decir mentiras. Un sacerdote de mi comunidad, que murió a temprana edad hace unos dos o tres años, tenía mucho sentido del humor, ustedes no vayan a pensar que esos problemas de los que estoy hablando son problemas de grupos de oración, son los problemas donde hay seres humano.

Alguien decía: “Donde hay seres humanos, hay humanidad”. Y donde hay humanidad aparecen todas estas cosas. Este sacerdote que les cuento decía, refiriéndose a las diferencias y peleas, a las tensiones que tenemos a veces entre religiosos: “¡Ay, eso no debería suceder! Los religiosos entre nosotros debiéramos ser como angelitos”.

Tal vez sí deberíamos ser así, pero la realidad es que somos como somos, y si no partimos de la realidad de lo que somos, jamas llegaremos a ser lo que Dios quiere que seamos.

Decía este Padre: “Oigan, ¿se han dado cuenta ustedes, que las peleas que nosotros tenemos nunca son peleas por: "Yo quiero evangelizar más y tu no me dejas"?, no, las peleas que nosotros tenemos son porque: "Yo quiero ser superior y no me dejan, o sea, quiero más poder; porque yo quiero utilizar el carro de la comunidad y únicamente lo utilizan unos poquitos".

Es decir, "yo quiero utilizar más cosas, quiero más dinero; porque yo quiero que me tomen en cuenta; yo, que los aplausos también sean para mi”. Esas son las peleas que tenemos!

Hermanos, esta pregunta que hace el Apóstol Pedro es para que nosotros aprendamos a ser sinceros. Sólo cuando uno aprende a ser sincero, sólo cuando uno le muestra ese juego a Dios y le dice: “Mira, realmente lo que yo quisiera es esto y esto”, entonces Dios también le habla a uno con la naturalidad con que le habló a Pedro.

¿Por qué no eres sincero ahí ante Dios y le dices lo que realmente quieres? No digas que tú entraste a un grupo de oración sólo para alabar y bendecir. No. Tú entraste a un grupo de oración por muchas otras cosas, ¿Por qué no las dices? No digo que las digas aquí en público, ¿Por qué no se las dices a Jesús? ¿Por qué no se las dices desde tu corazón?

¿Por qu éno dices la verdad? ¿Por qué no te dices: “Mira, yo entré al grupo de oración porque estaba aburrido, quería encontrar amigos”? Eso no es pecado. "Yo entré al grupo de oración porque yo quería mandar, pero como nadie me dejó mandar entonces prefiero formar otro grupo".

¿Por qué no dices la verdad? "Yo entré al grupo de oración porque yo creí que me iba a sentir feliz, pero todo el mundo estaba tan triste que me sentí aburrido, me salí por aburrido." ¿Por qué no te dices la verdad?

Por eso, fíjate que lo primero es como una cachetada que nos da el Espíritu Santo. Aprende a decirte la verdad: "-Ay, Señor, yo voy a servirte, voy a servirte, voy a amarte”. "-Que bueno que quieras amarme, qué bueno que quieras servirme, me parece maravilloso, que quieras amarme y que quieras servirme".

"Y para amarme y para servirme, déjame contarte que nadie va a tomarte en cuenta, tus ideas no van a servir para nada, nadie va a aplaudir lo que tú eres, vas a caerle mal a una cantidad de personas, y las cosas que va adquirir el grupo no las vas poder utilizar nunca. ¿Me quieres amar y servir? “-Ay no, Señor, está muy aburrido eso”.

Hermanos, hay que aprender a ser sinceros ante Dios. ´¿Cuáles son tus verdaderas motivaciones? Nadie se va de un grupo de oración porque ya no podía alabar a Dios. No. Nadie se va de un grupo de oración porque ya no podía rezar ahí. No.

Nos retiramos de los grupos porque no nos dieron el poder que queríamos, porque no nos dieron los bienes que queríamos, porque nos dieron el afecto que esperábamos. Por eso nos vamos.

Si uno aprende a ser sincero ante Dios, uno aprende a ser más humano y comprensivo con los demás, y aprende a ser mas humilde con el concepto que tiene de si mismo. Esa es la primera enseñanza del día de hoy.

Pasemos al segundo punto: ¿qué le responde Jesucristo? Jesucristo acoge con serenidad lo que dijo Pedro; no lo regañó, ¿Por qué no lo regañó? Porque Jesús ya sabe cómo somos nosotros, Jesús ya sabe que nosotros somos imperfectos, que podemos avanzar en la perfección, es posible; pero Jesús ya sabe que somos imperfectos, eso ya lo sabe Él.

Si tu le dices a Jesús: "Señor, yo quiero asistir a este grupo de oración porque yo quisiera que encontrar alguien que me escuchara mis cuitas, mis dolores y que recogiera mis lágrimas". Jesús seguramente diría: “-Te lo entiendo, te lo entiendo”'. Jesús ya sabe cómo somos nosotros. Jesús no se va a escandalizar que tu le digas una cosas así.

Pero, ¿que más hace Jesús? Además de acoger a Pedro, lo invita a la generosidad, y es lo mismo que hace con nosotros. Jesús nos invita a la generosidad: “El que deje padre, madre, hermanos, hermanas, casas por mi, recibirá cien veces mas” San Mateo 19,29-

Cristo sabe cómo eres tú; Cristo sabe cuáles son tus motivaciones; Cristo sabe cuáles son tus intereses y tus vacíos; Cristo sabe por qué te gusta o no te gusta ir a un grupo de oración, por qué te gusta o no te gusta estar en un convento. Cristo sabe quién eres tú y Cristo sabe qué es lo que tú quieres, y a Él no lo vas a engañar.

Pero conociéndote como te conoce, Jesucristo te invita a la generosidad, Jesucristo te invita a entregarte hasta el fondo. Y hay una cosa muy interesante en el texto que hemos oído. Mira como dice Jesús: “El que por mí deja casa, hermanos, hermanas, padre, madre" San Mateo 19,29 .

"El que por mí" San Mateo 19,29; la clave del texto de hoy está en esas dos palabritas: "El que por mí" San Mateo 19,29; el que por Jesús, por Jesús, ahí está la clave.

Aquí tenemos una serie de imágenes de santos. Por ejemplo, tengo cerquita una imagen de San Martín de Porres.

Cuando uno ve a los santos, cuando ve las imágenes de santos en las iglesias, se ven tan tranquilos, que parece que nunca hubieran tenido problemas. Mira tan tranquilo San Martín acogiendo a un niño pobre, consolándolo. Que lindo, ¿no? ¡Que vida tan bonita!

La vida de San Martín de Porres estuvo llena de humillaciones, llena de contradicciones, llena de desilusiones, y encima de eso, llena de dolores, porque él consideraba herida y dolor suyo, todo lo que sucediera en sus hermanos. ¿Qué es lo que nos enseña San Martín y qué es lo que nos enseñan los santos?

En el convento en que estaba San Martín de Porres, allá en al ciudad de Lima, había religiosos que lo trataban mal, que lo humillaban, que se burlaban de él, que lo despreciaban porque era ignorante, porque su origen era ilegal, el era lo que se llamaría un hijo ilegitimo, un hijo extramatrimonial, San Martín de Porres.

Y, además, tan morenito, morenito, que como siempre queda algo de racismo, pues: "¡Quién sabe qué se podrá esperar de ese negro!". Por pobre, por ilegitimo y por moreno, despreciado.

Pero cual es la clave de la santidad de Martín? Era que Martín de Porres, no se daba cuenta? Acaso el no veía que lo estaban humillando? Que se estaban burlando de el? Acaso el no se daba cuenta cuando sus expectativas no eran cumplidas? Cuando sus deseos no le importaban a nadie? Cuando sus derechos eran conculcados? El no se daba cuenta de eso?

Mira, San Martín no era ningún tonto. El se daba cuenta de todos los problemas, el se daba cuenta de toda la humanidad de todos los demás. Pero lo maravilloso y este es el segundo punto de muestra enseñanza, es que el no se enredaba en la humanidad, en los pecados, en los defectos de los demás.

A ti te pueden llevar a cualquier lugar del mundo. Vuela con tu imaginación. Imagínate que tu estas trabajando en las oficinas del Papa, en Roma, ene el Vaticano, estas trabajando en la curia Vaticana.

Tu crees que allá no hay envidias, que allá no hay egoísmos? Tu crees que allá no hay escándalos, que no hay impurezas? Tu crees que no hay vicios, no hay pecados, que no hay problemas, que no hay rencillas, que no hay resentimientos? Tu te imaginas que por los palacios del Vaticano únicamente se pasean la virtud, el Espíritu Santo y los ángeles?

Así te llevara yo al Vaticano, así te llevara yo a monasterio de las pías y humildes hermanas del Divino Rostro, o así te llevara yo a no se donde... En todas partes hay pecados, hay intereses, hay codicias, hay malas caras, hay gente que le cae mal a otra gente.

¿Que será que hay gente a la que uno le cae mal? Yo no sé, de pronto por el tono de voz. Alguien lo oye hablar a uno y dice: "¡Ese Padre me gusta porque habla con vigor!"; otro lo oye a uno y le dice: "¡Qué Padre tan gritón!". Uno no le gusta a todo el mundo.

Hermanos míos, en el tiempo donde vivió Martín de Porres, el veía todo eso. Ustedes creen que el no se daba cuenta cuando un religioso pasaba a su lado y lo miraba con desprecio, como diciendo y desde cuando recibimos negros en este convento? Ustedes creen que el no se daba cuenta cuando lo despreciaban o cuando lo humillaban por pobre, por ilegitimo, por ignorante o por negro?

Pero, ¿qué es lo maravilloso? ¿Cuál fue el secreto de San Martín de Porres? El secreto de San Martín de Porres está en estas dos palabras: "El que por mí"San Mateo 19,29, por Jesús. Esa es la clave de San Martín de Porres.

Él se daba cuenta de todos los pecados y de todos los problemas; él se daba cuenta: "Este religioso esta peleado con este otro; este quiere el puesto que quiere ese; ese está buscando la plata de no sé que".

Él se daba cuenta de todo, pero no se enredaba con esto, y esta es la segunda enseñanza: no te dejes enredar.

"Que es que yo entré al grupo de oración y al principio todo me parecía tan bonito y todos a alabábamos a Dios, pero después me di cuenta que había una servidora que no se entendía bien con otra servidora y se hacían mala cara, y entonces yo dije: "No, esto no puede ser, me voy de aquí"".

Me voy de aquí a dónde? ¿A dónde te vas a ir que no pasen esos problemas? ¿A dónde te vas a ir que no encuentres que el uno no se entiende con el otro, que el otro trata de quedarse con la plata de todos? Si pasó en los discípulos de Jesús, ¿es que no has leído que Judas, que era el que recogía la plata, trataba de mantener siempre un pedacito como para él solo?

En todas partes vas a encontrar pecado, en todas partes vas a encontrar defectos, en todas partes vas a encontrar problemas, humillaciones, desprecios, malos entendidos.

San Martín de Porres entró al convento, ¿para qué? Buscando la santidad, ¿y qué encontró? Que había religiosos muy bueno y que había una cantidad de religiosos malos. ¿Cuál fue el arte y el secreto de San Martín? 'No se dejó enredar.

No te dejes enredar por los pecados de tus hermanos o de tus hermanas, no te dejes enredar, tú mantén tu mirada fija: "Jesucristo, Jesucristo. Por Él lo hago todo". Yo no hago las cosas por el coordinador, por la coordinadora, por el líder, por el grupo, por el equipo, por la Renovación Carismática, por el Obispo; no, yo hago las cosas por Jesús, por Jesús".

Si un día me toca levantarme temprano para ayudar a arreglar unas sillas para un congreso, lo hago por Jesús; eso no es porque este, ni fulanito, ni fulanita, ni porque me miren, ni porque me aplaudan, ni porque me agradezcan, ni porque no me hagan muecas. Yo lo hago por Jesús, Por Jesús. Segundo consejo: todo por Jesús. no te dejes enredar.

Llegamos así a la tercera parte que ya casi está explicada. Bueno, ¿Y cómo se aplica esto a nuestra vida? Esta pregunta de Pedro y esta respuesta de Jesús, ¿cómo se aplican a nuestra vida?

Es que ya quedaron aplicadas prácticamente. No es sino repetir lo que hemos dicho. Primer consejo: sé sincero y reconoce cuáles son tus motivaciones. Mira, no vas a engañarme, a mi no me vas a engañar, y a Jesús muchisísisisisisimo menos.

Tú estás en el grupo de oración, ¿por que? Estás porque quieres bendecir a Dios, quieres que tu vida cambie, pero además, tienes una cantidad, tienes una cola larga de intereses y motivaciones: porque quieres tener amigos, porque te gusta la música, porque te gusta cambiar de ambiente, porque quieres que te oigan tus problemas, porque quieres mandar un poquito, porque tú tienes vocacion de líder y quieres que te tome en cuenta, ¿Por qué no te dices todas esas cosas con sinceridad? ¡Dile a tu corazón la verdad!

Aplica eso a tu corazón. Cuando uno se ha dicho esas verdades, ya no tiene miedo a que otra persona se las diga. Aprende a decirte la verdad, sé sincero, no esperes a que haya un problema para que otra persona te diga: “Usted lo que quiere es mandar más”, No. Si tú ya has sido sincero, tú reconocerás: "A mí me gusta mandar, a mí me gusta el poder".

Sé sincero, reconoce lo que estás viviendo. Esto te hará más humilde, te hará más humano, te hará más comprensivo y te hará más capaz de perdonar a los demás y a ti mismo.

Y el segundo consejo, ya también lo dijimos: los demás son como tu, son iguales a ti. La gran mayoría de las personas que tú conoces no son ni mucho mejores, ni mucho peores. También ellos tienen ganas de mandar, también a ellos seguramente les gusta figurar, también ellos quieren que sus problemas sean los más importantes, también ellos quieren que los oigan mejor, también ellos...

Hay una historia que me parece tan graciosa. Resulta que, ahora que veo aquí la imagen de mi amigo San Martín de Porres, somos de la misma Comunidad, yo tengo la alegría inmerecida de ser dominico como San Martín.

Resulta que una vez había una iglesia y una imagencita de San Martín, y dos señores, dos hombres, se acercaron a rezar. Y en medio de su angustia rezaban en voz alta. Y el uno le decía a San Martín de Porres: “Martincito, Martín, regálame dos mil pesitos, mándame dos mil pesitos para el almuerzo de hoy, San Martín mándame dos mil pesitos”'.

El otro hombre rezaba diciendo: “San Martín, ayúdame a conseguir dos millones para un negocio que tengo que hacer, ayúdame a conseguir dos millones, regálame dos millones”'. Y el uno decía: " Martín, regálame dos mil”, y el otro decía: "Martincito, regálame dos millones".

Y el otro seguía: "Martín, regálame dos mil", y hablaba más duro para que el Santo no se le distrajera, Y el otro le decía: "Martín, regálame dos millones”. “Regálame dos mil", “Regálame... …” . Hasta que el de los dos millones le dijo al otro: "Mire, coja sus dos mil pesos, y no me distraiga al santo".

Fíjate que cosa tan espiritual, ¿no? Pedirle, pedirle a un santo la intercesión, pedir a un santo la intercesión, pero aún en esas cosas sale toda nuestra humanidad. Somos seres humanos y nos encantan esas cosas.

Cuántas veces no ha pasado, por ejemplo, ayer. Yo no sé si estén las personas de la historia que voy a contar, si están aquí, por favor, no se sientan heridas. Pero es que esto toca contarlo, porque es que, además, es muy simpático.

Ayer estábamos confesando, bueno, atendiendo a la confesión. Había mucha gente en la fila. Cuando le llegó el turno a una cierta dama, entonces ya ella, antes de pasar a confesarse, a confesar sus pecados, a arrepentirse, convertirse, cambiar de vida, recibir el don del Espíritu Santo, ser poseída por el amor de Dios, para levantarse como un globito hacia el cielo, antes de ese momento sublime, mira lo que le dice a una pariente que tenía por ahí: "Venga, venga", es decir, ¡a que se colara en la fila!

Está en el momento en que se va a arrepentir de todos sus pecados y está pasado por delante de una fila de gente que lleva horas ahí y: "Venga, venga, métase usted en la fila, mientras yo voy y confieso”".

¿Qué quiere decir eso? Que en los momentos de máxima espiritualidad, también aparece nuestra humanidad.

Pero lo más chistoso, no es que esta quisiera colar a la pariente que llevaba ahí, amiga, cuñada, hermana, la que fuera. Lo más curioso, es que todos los que estaban haciendo la fila, ustedes los vieran, tenían un rostro de dolor por sus pecados, de arrepentimiento, pero cuando vieron que se les iba a colar alguien, empiezan a hacer cara de que: "¿Cómo se atreve usted?".

Y todos humildes y arrepentidos, y seguro que todos estaban rezando y diciéndole a Dios: "Señor, yo no merezco nada, yo no merezco nada, pero sobre todo no merezco que se me atraviese esta vieja aquí".

Hermanos, somos seres humanos, tenemos intereses y motivaciones, y aprender a ser sinceros y a reconocer eso es el primer paso para llegar a ser verdaderamente hombres y mujeres del Evangelio de Jesucristo.

Mientras no admitimos esas motivaciones, seguimos creyendo que somos muy espirituales y dando espectáculos como el de la cola de la confesión, o dando espectáculo como el de los dos señores rezándole a San Martín.

Somos seres humanos. Entonces, déjate de andar peleando en los grupos y deja de estarte enredando: "Que este peleó con este y este peleó o con otro". ¡Ay, no, qué escándalo! ¿Aquí cómo puede estar Dios? ¡Ay, me voy, me voy, me voy!" ¿Me voy para dónde? ¿En su casa qué? Se vive mejor el Evangelio, ¿o qué? Dejémonos de mentiras, dejémonos de engaños.

Aprendamos de la honestidad de San Pedro y aprendamos del ejemplo de los santos, en primer lugar, a ser honestos con lo que cada uno es; y en segundo lugar, a no dejarnos enredar por los pecados de los demás.

Cuando tú veas que una persona está llena de tantas cosas y de tanta humanidad, reconoce que tú también tienes de eso mismo. ¿O es que tú estás hecho de otro barro? Reconoce que tú tienes eso mismo, y con paciencia, con prudencia, con discreción, con caridad, intenta centrarte en Jesús y buscar lo que es mejor para todos.

Veras que tenemos mucha mayor paz y verás que el Señor bendice su obra con grandes y grandes conquistas y victorias espirituales.

Amén.