I202001a
Fecha: 19970819
Título: Aunque parezcamos pobres de muchas cosas, estamos ricos de otras
Original en audio: [6 min. 06 seg.]
Hay una discreta analogía entre la primera lectura, del ibro de los Jueces, y el evangelio según San Mateo. Más fácil de ver quizá en el evangelio.
Cuando escuchamos esta lectura, y Jesús dice que "difícilmente un rico entrará en el Reino de los Cielos" San Mateo 19,23, nosotros pensamos en los ricos que conocemos, en medio de la situación en que vivimos.
Como quien dice: "¿A qué persona le caerá este Evangelio?" Y con ese razonamiento, si la persona que escucha es más o menos acomodada, pues intenta pensar que no es rica.
Aquí en Colombia nadie es rico, todo el mundo está en una situación gravísima, todos. El que gana un salario mínimo y el que gana diez salarios mínimos, todos están en una situación estrechísima.
Es una situación, es un problema económico muy paradójico, porque aparentemente, el que gana menos, si ganara más, mejoraría; pero resulta que los que ganan más que el que ganan menos, de todas maneras también sienten que la situación está gravísima.
Todo el mundo se siente estrecho, nadie se siente rico, y por consiguiente este evangelio no le llega a nadie, "porque yo no soy rico; yo apenas estoy una cosa con otra, estoy ras con ras".
De manera que cuando uno piensa que este evangelio es para que uno busque en los demás quién es el rico y a quién le va a caer el evangelio, pues de ese modo, nunca la Palabra me cae a mí.
Algo parecido, digo, sucede con la primera lectura, cuando se piensa en Gedeón y los madianitas y la opresión de los madianitas. Uno oye esa palabra y uno piensa: "¿Cuál será el Gedeón de hoy?" Porque hay muchos madianitas, hay muchas y graves persecuciones para el pueblo de Dios.
Quién sabe quien será el Gedeón de hoy, y empieza uno a buscar en otras partes y en otras personas cuál es el Gedeón de hoy.
Parece que se puede hacer una lectura distinta, y parece que esa lectura distinta nos resulta más provechosa.
Suponga que uno cambia de perspectiva y que uno se aplica la lectura. Entonces, no nos preguntemos a cuál rico le caerá este evangelio, sino de qué riqueza soy yo rico, ¿cuál es mi riqueza? ¿En qué me siento yo rico? Porque en eso, seguramente hay un tropiezo y un obstáculo para que el Reino se realice en mi vida.
Esto es mucho más práctico, porque en vez de estar buscando si la riqueza empieza en cinco, en diez o en veinte salarios mínimos; en vez de estar pensando si la riqueza la tiene que declarara Impuestos Nacionales, o el número de tarjetas de crédito, o qué se yo, uno empieza a mirar dentro de su propio corazón.
Y uno empieza a ver, que aunque parezcamos pobres de muchas cosas, estamos ricos de otras, y en esas cosas en las que nos sentimos ricos y fuertes, tenemos graves resistencias al Reino de Dios.
Jesús no hablaba estas palabras, Jesús no predicaba esta palabras para que la gente hiciera un análisis sociológico, sino para que se hiciera un examen de conciencia, para que cada uno mirara.
Fíjate que tal vez mi interpretación no está del todo mal, porque Jesús dice: "Le es a un camello más fácil pasar por el ojo de una aguja que un rico entrar en el Reino de Dios" San Mateo 19,24.
Y este pequeño grupo de zarrapastrosos que estabas con Él, que eran sus discípulos, gente que no tenía ni con qué pagar impuestos, ni con qué comer muchas veces, se miraron y se dijeron espantados: "¿Quién puede salvarse?" San Mateo 19,25.
¿Qué prueba eso? Que los discípulos no pensaron en que ese texto era para otras personas, sino que se lo aplicaron a sí mismos, y descubrieron, ellos, que eran unos zarrapastrosos, que no tenían ni qué comer, que vivían de la limosna, descubrieron que ellos tenían su propias riquezas, y que precisamente esas pequeñas riquezas, diría uno pequeñas midiéndolas con el rasero de uno, que esas pequeñas riquezas ya eran un estorbo para entrar en el Reino de Dios.
Y lo mismo pasa con lo de Gedeón. Cuando uno empieza a buscar cuál será el Gedeón de hoy, no cae en la cuenta de que uno es el Gedeón de alguna situación.
Que hay algún lugar, así sea el último rincón, de la última tribu, de la última familia, hay algún lugar en donde Gedeón soy yo, y donde es mi palabra y mi fe, donde es mi corazón y mi testimonio, el que tiene que realizar la obra de Dios.
Mientras yo estoy esperando que aparezca el gran Gedeón que salvará a todo el país o que salvará el mundo entero, pierdo la ocasión de que mi pequeña familia, de que mi pequeña comunidad experimente la liberación de Dios.
La enseñanza entonces sería: vamos a aplicarnos estas palabras, porque aquellos que han aplicado esta palabra en su propia vida, han encontrado vida en esta palabra.
No se trata de que hurguemos las vidas ajenas, sino que escrutemos en nuestro corazón, hasta dónde llega este mensaje, y a qué misión nos está convocando Dios.